Gregory Porter: el crooner del siglo XXI extiende su horizonte con un nuevo álbum, All Rise
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Días antes de su primera (y hasta ahora única) visita a la Argentina, en octubre de 2017, el cantante Gregory Porter respondía a LA NACION una pregunta acerca del momento en que entró en el mainstream de la industria de la música. Lo llamativo, para los usos y costumbres actuales, era que no había sido en el comienzo de su juventud. Quizá él habría preferido que la fama obtenida a partir de los 38 hubiera comenzado cuando tenía 20: "Alguna parte de mi dice que sí. Pero luego me doy cuenta de que mi camino probablemente ha sido el correcto. Tenía que crecer, aprender de las lecciones que te da la vida. Subir y bajar emocionalmente y darle forma a mi música. Todo tiene su lugar. La música tiene momento y lugar. Y creo que las cosas que me pasaron le dieron forma también a lo que hago. En ese sentido, que me hayan descubierto a los 38 ha sido algo positivo", decía.
Con cada disco que estrena Gregory Porter da cuenta de que, efectivamente, la música tiene un momento y un lugar, pero "puertas adentro" de su vida artística. Porque puesta en el marco de la escena musical, suena clásica, absolutamente internacional y de esta época o de muchas otras. Porter es un cantante clásico de música popular, que asume su rol de crooner de este siglo, de una manera más o menos deliberada, pero que revalida su vigencia como músico de catálogo, más que de modas.
Tiene una voz cordial bien timbrada y con escasas ornamentaciones que perturben el mensaje o las características más esenciales de un estilo musical. Tiene la facilidad para jugar con la voz pero en el punto justo. Nunca alardea. Tienen canciones propias y un nuevo disco: lo llamó All Rise y se estrena este viernes.

All Rise viene con 15 canciones que estiran un poco los márgenes de los discos anteriores (Liquid Spirit, Take Me to The Alley, Nay King Cole & Me, entre otros). Quizá, el estilo hasta ahora conocido de Porter se pueda sintetizar en temas de este disco como "Everything You Touch is Gold", con un mensaje positivo, espiritual pero no religioso, y en el formato de una balada con una sonoridad soft, a veces un poco edulcorada. Sin embargo, sin salir de su estilo, que es absolutamente clásico, Porter ha empujado en All Rise su horizonte interpretativo, con algunas sutilezas y con cambios de paso o de ritmo, entre esas baladas que son su carta de presentación y los temas que remiten al soul y al R&B de los sesenta y los setenta, al gospel o al sonido Motown o, incluso, al jazz rock más expansivo ("Real Truth" puede ser uno de esos ejemplos). En esto también tiene que ver el hecho de tocar con grupos pequeños, agregar secciones de viento, coro y el acompañamiento de una formación sinfónica.
También marca cierta diferencia con las letras, con lo que puede contar en "Mr Holland", con lo que puede imaginar de "Dad Gone Thing" todo aquel que investigue un poco sobre su vida, con los versos de "Concorde", tema que eligió para abrir el álbum, o con "Revival", primer anticipo de esta producción. Como autor y compositor no es explícito aunque se conecta con la realidad social de su país.
Si bien al promediar el disco el repertorio tiende a homogeneizarse, hay algo mucho más visceral en el conjunto (letras, interpretación, cambios de estilo, modo de explotar los recursos de su garganta) que está muy bien representado en el comienzo del disco y en el final. Es eso que marca la diferencia con algunas de sus producciones anteriores. También, en ese sentido, habrá que darle crédito al productor de All Rise, Troy Miller.
"Se podría decir que me volví grande", dice Porter en el comunicado que su companía discográfica difunde por el lanzamiento de álbum. Se refiere a las alternativas que encontró para este registro. Banda, coro, gran orquesta. "Pero, francamente –agrega-, la forma en que escribo en mi cabeza, todo sucede solo con la voz y el piano primero, y se acumula a partir de ahí. Se siente bien volver a los ritmos y los estilos y los sentimientos y la forma en que me gusta poner mi propia música de principio a fin".
Y es probable que en todo lo referido a su vida laboral también haya una comparación posible con ese comentario en torno la voz y el piano. Gregory Porter se ha convertido en una figura que no responde a recetas del pop actual y que, a pesar de eso, ganó gran popularidad dentro y fuera de los Estados Unidos. Puede conducir un programa de televisión o participar como invitado especial de la NASA. Recientemente cantó "America The Beautiful" para el lanzamiento del vehículo explorador Mars Perseverance desde la costa de Estados Unidos hasta el cráter Jezero en Marte. Pero, en el fondo y desde el principio (aunque ya tiene 48 noviembres) es ese muchacho de California que canta. Y que lo hace estupendamente bien.
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