Elton John, una vida de película: hits, descenso a los infiernos y una enorme transformación

El estreno de la biopic Rocketman es una buena excusa para repasar la vida y la obra de uno de los músicos pop más trascendentes de la segunda mitad del siglo XX
El estreno de la biopic Rocketman es una buena excusa para repasar la vida y la obra de uno de los músicos pop más trascendentes de la segunda mitad del siglo XX Fuente: Archivo
Fernando García
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30 de mayo de 2019  • 17:28

"Adiós Norma Jean, para el hombre joven de la fila 22, quién te vio como algo más que un símbolo sexual, más que solo Marilyn Monroe". Eso había escrito Bernie Taupin (1950) para que Elton John (1947) se sentase al piano y le sacara a su voz la forma de la trémula balada "Candle in the Wind", incluída en el disco doble Goodbye Yellow Brick Road (1973). Veinticuatro años más tarde, Gran Bretaña les pedía a Taupin y Elton una reescritura para la historia: "Adiós rosa de Inglaterra, ojalá crezcas siempre en nuestros corazones. Fuiste la gracia que se colocó donde las vidas estaban destrozadas, hablaste con fuerza a nuestro país y le susurraste a aquellos que tenían dolor. Ahora perteneces al cielo, y las estrellas deletrean tu nombre".

"Candle in the Wind" había pasado de ser una memoria cinéfila a dulcificar el funeral de la Princesa Diana con treinta millones de copias vendidas en todo el mundo. A través de la voz familiar de Elton, la desvanecida realeza británica conseguía recuperar su influencia aunque más no fuera globalizando las lágrimas. Todavía no lo habían nombrado Sir (Caballero de la Orden del Imperio Británico) pero con esa intervención se había convertido en algo así como el bardo real, el pianista cantor de la corona. Y "Candle in the Wind", de Norma Jean a Diana Spencer resume la parábola de Elton, de teen encandilado con la cultura plebeya norteamericana al más excéntrico de los cortesanos del Palacio de Buckingham.

Rocketman, la biopic de Elton John, se estrenó este jueves en la Argentina

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Pero en el medio, claro, los años salvajes que la biopic Rocketman (con dirección de Dexter Fletcher y Taron Egerton poniéndose en la piel y voz de Elton) vende ahora como un commoditie cultural . Siguiendo la senda marcada por "Bohemian Rapsody", la desmesura del pop de los 70 (entre la diáspora de la nación de Woodstock y la distopía punk) cotiza alto como entretenimiento compitiendo con la segunda era dorada de las series y las encarnaciones de los superhéroes del cómic. Y Elton parece hecho a medida de este zeitgeist. Su cuento es uno de cocaína, sexo y lentejuelas; fiestas eternas y trajes ampulosos; zapatos de plataforma y la colección de anteojos más fantasiosa y ridícula que se haya visto. La óptica como taller de orfebrería rococó.

Y al mismo tiempo, está Sir Elton desnudo con un piano. Nacido clásico con "Your Song" (1970), el primer hit de su larga dupla con el letrista Bernie Taupin, cuya madurez no deja de asombrar casi cincuenta años después. Toda su potencia como melodista ya estaba ahí, contenida en ese estribillo que apenas despega de las estrofas cantadas con cuidada concentración: "Espero que no te importe, espero que no te importe si la pongo en palabras. Qué maravillosa es la vida mientras tú estás en el mundo". "Your Song" es la balada madre de Elton John y está en su segundo álbum (el primero Empty Sky pasó desapercibido) cuya tapa, como la canción, prometía intimismo: un Elton circunspecto y de gafas en claroscuro, muy parecido al Piero de esos mismos años.

El tráiler de Rocketman lo muestra tocando "Your Song" en la intimidad de su casa como Reginald Kenneth Dwight (ese nombre que nunca jamás nadie recordaría) y sin parafernalia, pero cuando la tiene que tocar frente a las cámaras en el histórico programa de TV británico Top of the Pops ya se le distingue un saco cuyas lentejuelas titilan como libélulas de oro sobrevolando el piano vertical. Elton empezaba a construir el personaje para una nueva década (necesario para una película como Rocketman) que a través del glam reconciliaba al rock con el show bussiness. Su música era puro clasicismo pero la imagen habilitó una cruza entre los pianistas incendiarios de la era dorada del rock and roll (Little Richard, Jerry Lee Lewis) y un divo de la sala de conciertos como Liberace. "Yo no era un símbolo sexual como Bowie, Marc Bolan o Freddie Mercury, así que decidí vestirme con mucho humor porque si en un show tenía que estar sentado al piano dos horas había que encontrar la forma de que la gente me mirase", supo explicar su metamorfosis.

