Leandro Fresco: fue amigo de Cerati, participó del regreso de Soda Stereo y organiza un festival de ensueño en el Sur
Es uno de los creadores de Walüng, que se realizará hoy y mañana en San Martín de los Andes; referente del ambient nacional, tiene un largo historial como tecladista de Gustavo Cerati y Daniel Melero
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Leandro Fresco es uno de los nombres clave en la fusión del pop y la música electrónica argentina. Durante años dividió sus días como referente del ambient nacional y como tecladista de la banda de Gustavo Cerati, a quien también acompañó en la histórica reunión de Soda Stereo en 2007, con la gira Me verás volver. Radicado en San Martín de los Andes, es uno de los organizadores del festival Walüng, que se llevará a cabo el 30 y 31 de enero en El Desafío Mountain Resort.
Con un line up de lujo encabezado por los DJs Sasha y Patrice Bäumel, el evento, que va por su séptima edición, está consolidado como uno de los platos fuertes del verano patagónico gracias a la magia que produce la integración de la electrónica con el paisaje de la Cordillera.
–¿Cómo decidiste dejar Buenos Aires, instalarte en San Martín de los Andes y dar vida a Walüng?
–Nosotros somos de Buenos Aires, pero mis viejos se vinieron a vivir acá en 1997 para abrir unas cabañas y yo siempre venía a visitarlos. La pandemia me agarró acá y a partir de ese momento decidí quedarme. Walüng es una iniciativa de cuatro socios que empezamos hace 15 años como un sueño y que hoy es un proyecto a largo plazo. No creo que haya muchos festivales en el mundo con un entorno como éste. El lugar es tan impactante que nos dimos cuenta de que a veces viene gente a pasar el rato. Más allá de la propuesta de baile, se puede comer, sentarse a mirar el paisaje o ver el atardecer desde ahí, que es increíble. Este año incorporamos actividades extra que amplían el universo de Walüng, como un espacio de observación astronómica, un torneo de polo o caminatas ecológicas, que permiten que los que vienen puedan conocer otras actividades que ofrece la zona. Incluso los DJ aprovechan para disfrutar del Sur. Nick Warren, que estuvo dos veces, y Satoshi Tomiie, que tocó el año pasado, vinieron una semana antes para ir a pescar con mosca.

–¿Cómo lograron generar un impacto social y ambiental con el festival?
–Somos conscientes de lo que implica meter a mucha gente en un entorno así por el tema de la basura y el ruido. El Desafío reúne las condiciones para lograr el menor impacto ecológico posible, pero además nosotros insistimos mucho para que el público respete la naturaleza y pueda disfrutar del lugar sin interferir con el ambiente. También decidimos que el estacionamiento del predio sea administrado por los Bomberos Voluntarios de San Martín de los Andes y que ellos se queden con toda esa recaudación. Gracias a eso pudieron adquirir una camioneta de asistencia súper equipada para hacer rescates. Los incendios lamentablemente ocurren por el cambio climático. Yo creo que realmente nos está afectando, a pesar de que mucha gente dice que no existe. Yo vivo en el centro del pueblo, en un entorno natural, y hace unos años tuve un episodio donde casi se prende fuego mi casa. Llegaron los bomberos y me dijeron que tenía que prepararme para evacuar. Genera mucha impotencia ver que todo se prende fuego y no podés hacer nada.
–¿Cómo ves la escena de música electrónica actual en Argentina y del ambient en particular?
–Argentina es muy fuerte a nivel mundial en lo que respecta a festivales. La gente acá concurre mucho y a veces me doy cuenta de que en otras partes no es tan así. Creo que el mundo está en un momento bastante agitado y por eso la gente quiere pasarla bien y divertirse en los shows.

El ambient es un nicho dentro del universo de la electrónica y los que estamos somos medio freaks. Yo siempre hago el chiste de que la música ambient irrita porque te lleva a un estado introspectivo que a veces es difícil de manejar. Al no tener una estructura y ser tan etérea y repetitiva, te lleva a un estado de suspensión mental que te baja los decibeles y te hace pensar. Es un género chiquito globalmente y en Argentina también, pero cada uno va abriendo su propio camino. Hoy la comunicación facilita mucho las cosas, como mandarle un demo a un sello en cualquier lugar del mundo. Después, todo depende de las ganas, la ambición y lo que cada uno quiera lograr como artista.
–Tu carrera empezó cuando le mandaste un demo a Daniel Melero. ¿Cómo llegaste a él?
–A los 19 años le escribí a Melero una carta de puño y letra, era una época sin celulares y donde no existía internet. Yo sabía que él estaba grabando un disco de Los Brujos en el estudio Moebio, en Capital. En ese momento vivía en Zona Sur y estudiaba Diseño Gráfico en Ciudad Universitaria. Un día, cuando volvía de la facultad, pasé por el estudio y le dejé la carta con un demo. A las cuatro cuadras me arrepentí, volví y le pregunté a la recepcionista si me podía devolver el sobre, pero me dijo que ya se lo habían llevado.
–¿Y qué pasó después?
Eso fue un jueves. El sábado yo estaba durmiendo en mi casa y llama Daniel al teléfono fijo. Me dijo que había recibido el demo, que leyó la carta y que le había gustado mucho. A raíz de ese encuentro empezamos a colaborar. Él masterizó un disco mío y me ayudó para que yo llegara a un sello. Después terminé tocando en su disco Rocío, que fue mi debut como tecladista en vivo en una banda que completábamos con Mariano Roger de Babasónicos. Mi idea original siempre fue ser cantante, pero me interesaba mucho la tecnología aplicada a la música. Empecé a investigar por el lado de las computadoras. Mis padres pudieron comprarme una y un sintetizador en una época donde no había internet. Tenía que leer los manuales en inglés con un diccionario al lado para entender cómo se usaban. El año que yo le llevé el demo, Daniel me votó como artista revelación en la encuesta anual del Suplemento Sí!. Yo todavía no había editado ni un álbum, pero esa locura que hizo me ayudó para empezar a tocar en el circuito under porteño.
–¿Cómo te sumaste a la banda de Gustavo Cerati?
–Yo tocaba música electrónica experimental, bastante vanguardista para esa época. Compartía escenario con Resonantes, que era el grupo de Flavio Etcheto. Él ya tocaba con Cerati y yo me hice muy amigo suyo. Gustavo siempre andaba por ahí viendo DJ, así que nos cruzábamos todo el tiempo. En el año 2000, estando acá en San Martín de los Andes, organicé una fecha en la plaza del pueblo con amigos y artistas electrónicos de Buenos Aires. Se me ocurrió escribirle a Flavio para invitar a Ocio, que era el proyecto electrónico que tenía con Gustavo. Le pregunté si no querían venir y dijeron que sí. Se vinieron los dos con sus familias a tocar a la plaza. Fue muy loco porque yo no había anunciado que venía Cerati, solo dije que tocaba Ocio, así que la gente no sabía nada.

