La suite y sus varios significados
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El barroco musical nació en Italia. Prueba de ello es que casi todas las nuevas formas que con él surgieron tienen denominaciones genéricas en italiano. Pero, entre óperas, sonatas, cantatas y oratorios se inmiscuye la suite que, desde Francia, se dispersó por casi toda Europa designando, después de 1650, a una obra instrumental en varios movimientos que, en su gran mayoría o en el total de ellos, están basados en pautas de danza.
De la superabundancia de danzas de la época, el hoy desconocido Johann Jacob Froberger, hacia 1660, estableció un modelo de suite que, tras algunas idas y venidas, se consolidó en una serie conformada por allemanda, courante, sarabanda y giga. Este fue el formato más frecuente que, además, permitía la inclusión de alguna otra danza opcional antes de la gira. Por otra parte, existen infinidad de suites que se apartan largamente de ese molde.
Los italianos no llamaron suites a sus obras con números de danza sino "sonatas de cámara". En el norte alemán, ocasionalmente, utilizaron "partita" en lugar de suite. Los mismos franceses, usaron "ordre" para designar a las extensísimas obras de hasta veinte movimientos los cuales no necesariamente eran designados con el nombre de la danza que evocaban sino con títulos descriptivos, más o menos pintorescos.
Con el advenimiento del clasicismo, hacia 1750, la suite dejó de existir. Pero, en el siglo XIX, los compositores románticos resemantizaron el término para designar a las obras instrumentales que eran la reelaboración y la síntesis de una obra escénica mayor.
Hubo suites de óperas, de músicas incidentales para el teatro y de ballets que fueron adaptadas para su presentación en concierto como la suite de "Carmen", de Bizet, la de "Pelléas et Mélisande", de Fauré, o la de "El cascanueces", de Tchaikovsky. Algunas poquísimas obras, como la "Suite de los tiempos de Holberg", de Grieg, fueron escritas en el sentido barroco del término, como sucesión de danzas.
En el siglo XX, la suite se instaló con sus dos acepciones. Resúmenes de obras escénicas son la suite de "La nariz", la ópera de Shostakovich, o la del ballet "Estancia", de Ginastera.
También son suites las que derivan de bandas originales de películas como la de "El teniente Kijé", de Prokofiev. En el sentido antiguo del término, están la "Suite de danzas", de Bartok, y otras que son suites en su sentido más estricto, pero cuyos compositores no colocaron al término en su título, como las "Bachianas brasileiras", de Villa-Lobos.
Por último, el vocablo amplió sus alcances y fue aplicado a obras instrumentales en varios movimientos aunque sin pautas de danza como, por ejemplo, la "Suite lírica", de Alban Berg.


