La casa azul: eurodance español con aspiración global

Alejandro Lingenti
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5 de abril de 2019  

Pasaron ocho años y unas cuantas cosas entre La gran esfera y el disco anterior de La Casa Azul, La Polinesia meridional. Guille Milkyway -el seudónimo artístico de Guillem Vilella, un economista catalán de 45 años- sufrió una crisis de pareja y un desprendimiento de retina que lo obligó a postergar la grabación de un álbum que tenía muy avanzado, tuvo un ejemplar paso por Operación Triunfo como profesor de música alérgico a la ortodoxia que fue muy celebrado en redes sociales porque sorprendió hablando con gracia y sin prejuicios de su interés por David Bowie, Elvis Presley, The Beatles, el flamenco, el reggaetón, el trap y la canción melódica española.

En el universo artístico de Mylkyway hay espacio para todas esas influencias y algunas otras (el sonido de Filadelfia y el Shibuya-kei japonés, el bubblegum pop de los 60), traducidas a su propio idioma musical, decantado hoy por hoy en un eurodance de piel hedonista y alma melancólica que pendula entre la nostalgia por la feliz ingenuidad de la infancia y la angustia por los desengaños de la adultez, sobre todo los del amor, sin dudas uno de sus tópicos favoritos.

Buena parte de La gran esfera gira alrededor del relato directo y honesto de una relación al borde la ruptura -la del músico de Barcelona con Silvia Sanz (quien supo tener a fines de los 90 su propio proyecto de música pop, Niza)- y de los claroscuros de la vida familiar. Si bien no es nueva, la fórmula que combina esos asuntos más bien amargos con una música pensada inocultablemente para la pista de baile funciona muy bien. El ejemplo más acabado quizás sea "El momento": "Después de tantos años la verdad es que es mejor / Dejar de lado un poco nuestra fascinación / Y no empezar proyectos inauditos / Y no vivir al borde del abismo pues / Eso ya pasó / Cenar en casa juntos viendo televisión / Pensamos que es urgente reformar el salón / Los niños cada vez son más mayores / Quizás irían bien algunas flores sí / No otra discusión". El vocoder remite a un Daft Punk reacondicionado para bailar sobre los escombros.

En una de las tantas entrevistas que dio en su país, donde su regreso fue muy celebrado por la prensa especializada, los viejos fans de Fangoria e incluso los hipsters de la escena alternativa, Milkyway contó que el mundo siempre le pareció un lugar hostil, que por eso siempre ha buscado algún refugio y que el lugar ideal para protegerse es para él una especie de "gran esfera" donde se ha sentido inevitablemente solo y encerrado. Como para dejar bien claro que el caramelo que envuelve este disco es uno menos dulce que envenenado.

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