
La herencia de John Lee Hooker
Ecos en todo el mundo por la desaparición del legendario músico de blues
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"La gente solía preguntarle: ¿qué es lo que piensa hacer cuando muera? Y él respondía con esa voz profunda, inconfundible: "Simplemente organizar una gran fiesta como las de antes". Y eso es lo que vamos a hacer."
Como tantos otros seguidores del legendario John Lee Hooker, que falleció anteanoche a los 83 años en San Francisco (como informó ayer La Nación ), Alex Andreas piensa que es temprano para pensar en ceremonias fúnebres y que la mejor forma de mantener vivo su recuerdo es hacer sonar en su honor una serie interminable de blues.
Andreas es el manager del "Boom Boom Room", uno de los más reconocidos templos del jazz, del blues y del boogie de San Francisco, que Hooker compró en 1997 y frecuentó casi hasta su muerte. Está ubicado en el distrito de Filmore, que con su medio centenar de clubes y locales musicales que rinden culto a la música negra es conocido como el "Harlem de la Costa Oeste".
En el "Boom Boom", nombre que evocaba a uno de sus grandes éxitos musicales, Hooker no sólo tocaba regularmente. También conservaba allí un espacio exclusivo que a partir de hoy seguramente será lugar de peregrinaje para los seguidores de su arte. "A partir de hoy siempre habrá en esa mesa flores frescas, una vela y un cartel de "reservado" sólo para él", señaló la camarera Wendy Castillo.
De pequeña estatura, aire taciturno y voz cascada, el hombre que marcaba expresivamente el ritmo de sus temas con su pie disfrutaba al compartir veladas con sus amigos, simplemente con la excusa de tocar juntos y compartir una buena botella del mejor vino con figuras.
Compañeros de lujo
A esos encuentros acudían regularmente figuras como Van Morrison y Carlos Santana, amigos entrañables de Hooker. "Es imposible exagerar cuando se trata de describir la profunda impresión que dejó John Lee Hooker en nuestros corazones", señaló Santana al conocer la desaparición del bluesman.
"El fue, junto a Jimmy Reed y Lightning Hopkins, la base de mi música", agregó el guitarrista, que compartió con Hooker duetos grabados y presentaciones en vivo en los primeros años de la década del 90, cuando la estrella del músico desaparecido comenzó a reverdecer a partir de 1989, cuando registró "The Healer" junto a Santana, Los Lobos y Robert Cray.
Bonnie Raitt, que grabó junto a él en ese álbum "I´m in the mood", tema con el que ganó un premio Grammy en 1989, dijo ayer: "La fuerza de John y su influencia sobre todo el mundo del rock, del rhtyhm & blues, del jazz y del blues es una herencia que jamás morirá".
Raitt describió a Hooker como la persona "capaz de arrancar las notas más eróticas a una guitarra", pero el propio artista reconoció que su vida afectiva no le dio tantas alegrías como la música.
"He estado casado tres veces, pero no funcionó. Mis tres esposas quisieron que dejara la música, pero yo las dejé a ellas." Hooker tuvo ocho hijos, 19 nietos y numerosos bisnietos, pero sólo con una de las hijas, Zakiya Hooker Bell, tuvo un trato musical preferencial y participó en su disco solista de jazz como invitado de lujo.
El resto de sus descendientes no siguió los mismos pasos musicales, hecho que Hooker lamentaba, pero vivía, según su propio testimonio, con naturalidad. "Creo que nadie podrá ocupar mi lugar. Mi legado quedará sólo en los discos", dijo en una oportunidad.
Hooker grabó más de cien álbumes, pero la recopilación de su discografía seguramente será una tarea tan ardua como apasionante, ya que solía escapar precipitadamente de los contratos de exclusividad que él mismo firmaba para dedicarse a tocar sin condicionamiento alguno. Así se conocen numerosas grabaciones de Hooker con seudónimos tales como Delta John, John Lee Booker, Birmingham Sam y su guitarra mágica, The Boogie Man y Texas Slim.
Había dejado los escenarios a mediados de la década última y siguió grabando hasta 1997, año en que recibió dos nuevos Grammy, por su álbum final ("Don´t Look Back") y por un dúo con su viejo compinche Van Morrison.
Quiso ser consecuente hasta el final, fiel a la definición que hizo su biógrafo Charles Shaar Murray: "Nadie logró como John Lee Hooker comunicar emociones tan complejas y profundas apenas con el sonido de su voz".






