
Luis Miguel: noche de estrella
Hoy, mañana y pasado mañana, en el estadio de Vélez Sarsfield, el exitoso rey de la balada brindará el mismo show que, anteanoche, hizo delirar a Córdoba
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CORDOBA.- Fueron cien minutos de alto impacto. Un show a la medida de una estrella que no sólo brilla por su voz, sino también porque ofrece una puesta escénica de calidad superior, en la que se miden con obsesión todos los detalles. Sonido impecable, colores estridentes y efectos visuales perfectamente sincronizados para un espectáculo que comenzó en el escenario y se extendió a todo el estadio mundialista, colmado por unas 16 mil personas.
Más pop que en los últimos tiempos, pero sin descuidar su perfil de romántico empedernido, Luis Miguel presentó anteanoche, por primera vez en la Argentina, su último disco, "33", que apenas salió a la venta trepó al primer puesto entre los más vendidos.
Después de su presentación en Chile, el mexicano vino a renovar el romance con sus incondicionales, muchas de las cuales compraron las entradas para el show con un mes de anticipación, agotando en pocas horas las plateas de 200 pesos. Miles de ellas, incluso, viajaron en contingentes desde Salta, Jujuy, Santiago del Estero o La Pampa para verlo en persona. Las amenazas de lluvia de la primera hora no detuvieron a nadie y después, un cielo estrellado las acompañó hasta el final.
Bastaba con ingresar al estadio para llevarse la primera sorpresa. El monstruoso escenario, en el que trabajaron unos 200 técnicos, aparecía decorado con unas antorchas o velas gigantes (que tal vez olían a vainilla, como le gusta a Luismi ), de color naranja estridente. La luminosidad de esas llamas, propias de un altar, parecía absolutamente real.
Sin embargo, cuando Luis Miguel apareció en escena, exactamente a las 21.42 (sólo doce minutos después de la hora prevista), se comprobó que el fuego no existía, sino que se trataba de una serie de pantallas de altísima fidelidad que ofrecían imágenes con una nitidez incomparable. Y todo el despliegue de colores y formas se concentró en esas seis pantallas, separadas entre sí por dos escalinatas que llevaban al rey a un pedestal superior.
Sobre ese pedestal apareció, vestido de saco y corbata negros, flaco, bronceado, con la sonrisa más blanca que nunca, y cantando "Vuelve". El público estalló por primera vez, levantando en alto los miles de globos blancos que se regalaban en la entrada y agitando remeras y pañuelos rojos, tal como el mexicano había pedido.
A sus costados, las pantallas mostraban imágenes de un mar turquesa y otros paisajes increíbles (la mayoría parecían tomas del caribe mexicano), que se movían al ritmo de la música. En el centro, la pantalla más grande reproducía los gestos del cantante, acercándolo hasta la más lejana de las plateas.
Sin pausas, desgranó "Amor", "Ahora que te vas", "Perfidia" y "Eres". Sólo entonces le habló al público, saludando a Córdoba y agradeciendo la presencia de la multitud. "Es un gran placer estar acá; 33 años de vida y más de 20 cantando." Con un par de frases afectuosas rompió el mutismo que se impuso desde que llegó al país, el lunes último, y fue suficiente para restablecer el diálogo con su gente.
Es que las fanáticas de la primera hora, esas que lo vieron por lo menos cuatro veces, ya saben que Micky no acostumbra a tirar besos ni a firmar autógrafos. Por eso esta vez no hubo motines en la puerta del hotel donde se alojó y, en cambio, todas hicieron la vigilia siguiendo cada paso a través de la televisión, que sólo tenía a disposición imágenes de ventanas herméticamente cerradas y oscurecidas con cortinas negras.
Rodeadas de misterio, las horas que Luis Miguel pasó en Córdoba dispararon todo tipo de versiones y trascendidos. A duras penas conocieron detalles sobre el número de personas que lo acompañaban, las películas que pidió ver y las horas a las que comió. Y cuando el chef del hotel atinó a dar precisiones sobre el menú, amenazaron con despedirlo de su trabajo.
Como si hubiera reservado toda su energía para el show, en escena se lo vio contento, afectuoso y de buen humor. Incluso cuando dijo que haría temas nuevos y otros que no canta "desde hace más de 15 años" sonó como un regalo dedicado a las seguidoras de la primera hora.
Así repasó canciones de todos los discos y todas las épocas. Canciones de antaño, como "No me puedes dejar así" y "Entrégate"; los infaltables boleros de Armando Manzanero y un enganchado de viejos éxitos, tales como "No culpes a la playa", "La chica del bikini azul", "Cuando calienta el sol" y "Si no supiste amar". Todo sin interrupciones, pese a que tuvo dos cambios de ropa, y potenciado por la fuerza de las imágenes proyectadas, a veces estridentes y a veces sensuales, según el clima que requería la ocasión.
Cambio de ropa
Y cada gesto y cada gota de transpiración agigantados en la pantalla que estaba a sus espaldas. Un Luismi cercano e inalcanzable a la vez. Sólo a mitad de la noche, cuando se ausentó cinco segundos para cambiarse el ambo negro por una camisa semidesprendida, las pantallas mostraron por primera vez a alguno de los once músicos que integran la banda.
Cuando regresó con el look sport, aparecieron las nuevas "Con tus besos", "Nos hizo falta tiempo" y "Qué tristeza", todas baladas del último trabajo, que arrancaron suspiros y hasta lágrimas.
Anticipando el final, cayó de rodillas y se recostó sobre el escenario, llevando el entusiasmo femenino a punto de éxtasis. Y para cerrar, una lluvia de serpentinas y papel picado fluorescentes cayó desde el escenario y se esparció por el aire, mezclándose con el fervor de la platea.
"Muchas gracias, hasta la próxima, los quiero, gracias", se despidió sonriente, al tiempo que arrojaba remeras negras con su foto desde el escenario. Ya había bailado, saltado y hasta tocado las manos de las fanáticas de la primera fila. Parecía el adiós. Sin embargo, tras el consabido apagón de luces, regresó con "Te necesito" para despedirse de verdad.
Se habían cumplido los cien minutos establecidos por contrato. Las chicas, lejos de resignarse, suplicaron mil veces por una más. Recién se calmaron cuando advirtieron que las tres camionetas que lo transportaron estos tres días partieron raudas hasta perderse en la oscuridad de la noche.
Para agendar
- El show: está compuesto por un espectacular sistema de luces y pantallas digitales en las que se proyectan imágenes del Caribe y que siguen todos sus movimientos en escena. Presenta los temas de su último CD, "33", y clásicos.
- Las fechas: las puertas para los conciertos en el estadio de Vélez, de hoy, mañana y pasado mañana, se abrirán a las 18.30. Los conciertos comenzarán a las 21.30, salvo el del domingo, que arrancará a las 21. Para mañana, las localidades ya están agotadas y quedan pocas entradas para las restantes fechas.
- Los precios: campo y general ($ 30), platea alta ($ 50), platea baja ($ 70), platea preferencial ($ 90), Vip ($ 140), Vip preferencial ($ 160), Vip gold ($ 180). En venta, en el estadio o por Ticketek al 5237-7200.
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