
El showbiz tiene su ciudad
La Cidade do Rock ofreció alternativas para todos los gustos
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RIO DE JANEIRO.- Ese tipo que está detrás de mí en la fila de migraciones para dejar Río de Janeiro, para convertir en recuerdo su experiencia en el Rock in Rio 2011, tuvo una participación memorable el sábado a la noche. Ese tipo se llama Chris Martin y, al frente de Coldplay cerró la penúltima jornada de un festival que convocó a 100.000 personas como en cada una de sus noches, y que sumó dos participaciones a la lista de lo mejor del festival: la de la banda de ese hombre que va camino de convertirse en el nuevo Bono, y la de Maná.
Fher Olvera está cantando "Vivir sin aire" y el milagro se produce: un colchón de manos brasileñas se eleva para intentar tomar lo inasible, mientras sus gargantas siguen la letra a pura fonética. Los brasileños cantan, se emocionan con Maná, y los veteranos de Guadalajara responden con actitud rockera y algún que otro guiño bien festivalero, como invitar a subir a escena a un músico local, el guitarrista de Sepultura Andreas Kisser. Cuando Fher anuncia la llegada del invitado para sumarse a "Corazón espinado", más de uno se ilusiona con Santana. Pero el experimentado Kisser sabe cómo sortear la distancia entre uno y otro y cómo entregar unas líneas notables.
Algo pasa por nuestras cabezas mientras Maná hace lo suyo. Lo mismo sucederá más tarde con Maroon 5 y Coldplay. ¡Es gente que se lanza en tirolesa! La enorme Cidade do Rock tiene esta y otros cientos de atracciones que convierten los shows en un protagonista más de cada una de las extensas jornadas, que comienzan temprano por la tarde, con 35° de temperatura, y finalizan más allá de las 3 de la madrugada, con 18 grados, una bruma épica y cientos de miles de cuerpos extenuados por la maratón.
En este enorme predio de Barra de Tijuca, de 150.000 metros cuadrados, que en 2016 será la Villa Olímpica de los Juegos, hay tanta gente viendo a las bandas como disfrutando de otras maneras. Tomando algo en alguno de los tantos bares; paseando por una calle construida a semejanza de Nueva Orleáns, con músicos que tocan jazz y blues y convierten al público en extras de una película norteamericana o, simplemente, haciendo un círculo en el campo y bailando entre ellos, disponiendo una pequeña fiesta dentro de la gran fiesta. Hay una montaña rusa, cientos de variantes gastronómicas, mucho merchandising oficial y horas de cola para volar en tirolesa sobre la cabeza de quienes siguen de cerca lo que pasa en el enorme escenario principal.
El sonido impacta, demuele y, lo que es fundamental en este tipo de conciertos masivos y al aire libre, integra. Todos están "adentro". Los de bien adelante y los de 100 metros atrás. Tras la performance consagratoria de Maná y el show "hitero" de Maroon 5, Coldplay sale a escena con la misma postura de los mexicanos: ganar por K.O. La intro "Mylo Xyloto" que le da título al disco que saldrá a fines de octubre y el track 2, "Hurts Like Heaven", marcaron el inicio de un set que tendría otras novedades, como los singles "Every Teardrop is a Waterfall", "Paradise", más otra que va camino de convertirse en hit, "Charlie Brown". Pero también habría muchos clásicos para que todos cantaran a coro: "Yellow", "In my Place", "Viva la vida", "Clocks"... El cuarteto inglés cerró de manera notable una noche pop que se presumía calma y que, en cambio, ofreció una faceta más rockera y más impactante. Los fuegos artificiales del final serían una buena metáfora para describir tantas horas de música a õ vivo.
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