
La Orquesta de Count Basie trae a la Argentina un legado a puro swing
El grupo que mantiene la llama del gran pianista de jazz, cuyo show de 1969 aún hoy es recordado, vuelve a la calle Corrientes
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Una imagen vale más que mil palabras. Acaso el modo más elocuente de explicar la potencia del "sonido Basie" sea la tapa de The Atomic Mr. Basie (Blue Note, 1957), uno de los títulos más importantes en una discografía prolífica y superlativa. Sobre un hongo nuclear en expansión, aparece la fórmula de la equivalencia entre la masa y energía desarrollada por Albert Einstein equiparada con la orquesta potenciada por los arreglos de Neal Hefti (que unos años más tarde compondría la banda de sonido del Batman de Adam West). Así de arrollador era (es) el sonido de la Big Band que el año pasado celebró sus 80 años y que esta noche, en el Gran Rex, se presenta por tercera vez en Buenos Aires. El debut fue en 1969, con el propio Count Basie al piano, y luego volvieron, ya en plan revival, en 1994.
Fundada en 1935, en Kansas City, por el pianista William "Count" Basie (1904-1984), es una verdadera institución en la historia del jazz, que desde la muerte de su líder se ha enfocado en mantener vigente un legado que, a grandes rasgos, incluye un ensamble poderoso, excelentes solistas (Lester Young, Harry "Sweets" Edison, Eddie "Lockjaw" Davis, Sonny Cohn y Frank Foster, entre otros) y arreglos innovadores que tendieron un puente entre las raíces bluseras y la modernidad jazzística.
Además, claro, de colaboraciones con grandes voces del jazz, como Billie Holiday, Frank Sinatra, Bing Crosby, Nat King Cole, Joe Williams y Ella Fitzgerald, entre otras.

"En nuestro repertorio actual hay canciones como «Moten Swing», que es bien bailable y se grabó en 1935, o «April in Paris» y «Blues in Hoss’ Flat», que son piezas emblemáticas de la década del 50. También, un arreglo de una composición de Quincy Jones, «This Could Be The Start of Something Big», que es de mediados de los 60. Y además piezas de los 70, como «The Wind Machine». La idea es resumir y abarcar todos los períodos de la historia de la orquesta en un concierto de dos horas", adelanta el trompetista Scotty Barnhart, director de la agrupación desde hace tres años.
Barnhart se siente orgulloso de ocupar ese lugar, aunque confiesa que, desde adolescente, sintió que estaba predestinado a proteger la historia de la orquesta. "Es un gran honor –admite Barnhart–. Pero al mismo tiempo una gran responsabilidad. Por eso me siento bendecido cada vez que subo a un nuevo escenario. Siempre sentí que llegué a este planeta para hacer lo que estoy haciendo: proteger el legado de esta gran orquesta. Es que ya no se trata de una banda de música; es una verdadera institución."
Scotty escuchó por primera vez a Count Basie a los 9 años y, desde ese momento, quedó prendado del sonido de su orquesta. Cuando cumplió 12 pudo escucharlo en vivo por primera vez. "Fue una experiencia tan increíble como inolvidable. Me acuerdo de que estaba sentado en la primera fila, a no más de cinco metros de Count. Esa música me transmitió un sentimiento indescriptible, que se me metió bajo la piel y nunca me ha dejado. Sin duda fue una de las cosas más importantes que me pasaron en la vida", asegura.
En julio de 1982, cuando Scotty había cumplido sus 17, la orquesta volvió a tocar al teatro Fox de su ?Atlanta Natal. Y Scotty, de nuevo, estuvo allí. Cuando finalizó el concierto terminó cenando con el trompetista Sonny Cohn y conoció al resto de los músicos. "Ahí supe que en algún momento yo iba a tocar en esa orquesta. Y nueve años después me llamaron para sumarme a sus filas. Han pasado 24 años desde ese momento."
A fines del año pasado, a través del sello Concord, la orquesta editó The Very Swingin’ Basie Christmas!, el primer registro navideño de su extensa trayectoria. Y para noviembre de este año planean un nuevo disco orientado a las pistas de baile. "En todo el mundo hay muchos jóvenes bailando swing, y nuestra idea es volver a esas raíces. La banda estuvo enfocada durante mucho tiempo en entretener y hacer bailar al público. Eso es lo que nos mantuvo vigentes y que nos mantendrá activos durante los próximos cien años."

