
José Cura: la batuta que canta
Debutó como director de ópera, aunque sigue triunfando como tenor
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HAMBURGO.- "Un nuevo Mario del Mónaco" anunciaban los especialistas cuando con su recital-debut se oyó por primera vez el nombre del tenor José Cura. "La encarnación de Otello y la de Sansón", agregaron a medida que el argentino iba poniéndose en la piel y los dramas de estos grandes personajes. "No canta el Mario Cavaradossi de "Tosca", Cura es Mario Cavaradossi". Hoy, el exitoso tenor es uno de los grandes divos del momento y de eso a nadie le cabe ninguna duda. Sus apariciones son recomendadas con un must para los amantes de la ópera (por ejemplo en la Arena di Verona, para su próximo debut en el rol de "Calaf", en "Turandot", de Puccini, por cuya famosa aria "Nessun dorma" ya ha sido extensamente aclamado), su nombre es un infaltable en las columnas musicales de los diarios importantes y su rostro, un sello promocionado como la más acabada expresión del latin lover en la lírica, pinta portadas y páginas enteras de revistas del género y programaciones de las más prestigiosas casas de ópera.
Sin embargo, y mientras los rankings más selectos coinciden en ubicar al rosarino entre ese puñado de los tenores más requeridos de la escena internacional y entre las más privilegiadas voces jóvenes, aquellas que sin discusión se cuentan con los dedos de una mano (junto al cordobés Marcelo Alvarez y Roberto Alagna entre otros), el inquieto José Cura no se conforma con la mera etiqueta de una voz esplendorosa y una imponente presencia escénica, sino que constantemente persigue dar nuevas formas y muestras de su polifacético talento y de un espíritu que, por naturaleza, lo inclina hacia cada vez mayores desafíos. Por momentos hasta incluso bordeando el peligro de la sobrevaloración, como le han apuntado algunos críticos, el temperamento de Cura parece haber sido forjado para recrearse enfrentando riesgos.
Así, luego de haber sido nombrado principal director invitado de la orquesta polaca Sinfonía Varsovia y haber grabado sus dos últimos discos (arias seleccionadas bajo el título de "Aurora" y la 2a. sinfonía de Rachmaninoff), cantando y dirigiendo a esta agrupación, como en su anterior registro "Verismo", editado por Erato; luego de llevar su anticonvencional espectáculo solista por todo el mundo y de haber fundado su propio sello discográfico, el tenor argentino se planteó otra meta: un doble rol, debutando como director de ópera en "Cavalleria rusticana" e interpretando, en la misma noche, "Canio" en "I Pagliacci", una inseparable dupla verista muy cara a su carrera.
El anunciado debut tuvo lugar en la Staatsoper de Hamburgo, en febrero último y tendrá otra función el 25 de este mes, con la tradicional puesta de Gian-Carlo del Monaco. Los medios locales le dieron la bienvenida y Cura se destacó arriba del escenario con la máxima del fogoso "Pagliaccio": mente fría y corazón caliente.
-¿Qué nuevo rumbo toma su carrera con la dirección orquestal?
-Hay gente que está tratando de encontrar fisuras en mi carrera, porque no soportan que yo haya tenido éxito.
-¿A qué se refiere?
-La gente dice: "Dejaste tu compañía discográfica y tuviste que abrir una propia". No dejé mi compañía, Warner Classics cerró sus dos etiquetas de clásicos (Teldec y Erato). Warner no rescindió mi contrato. Soy uno de los artistas de música clásica que más discos ha vendido, casi medio millón. También dicen que me estoy quedando sin voz y dirijo para dejar de cantar. No es así: empecé mi carrera y me transformé en músico porque quería ser director. Hasta este momento cantaba 80 funciones por año, lo cual era demasiado, y ahora, que he vuelto a dirigir, canto entre 30 y 50 funciones. Gracias a esto podré cantar muchos años más.
La reestructuración de Warner que menciona Cura responde a una profunda crisis de la industria clásica por la cual no sólo a Cura no se le renovó su contrato, sino también a otras figuras establecidas, como Daniel Barenboim, que había grabado para Teldec, de Warner, el premiado "TannhŠuser", por el que acaba de obtener el único Grammy que ganó Alemania en esta edición.
-Este debut, ¿marca un punto decisivo en su carrera como director?
-Es como lo que le puede pasar a un actor que toda su vida ha actuado y decide ponerse detrás de la cámara. Todo el mundo hablará por ser la primera vez. Luego, se hará rutina . En un sentido positivo, trae publicidad; en otro negativo, la gente va al teatro, sobre todo el crítico, para ver si hay una falta de sincronización entre escenario y foso. Y si la hubo, lo dicen, cuando no existe ninguna ópera, ni con el mejor de los directores, sin esos pequeños desfases.
-¿Cuál es su preocupación a la hora de afrontar una producción lírica desde el foso?
-No me propongo que la gente venga a ver al tenor. No me gusta que me vean, no quiero que el público se distraiga, pues lo importante es lo que está pasando en escena.
-¿Piensa seguir dirigiendo ópera?
-Tengo varios contratos: "Madame Butterfly" en la Opera de Polonia, aquí en Hamburgo quieren que vuelva. Pero lo que más me entusiasma es debutar con los Wiener (orquesta de la ópera de Viena), también con algún Puccini, algo que dejé para 2006, porque quiero desarrollar el instinto.
-¿Aceptaría un cargo estable en un teatro de ópera?
-Sí. Ahora no tengo tiempo para dedicarle, pero sí a partir de 2006 o 2007.
-¿En qué se traducirá esa disminución de casi un cincuenta por ciento de funciones como cantante?
