
Antes de venir a Argentina, el artista inglés habla de su amistad con el fundador de Beastie Boys y su influencia en ‘On My One’
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A Jake Bugg le pasaron muchas cosas en poco tiempo. Nacido en 1994 en un suburbio al sur de Nottingham, Inglaterra, descubrió su interés por la música recién a los 12, después de escuchar una canción de Don McLean en un capítulo de Los Simpson. De a poco, empezó a configurar un gusto propio en el que Bob Dylan, Johnny Cash, Oasis y Metallica se tuteaban sin pedir demasiadas explicaciones y comenzó a escribir canciones por su cuenta, hasta que su paso por el festival Glastonbury en un escenario de nuevos talentos le valió su primer contrato discográfico antes de alcanzar la mayoría de edad, en 2011. Lejos de intimidarlo, la experiencia lo llenó de convicción: “Eso fue cuando tenía 17, y cuando tenés esa edad estás lleno de ambición y estás dispuesto a aprender todo lo que puedas, al menos esa fue mi actitud”, explica antes de su tercera visita a Buenos Aires este jueves 16 en Vorterix.
El mismo año que cumplió los 18, Bugg publicó su debut homónimo, que fue recibido con unanimidad por la prensa y el público. Con un rock dominado por guitarras acústicas y pulso febril y con una verba filosa y acelerada, Jake retrató en el disco su propia vida de pibe de los barrios bajos, en donde se mezclan historias de tomar pastillas a escondidas, beber hasta perder el conocimiento o ir a fiestas que terminaban a cuchillazo limpio. De repente, Bugg pasó de ser un chico con un futuro cortoplacista para convertirse en el protegido de Noel Gallagher y Johnny Marr, que no tardaron en llevárselo de gira y colaborar con él en vivo. “El solo hecho de estar cerca de esos dos tipos fue una experiencia increíble y aprendí un montón. Igual, es loco que la gente que te llevó a decidir vivir de esto te diga que le gusta lo que hacés”, dice.
Sin tiempo que perder, Bugg grabó su segundo álbum, Shangri La, en 2013 y bajo la tutela de Rick Rubin. El resultado final fue una versión con esteroides de la propuesta de su primer disco, y lo tuvo en situación de gira constante, que devino en dos visitas a Buenos Aires en el mismo año, primero como parte del Lollapalooza, y la segunda por su cuenta en La Rural. Ahora, Bugg volverá a la Argentina con On My One, su tercer disco, y el título (una deformación de la frase “On my own”, “por mi cuenta”) no es fortuito: por primera vez hizo un álbum sin contar con ayuda externa, haciéndose cargo de la composición y la producción. “Empecé a grabar a medida que escribía, le fui mostrando a mi sello algunas cosas que iba creando y así quedó”, cuenta sobre un proceso en el que tuvo que pelear para convencer a su discográfica, que demostraba más interés en los demos del álbum que en lo que Bugg desarrollaba en el estudio.
Es que aun cuando conserva algunos yeites de sus primeros dos trabajos, On My One desorientó a varios de sus seguidores al incluir elementos de música electrónica y algunos guiños a la cultura hip hop, fruto de otro nuevo amigo que Bugg conoció mientras preparaba el álbum: Mike D, de Beastie Boys. “Mike es un copado, lo admiro mucho y nos divertimos bastante. Lamentablemente, nada de lo que hicimos juntos llegó al disco, y es bastante mi culpa por no tener las canciones terminadas, pero fue una gran experiencia y él fue una pieza clave en la creación del disco, así que le estoy muy agradecido”, cuenta sobre lo que para varios fue y sigue siendo una alianza impensada. Aunque el álbum no tuvo la misma acogida que sus otros discos, llegó al cuarto puesto de los charts en el Reino Unido, Bugg asegura que no le presta atención a esas cosas. “Alcanzar un disco de oro ya no es un mérito. Si te fijás, con las cifras que se manejan ahora, ya no tenés que vender demasiado para alcanzar eso. Todo el mundo termina teniendo el suyo”, acota.
El show que dará la semana que viene en Vorterix le servirá a Bugg para despuntar su segunda pasión en suelo porteño: el fútbol. Hincha confeso del Notts County, aprovecha el tiempo muerto en las giras para despuntar el vicio, y en su primera visita a Buenos Aires se enfrentó a un seleccionado de periodistas de ESPN liderado por Miguel Simón. “Jugamos Inglaterra contra Argentina, y perdimos, como siempre”, reconoce entre risas. Y agrega, antes de pedir revancha: “No hay rencores ni humildad en esto, fue un gran partido. Los fans allá son muy entusiastas y les gusta tanto el fútbol tanto como a mí, así que todo bien”.
Joaquín Vismara





