
El Quilmes Rock mostró el espíritu que lo anima
Variedad sonora, deportes y colorido en un gran festival
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Con la primera etapa cumplida, el festival más grande de la historia del rock vernáculo dejó ver su espíritu. Variedad sonora, independencia, sponsors en technicolor, música de aquí y de allá en permanente fusión, patio de comidas y deportes de alto riesgo, profesionalidad y desparpajo, un sonido general que defraudó la expectativa, bandas consagradas y de las otras, compromiso, tolerancia y mucho, pero mucho público joven que colmó las instalaciones del estadio de Ferro Carril Oeste.
Cerca de 80 mil personas pasearon y disfrutaron de más de 50 bandas durante los primeros tres días del Quilmes Rock (en total serán nueve jornadas y más de 160 artistas), en un predio con tres escenarios por los que pasaron Fito Páez, Luis Alberto Spinetta, Ariel Rot, los jamaiquinos The Wailers (el grupo que acompañó a Bob Marley), los mexicanos Molotov, León Gieco, Intoxicados, Las Pelotas, Mimi Maura y hasta el delirio cordobés de Los Caligaris. Hubo lugar para todo y para todos, con buena coordinación y recambio de músicos con un estricto respeto por el horario prefijado.
Tanto el sábado como anteayer el festival mostró dos tiempos. El primero, a pleno sol, con esencia parque Woodstock, en lo que suele funcionar como cancha auxiliar del club. Allí, el único campo habilitado hasta cerca de las 18, la gente va y viene de un escenario al otro (demasiado cercanos entre sí, lo que produce una inevitable superposición de sonidos), descansa en el pasto, arma y desarma grupos, deja pasar la tarde o simplemente se dedica a revolver las verdaderas ofertas de la disquería.
El segundo momento ocurre de noche, cuando la atención se concentra en el escenario principal y la postal ya es la habitual de un concierto de rock. Mientras tanto, los agotados que quieren escapar del gentío disfrutan de las experiencias musicales y de las otras en la cancha auxiliar que, cuando cae el sol y con las luces encendidas, logra reflejar una psicodélica visión de fiesta de pueblo, de kermesse.
Anteanoche, a la hora de la cena, los miles de jóvenes apostados alrededor del patio de comidas corrieron con sus hamburguesas y choripanes en mano apenas León Gieco se largó solo con los versos de "Cinco siglos igual". Nadie quiso perderse la oportunidad de volver a entonar esas canciones que ya son parte del repertorio rockero. De "Pensar en nada" a "Ojo con los Orozco", de la versión de "Guantanamera" a "Los salieris de Charly", de la emotiva "La memoria" a "El fantasma de Canterville".
Antes, en el mismo escenario, Molotov mostró una vez más que su rock al palo, antisistema, tiene fieles seguidores en el país, y Pity confirmó ese boca en boca que asegura que el show de su grupo Intoxicados (foto) es uno de los más contundentes, variados y divertidos de la actualidad.
Después de Gieco, el cierre estuvo a cargo de Las Pelotas, con Germán Daffunchio (con signos de interrogación pintados en su pelada, que recordaban épocas de Sumo) y Alejandro Sokol comandando al cada vez más abultado público que los sigue y que los recibió a pura pirotecnia y bandera en alto.
El grupo que llegó a su madurez mientras se instalaba en las sierras cordobesas aprovecha de la mejor forma el momento de popularidad: un recital ajustado, con un buen manejo de los climas (densos o festivos según la ocasión) y una recta final explosiva.
La jornada del sábado, dedicada casi íntegramente al reggae, bien podría definirse como un festival dentro de otro. Más de 30 mil fanáticos de la música jamaiquina concretaron, por ahora, la mayor concurrencia del festival, en una tarde ideal para disfrutar del jumping (con largas colas de jóvenes ansiosos por “volar”) y para escalar las paredes del sector deportivo.
Los colores de la bandera de Jamaica y la imagen de Bob Marley se impusieron en las remeras de la mayoría. Nonpalidece, Satélite Kingston, Riddim, Dancing Mood y Los Intocables calentaron el clima. Luego llegaron Los Cafres y la sorpresa de la noche: una reunión fuera de programa de Todos Tus Muertos y Los Auténticos Decadentes, con temas como “Gente que no”, “Mate” y “Tu alma mía”.
Para el final, Mimi Maura y los esperados The Wailers soportaron los peores problemas de sonido de una jornada difícil en ese rubro. La cantante puertorriqueña y su gente entregaron un set apagado y The Wailers dejó menos clásicos de Marley que los esperados. Pero la felicidad hacía rato que estaba instalada en la gente y en los músicos. Después de años de prédica, el reggae argentino había logrado tener “su” gran fiesta. El fin de semana próximo... continuará.
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