La celebración de Leila Pinheiro
Recital de Leila Pinheiro (voz, teclados, guitarra). Ciclo MUBA. Teatro ND/Ateneo.
Nuestra opinión: bueno.
Treinta años de carrera, cincuenta de vida: Leila Pinheiro acaba de cumplirlos. Es un buen momento para recapitular una trayectoria musical caracterizada por la diversidad, y compartirla con un público al que demoró en conocer, pero con el que ya ha establecido un diálogo cálido y llano. Es también una buena oportunidad para desentenderse de compromisos promocionales y concebir un programa con libertad, en el que lo más reciente -los temas de Meu segredo mais sincero , el álbum dedicado a canciones de Renato Russo que dio a conocer este año- pueda mezclarse con lo más representativo (y lo más esperado) de su repertorio.
Un rasgo que define a la cantante nacida en Belén es, precisamente, ese eclecticismo, esa libertad. Otro, determinante, la atención primordial que presta a los textos que elige para cantar. Son rasgos que volvieron a evidenciarse en este recital. Sus horizontes son tan abiertos como para que en un mismo programa quepan Noel Rosa e Ivan Lins; la bossa nova y el samba de exaltación a la manera de Ary Barroso; Guinga y algún bolero; el rock de Legião Urbana y los hits que marcaron su carrera (como "Verde", de Eduardo Gudim y Costa Netto, con el que hace 25 años ganó el premio a la mejor intérprete en un festival de TV Globo y la definitiva consagración nacional).
Expansivo o intimista según lo requiera el contenido de cada canción, el estilo de Leila -su decir cristalino, la belleza de su timbre, su musicalidad (notoria en el inteligente empleo de la media voz) y su potencia expresiva -se encargan de dar unidad a un repertorio tan diverso, por más que en este caso haya habido más de un momento en que percibía la amenaza de cierta monotonía sonora, debida tanto a los arreglos como al casi exclusivo empleo del teclado como acompañamiento. En ese sentido resultó muy oportuno el breve tramo con guitarra que sobre el final dedicó a Renato Russo a través de un puñado de canciones que se ajustan a su modo expresivo: "Pais e filhos", "Vento no litoral", "Teatro dos vampiros".
El valor de las palabras
Ya se había comprobado en actuaciones anteriores que la artista brasileña sabe iluminar lo que hay de más valioso en cada verso y encontrarle nuevas resonancias. Lo hizo aquí otra vez con la bossa nova ("Eu sei que vou te amar", "Ela é carioca", "Meditação"), pero también con el tan trajinado "Tomara", de Toquinho y Vinicius, y especialmente con la inoxidable "Emoçoes", de Roberto Carlos, que en su versión casi confidencial cobró una inesperada intensidad.
El programa fue eslabonando pequeños capítulos definidos por compositores -en el comienzo Ary Barroso y Tom Jobim; después, clásicos como Noel Rosa o Lupicínio Rodrigues; finalmente, el rock/pop de Russo-, o por temáticas: de un bello homenaje a Mangueira, la más popular de las escolas de samba, a las penas del corazón. Más tarde, a partir de la admirable "Catavento e girassol", de Guinga y Aldir Blanc, Leila soltó más la voz y el temperamento.
Los aplausos se multiplicaron con tres temas en español ("Nuestro juramento", de Benito de Jesús; "Yo vengo a ofrecer mi corazón", de Páez; "Al otro lado del río", de Drexler), y a la hora de los bises, que debieron ser varios e incluyeron una festejada versión de "Vitoriosa", de Lins.