–¿Cómo reaccionó el público al encontrarse con Cerati tocando música electrónica en la plaza?
–Poco a poco se dieron cuenta de que era él. La gente esperaba una banda tradicional y se encontró con unos tipos con computadoras. Cuando lo reconocieron, por un lado lo aplaudieron, pero por otro le empezaron a gritar que tocara “De música ligera”. Gustavo no cantó ni tocó la guitarra en ningún momento, así que la audiencia se fue entre asombrada e indignada. En ese entonces no era como ahora, la electrónica no estaba establecida. Antes costaba que la gente fuera a ver un DJ.
Después de esa experiencia en la plaza, Cerati se quedó en San Martín de los Andes. “Se quedó como diez días en las cabañas de mis viejos, con Cecilia Amenábar, su primera esposa, y sus hijos Benito y Lisa, que eran muy chiquitos. Yo lo llevaba a recorrer lugares y, por la noche, nos juntábamos en un cuarto donde yo tenía la computadora y el teclado. Ahí tuvimos la chance de conocernos más y charlar. Cuando se fue me dijo que lo llamara al volver a Buenos Aires. Lo hice, me invitó a su estudio y me contó que estaba haciendo la música de la película +Bien. Me invitó a participar en el disco y así empezamos a colaborar".
–¿Y cómo te sumaste luego a su banda solista?
–En ese momento él también estaba produciendo Mar, el disco de Leo García, que dejó la banda de Gustavo al terminar la gira de Bocanada. Entonces me preguntó si no quería hacerme cargo de los teclados. Obviamente acepté. Pasé de la facultad de Diseño Gráfico a tocar con Melero y Cerati en muy poco tiempo.
–¿Cómo fue tocar en el regreso de Soda Stereo?
–Fue una locura lo que se vivió. Pude comprobar que todo lo que se decía de la Sodamanía era cierto. Lo que yo conocía de las giras con Gustavo se multiplicó por tres. Los latinoamericanos estamos muy locos, lo que pasa con el público y las bandas en esta parte del mundo es algo que solo ocurre acá.
–Vos también formaste Roken con Gustavo Cerati y Flavio Etcheto. ¿Cómo surgió ese proyecto y por qué no llegó a grabar ni un single?
–Roken empezó como una diversión cuando estábamos de gira. Después de los shows nos daban ganas de ir a festejar a algún lado. Le preguntábamos al dueño del lugar si podíamos pasar música nosotros y nos subíamos los tres a poner cualquier cosa. Lo fuimos haciendo cada vez más seguido hasta que un día dijimos: “¿Por qué no hacemos nuestros propios temas?”. Así empezamos a zapar en los hoteles. Una vez nos invitaron a tocar en una terraza en Los Ángeles y estuvo buenísimo, pero el proyecto quedaba ahí, era solo para divertirnos mientras viajábamos. Hasta que nos llegó una invitación formal de Venezuela para una fiesta privada que nos quería contratar a los tres.
–Ni siquiera tenían nombre de banda...
–Ahí tuvimos que bautizar el grupo, que hasta ese momento no tenía nombre. Nos fuimos medio de incógnito, pero se filtró que Gustavo iba a estar ahí y se armó un lío bárbaro porque la gente quería ir y el evento era cerrado. A partir de ese show se desató un aluvión de propuestas y organizamos una gira. La realidad es que el proyecto lo terminó armando la gente. Nosotros nos juntábamos en el estudio de Gustavo con las tres computadoras, uno disparaba la base, el otro otra cosa, nos sincronizábamos y eso conformaba el tema. Pero nunca llegamos a la instancia de grabar, siempre era una especie de zapada en tiempo real. No llegamos a madurar la idea de un álbum porque empezamos con las sesiones de Ahí vamos. Increíblemente no quedó nada. La parte que creó Gustavo quedó en su computadora, la de Flavio en la suya y la mía la tengo yo. Si quisiéramos hacer algo, tendríamos que recuperar esas máquinas y tratar de rearmar los temas con las pistas de cada uno.
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