
El renacer de Lenny Kravitz
Dice que en su nuevo álbum intenta transmitir mensajes positivos a los oyentes
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NUEVA YORK (The New York Times).- "Baptism", el último álbum de Lenny Kravitz, comienza con una canción que es, de alguna manera, un guiño a sus seguidores: "I Don´t Want to Be a Star" ("No quiero ser una estrella"). Sin embargo, le guste o no, es una estrella.
El hijo del productor de televisión Sy Kravitz y la ya fallecida actriz Roxie Roker ha fabricado una carrera que ya lleva trece años, con varios álbumes de platino y muchos éxitos, así como cuatro premios Grammy consecutivos, de 1998 a 2001, como mejor cantante masculino de rock. Ha producido y compuesto para principiantes como Vanessa Carlton y Cree Summer, pero también para artistas reconocidos, entre los que se cuenta a Mick Jagger, Madonna y Lionel Richie.
Con semejante historial se podría entender y perdonar que fuera un tipo demasiado feliz. Sin embargo, recientemente Kravitz dijo que muchas de las canciones de "Baptism" tratan sobre una profunda crisis depresiva de la que salió, renacido, antes de hacer el álbum. "Pienso que tuvo que ver con un conjunto de cosas -dice ahora-. Con no aceptarme a mí mismo ni estar satisfecho acerca de varios aspectos de mi vida personal. Son cosas que me esclavizaban."
Kravitz nació hace 40 años en Nueva York, pero pasó parte de su infancia en California. Allí, fue compañero de colegio de Saul "Slash" Hudson, que sería guitarrista de Guns ´N´ Roses. Tiene una hija de 15 años de su casamiento con la actriz Lisa Bonet, que finalizó en 1991, y ha estado involucrado, recientemente, con la bella Nicole Kidman. La depresión le pegó fuerte particularmente en el verano de 2002, dice Kravitz, cuando estaba de gira con Pink para promocionar su álbum "Lenny", de 2001.
"Fue la gira más dura de mi vida -recuerda-. Luego de los shows me iba a dormir, todo el día, hasta el show de la noche siguiente. Bajaba las cortinas y me quedaba en esas pequeñas habitaciones de hotel, y para lo único que salía era para ir a tocar. Te podés imaginar que un año de eso me dejó pésimo. Fui a hacer terapia, a charlar sobre muchas cosas. Es increíble, cuando podés finalmente salir adelante te das cuenta de dónde habías estado y también de adónde querés ir. Es una sensación de liberación, de renacimiento."
"Baptism" se originó en realidad en un proyecto completamente diferente. A pesar -o tal vez a causa- de su depresión, Kravitz estaba trabajando en lo que llama "un disco intencionalmente muy funk, psicodélico y sucio. Un disco como de sótano", que pensaba terminar en algún momento. Pero a medida que su mente se iba aclarando y su espíritu mejoraba, supo que no era el tipo de música que necesitaba hacer. "Suspendí esa grabación y comencé con ésta -dice el músico-, con algo nuevo y fresco que de alguna manera refleje lo que estoy sintiendo ahora, lo que atravesé y lo que dejé salir."
A pesar de que el cantante y compositor dice que no trata de unificar los temas de los álbumes mientras los está haciendo, admite que "Baptism" intenta transmitir mensajes positivos a quienes lo escuchen. "Sólo puedo escribir lo que siento. Pasar por las cosas que tengo que pasar, sabiendo que la vida es preciosa y cada momento debe ser vivido en su plenitud."
El disco fue grabado en el estudio que tiene Kravitz en su casa de Miami y en unas instalaciones del Hotel Edison, de Nueva York, donde Duke Ellington y otros grandes del jazz acostumbraban grabar. La innovación más llamativa del álbum es "Storm", donde aparece como invitado el rapero Jay-Z.
"Nunca hice las cosas para tratar de encajar en un tiempo, en una tendencia o en lo que es popular -dice-; sólo hago lo que las canciones quieren y necesitan. Pensé que Jay-Z iba a aportar la onda correcta, el sentimiento justo, para ese tema, pero no podía estar seguro de lo que pasaría en verdad. En un momento, en el estudio, le expliqué que la canción era sobre Dios. El puso cara de sorpresa porque, me explicó, él pensaba que era acerca de una chica. Entonces, volvió a empezar con el tema. Lo escuchó unas cuantas veces seguidas, atentamente. Luego, entró en la cabina y lo grabó de una vez. Fue impresionante."
Kravitz también tuvo algunos encontronazos con Virgin Records antes de la salida de "Baptism". Los ejecutivos del sello le dijeron que no encontraban ningún tema en el álbum que pudiera ser un hit en la radio. "Yo les pregunté a qué se referían, les expliqué que el disco ya estaba hecho. Que era lo que era", cuenta.
Pero finalmente cedió un poco y compuso ese tema que le pedían. El resultado fue "Minister of Rock ?n´ Roll", una simpática fantasía rockera que no obstante refleja la angustia que sintió al estar casi forzado a hacerlo.
Irónicamente, aunque a Virgin le gustó la nueva canción, finalmente eligieron como primer simple el tema "Where Are We Runnin". "Ahí queda claro que todo este asunto es una estupidez -dice ahora-. Pero a mí me gusta y tengo ahora una canción más."
Como con sus anteriores álbumes, Kravitz hizo casi solo la mayoría de "Baptism", tocando todos los instrumentos salvo por ocasionales contribuciones, como la de su guitarrista de gira Craig Ross o los saxofonistas Henry Hirsch y David Sanborn. Se tomó con mucha tranquilidad el tema de la instrumentación, pero sí le prestó mucha atención al fluir de la música mientras grababa las partes individuales.
"Si no te lo dicen, no te darías cuenta de que toca una sola persona. Tengo bastante olfato sobre lo que va pasando; puedo escuchar el producto terminado en mi cabeza. Y el hecho de que yo haya tocado todos los instrumentos ayuda: si yo hago un solo de bajo, cuando me toque grabar la batería voy a estar atento en esa parte. Sé adónde van todos, porque yo soy todos -dice con una carcajada-. Me gusta hacerlo así."
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