-En la elección de los teatros. Pero no en el sentido en que la gente piensa: cantar sólo en los teatros importantes, sino en los que me da placer volver. A los 40 años, veo cumplirse un pronóstico de mi maestro: "Se te va a exigir que cantes en tres o cuatro teatros y dejes de cantar en otros que no dan prestigio -me decía- y eso va a ir quitándote el gusto de cantar para la gente". Siempre vuelvo a los grandes teatros: Viena, Zurich, Londres. Pero cada vez encuentro más placer en teatros como los de Budapest, Polonia, Praga, a los que llegan pocos artistas de primer nivel porque se los llama "teatros fuera de circuito".
-¿Es fácil salirse del circuito?
-En 1950 eso del circuito tal vez era válido hoy es estúpido, porque uno se sube a un avión y está en cualquier parte. El llamado "circuito de oro" (entonces también integrado por el Teatro Colón que hoy, lamentablemente, no tiene peso ni en ese ni en ningún otro circuito, algo que espero que se termine), ya no tiene razón de ser. Antes, si uno no cantaba en La Scala no había hecho carrera. Yo canté varias veces y no puedo decir que me haya cambiado la vida. Ahora trato de ir donde me gusta estar y la gente me quiere.
-¿Continuará con su atípico y a veces criticado formato de show?
-Hago ese tipo de espectáculos porque creo que el concierto es un momento privilegiado en el cual el intérprete puede comunicarse directamente con el público. Si uno no lo hace porque no quiere romper el hielo, es otra cosa y es respetable. Pero si uno puede y desea hacerlo, y no lo hace por miedo al qué dirán, entonces es una estupidez. No veo por qué no se puede hacer un concierto de enumeración de fragmentos musicales. Los hice en todos lados y el único lugar donde no gustó, no al público sino a la crítica, fue en Inglaterra. Siempre he tenido una relación amor-odio con Inglaterra.Quizá son mis genes argentinos (risas).
-¿Con España también tiene una relación amor-odio? ¿Cómo lo afectó el episodio de aquel comentado "Trovatore" en el Teatro Real?
-Con España no tengo ningún problema, y de ese episodio, el único país fuera de España que habló desmedidamente fue la Argentina...
-Porque usted es argentino...
-La forma en que se trató el tema en la Argentina, con pocas excepciones, fue: "La arrogancia y soberbia de Cura le van a costar la carrera". Lo que sucedió fue que, desde que abrieron el Real y aún hoy, cada uno que se sube al escenario es abucheado. Luego me enteré de que no abucheaban al artista sino a todo lo que había sido programado por el ex director artístico, García Navarro, por cuestiones políticas. El fue uno de mis mejores amigos y el día de este "Trovatore", dirigía con 45 kg menos de peso a causa de la quimioterapia, muriéndose de cáncer. Después de la primera función lo abuchearon porque estaba la prensa. ¡Yo no podía creer semejante crueldad! En las siguientes funciones no pasó nada, pero en la última cuando vino la radio, volvieron a abuchear. Pero tenemos pruebas de lo buena que fue la función, ¡está grabada! Por eso, cuando terminó todo, dije lo que dije, porque no pude aceptar la injusticia. Al día siguiente García Navarro me dijo: "Sé por qué lo hiciste, pero no vuelvas a hacerlo, con uno que muera por este teatro es suficiente". Pocos meses después murió y esa es la verdadera historia de lo que sucedió en Madrid.
Cachet simbólico, sí; pero no en el Teatro Colón
-Tras su debut en el Colón en 1999 y su ausencia en los años sucesivos ¿Cómo es a su relación con el país?
-En la Argentina la gente se decidió a decir lo que piensa, y los cacerolazos que se vieron en el mundo son una forma de decir basta. Cuando fui en el 1999, para cantar "Otello", manifesté públicamente lo que estaba sucediendo con los artistas y los músicos argentinos, y eso le molestó a mucha gente. Si en la Argentina me quieren sumiso y cobarde, yo no puedo volver, porque, si vuelvo, volveré a decir las mismas cosas. A tal punto molestó lo que dije, que no puedo olvidar la humillación que sufrí el día del ensayo general. Alguna gente, para vengarse, difundió el rumor de que el ensayo era cerrado porque yo no quería ver a familiares de los cuerpos estables, para levantar animosidad contra mí. Y sucedió una de las cosas más tristes que he vivido en mi carrera: la gente del coro, que sabía de este juego, colaboró conmigo; pero los de la orquesta, que no aceptaron esa verdad, durante todo el ensayo, cuando yo tenía que cantar, dejaron de tocar. Canté "Otello" a cappella... (cuenta con la voz casi quebrada).
-¿De qué volvería a hablar `sin sumisiones ni cobardías´?
-De las injusticias que se cometen con nuestros artistas. Del hecho de que en el mundo hay músicos argentinos brillantes; de que al menos diez de las principales figuras del espectáculo internacional son argentinas, y que toda ésta es gente que se fue de nuestra, desesperada.
-A fin de la temporada pasada el Colón renovó sus autoridades, ¿está en contacto con ellas?
-Se me ha pedido que vaya a cantar por un cachet simbólico y yo dije que no. Que por un cachet simbólico canto un concierto con entrada libre y gratuita, para todo el mundo. Pero no para el Teatro Colón, porque el público que va allí, que en un noventa y nueve por ciento pertenece a ese grupo bendecido de la Argentina, paga su entrada y el artista que va a trabajar para ese público, tiene derecho de ser pagado como el profesional que es. Estoy dispuesto a cantar gratuitamente pero en un concierto para la gente que no puede ir al Colón. Eso lo acepto de mil amores. Lo organizamos cuando quieran.
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