Pero Regginald, el hijo mayor de un piloto de la Royal Air Force crecido en Pinner, Middlesex, era el que seguía ahí cuando las luces se apagaban y los trajes de brillantina marchaban a la lavandería. Elton John y su piano mágico podían mantener la atención de un estadio entero pero fuera del escenario tenía serios problemas para relacionarse, se parecía más al retrato de la tapa de su consagratorio segundo disco que al extrovertido personaje que había creado. Recurrió a las drogas para cruzar ese abismo persona-personaje y terminó por convertirse en un adicto que recién pudo recuperarse en 1990.

En 2015, Elton subió a Instagram la fotografía de una torta con el número 25, sus bodas de plata con el detox. "Así de desolado era el asunto: me despertaba, fumaba... luego me tomaba una botella de whisky y me la pasaba despierto tres días. Después dormía un día y medio y como no había comido me despertaba hambriento y comía tres sándwiches de panceta y un pote de helado. Luego vomitaba, porque me volví bulímico. Y esto se repetía una y otra vez", le confesó a Piers Morgan en la televisión inglesa, en 2010.

Su leyenda como party-animal creció paralela a su increíble performance en los charts: cincuenta sencillos top 40, siete albums número uno consecutivos y 31 años con al menos un tema en el hot 100 de Billboard. Score: 300 millones de discos vendidos en todo el mundo. Bestia pop.

Elton John junto a Lady Di: la muerte de su amiga provocó una reescritura de su clásico "Candle in the Wind", originalmente dedicada a Marilyn Monroe
Elton John junto a Lady Di: la muerte de su amiga provocó una reescritura de su clásico "Candle in the Wind", originalmente dedicada a Marilyn Monroe Fuente: Archivo

El catálogo de melodías de Elton John solo podría compararse al songbook de Paul McCartney y volver sobre su música en modo soundtrack en 2019 asegura una sinergia de la boletería al streaming. Sus canciones (de "Your song" a "I’m Still Standing" o "Nikita") establecieron el canon de la FM y han estado tan presentes desde los primeros 70 que a veces se confunden con la atmósfera. Muy pocos citan a Elton como una influencia (alcanzaría con señalar su marca en los fundamentales Pet Shop Boys y nuestro Charly García) pero cuántos pudieron arrebatarle al piano un diamante como "Goodbye Yellow Brickroad", cuyo extasis otoñal compite con "Penny Lane" por ser el sonido perfecto de la nostalgia anglo. El álbum homónimo que la incluye sigue siendo el más vendido de su carrera y definió el estilo de Elton: una versión brit del Great American Songbook hecha de baladas y relecturas pop del rock&roll de los 50.

Elton fue uno de los posters de la moda bisexual de los 70 junto con Bowie y Rod Stewart, pero a diferencia de ellos que lo usaron como estrategia promocional, Elton John terminó revelando que era un hombre gay a fines de los 80. Desde 1993 está en pareja con el cineasta canadiense David Furnish, con quien se casó en diciembre de 2014 una vez que la ley británica permitió el matrimonio entre personas del mismo sexo. A través de la subrogación, Elton y Furnish son padres de dos hijos: Zachary y David.

Su enorme fortuna (hasta el año pasado mantuvo "The Million Dollar Piano", una residencia en Las Vegas) lo volvió filántropo y coleccionista de arte. Dirige desde 1992 la Elton John AIDS Foundation con la que ha obtenido unos 225 millones de dólares para asistir a programas que investigan y combaten el HIV en todo el mundo. Por otro lado, es uno de los mayores coleccionistas de fotografía modernista. En 2017, la Tate Modern consagró su colección con "The Radical Eye", una muestra donde se veía la mejor fotografía artística de la primera mitad del siglo XX: de Man Ray y la Bauhaus a Irving Penn y los grandes retratistas norteamericanos. Quienes recorrieron la muestra también podían ver a Elton en un video donde en equipo de gimnasia explicaba el origen de su colección en una de sus casas, en Atlanta.

No fue casual que en esos mismos días se viera en Londres una gran retrospectiva del pintor David Hockney. Sus paisajes y retratos creados bajo la influencia de la llegada de la cultura de masas a Inglaterra tienen una cualidad muy parecida a las canciones de Elton. Parecen ligeras e ingenuas, así como se dice de la música del pianista que es soft. Esconden, sin embargo, una enorme transformación. La de una cultura pop que fue capaz de intercambiar los roles entre una bella actriz desdichada y una princesa del Reino Unido. De eso está cantando Elton (casi) siempre.

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