Count Basie en la Argentina
La primera y única visita de Count Basie a Buenos Aires fue en septiembre de 1969. El miércoles 3, su orquesta protagonizó el primero de una serie de seis conciertos producidos por el empresario Clemente Lococo en el teatro Ópera. No era la primera vez que los aficionados porteños podían ver en vivo a una Big Band de la primera línea del jazz. Un año antes habían disfrutado de la Orquesta de Duke Ellington y, en 1956, de la de Dizzy Gillespie.
"Brillo, ajuste y esplendor." Ése era el título de la crónica del primer concierto que publicó LA NACION y que destacaba la maestría en la ejecución, "con un ajuste y una afinación que difícilmente puedan ser superados por otra orquesta". El encargado de la amplificación fue el hoy legendario Carlos Melero, que en ese entonces se desempeñaba como empleado de la empresa de sonido Olimar, pero su participación en este show derivaría, poco años después, en el inicio de un derrotero glorioso tras las consolas, que lo transformaron en el mejor operador de sonido en vivo de nuestro país. "Yo trabajaba en la parte de ventas de la empresa, pero me hice cargo de la amplificación. En verdad, suponía que no iba a precisar nada, que una orquesta como la de Basie en el Ópera sonaba sola. Pero Count quería un micrófono para amplificar los solos –recuerda–. No quiso ningún otro micrófono. Yo pensé que la guitarra, acústica, no se iba a escuchar nada. Pero se escuchaba perfecta. Eso demuestra qué bien que sonaba ese ensamble."
Melero logró registrar los conciertos con un viejo grabador, y esa cinta hoy es un preciado bootleg que permite escuchar, como si fuera la anatomía de un instante, la irrupción de la orquesta luego de la intro del piano y la base rítmica en "All of Me". A pesar de que pasaron más de 45 años de ese concierto, la línea de saxos y brasses todavía parece resonar en los oídos de los melómanos que fueron testigos de esa explosión. "Basie arrancó tocando bajito, acompañado por la base rítimica, y parecía que estuvieran desatentos. Y, de golpe, la orquesta lanzó dos acordes que dejaron a todo el teatro temblando. A tal punto que la gente se empezó a reír, pero parecía asustada, porque no esperaban un sonido tan compacto."
"¡Ese comienzo fue impactante! –dice Carlos Inzillo, creador del ciclo Jazzología–. Basie era un tipo muy fino y dejaba espacio para que se lucieran todos sus músicos. Me impactaron especialmente los solos de los saxofonistas Marshall Royal y Eddie «Lockjaw» Davis. Para los aficionados fue una fiesta. Me acuerdo de que, entre copas, el baterista Harold Jones me contaba el orgullo que le daba tocar con Basie, ocupando la butaca que durante tantos años le había pertenecido a Joe Jones."
Osvaldo Hamburg, otro melómano porteño, también recuerda la impactante irrupción de la orquesta. "Con la primera nota te dabas cuenta de su poderío. Los arreglos eran fenómenos y era un ejemplo de afinación y prolijidad, sin dejar de lado el swing. Sin dudas, un orquestón."
Esa irrupción inicial, que le hizo honor a su sonido "atómico", no pasó desapercibida en la reseña (desfavorable) que el prestigioso crítico Jorge H. Andrés publicó en la revista Análisis. "El miércoles pasado, al costado de su orquesta todavía silenciosa, Count Basie comenzó a garabatear un desordenado «All of Me». De pronto como para ir exponiendo las reglas del juego, hizo explotar a su línea de trompetas con un sobreagudo al unísono como nunca se había escuchado en esas latitudes; fue el único momento en que lograron despertar a un público tan anhelante al comienzo como tan desilusionado al final", escribió Andrés. "Me acuerdo de que me pareció un concierto demasiado rutinario. Pero, de todos modos, tenía que ver con el estilo de la época. Nada tenía que ser bueno –evoca hoy–. También puse que «Basie, sentado al piano como un hipopótamo cansado, hizo recorrer a su banda por un terreno conocido». Probablemente eso era cierto. Pero también era el estilo de la época. Los editores pedían sangre."





