Marcus Miller, el poeta del bajo en el jazz
Se presentará con su grupo mañana, en el Sheraton Hotel
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En un año pleno de jazz no podía faltar la presencia de quien es el bajista más completo de la escena internacional, Marcus Miller, un prestidigitador y poeta del bajo, instrumento al que logra arrancarle desde las más dulces melodías hasta los sonidos más ásperos.
Miller actuará mañana, a las 22, en el salón Libertador del Sheraton Hotel junto a Roger Byam en saxos, Michael Stewart en trompeta, Leroy Taylor en teclados y sintetizadores y Nissan Stewart en batería.
Este bajista, sobrino del gran pianista Wynton Kelly, tocó con Miles Davis, Bill Evans, George Benson, Wayne Shorter y con el mismísimo Frank Sinatra. Es un músico de amplia formación técnica y que, además de eximio instrumentista, es compositor y productor.
Es neoyorquino, nacido en Brooklyn, aunque a los diez años se mudó con su familia a Jamaica para luego retornar a Queens, cerca de su barrio natal. Desde allí, conversamos con él y a continuación transcribimos la entrevista:
- ¿Cómo fue su experiencia con Miles Davis?
-Toqué en su banda unos dos años cuando tenía 21. Luego me alejé, pero volví unos años después y comencé a escribirle canciones y a producirle discos. Fue una etapa muy linda de mi vida, porque aprendí muchísimo a escribirle canciones y a producirle discos. Fue una etapa muy linda de mi vida porque aprendí muchísimo a su lado.
- ¿Qué le pedía Davis como músico y cuál era su búsqueda de sonidos?
-En realidad no me decía mucho. Simplemente me destacaba lo que le gustaba de lo que yo hacía... y lo que no le gustaba (ríe). Básicamente me dedicaba a crear lo que pudiese y lo interpretaba para él. Con suerte le gustaba y seguíamos para adelante, y si no volvía a probar. De vez en cuando, cuando componía para él, me decía que escribiera una nueva sección en determinado lugar de un tema, o que quería escuchar un piano aquí o allá... cosas así.
-¿Recuerda alguna anécdota de esos días?
-Un momento especial que recuerdo haber disfrutado con Miles fue durante la grabación de un disco llamado "Amandla". Estábamos en el estudio y por esa época Miles no quería tocar más jazz de estilo tradicional..., pero ese día en el estudio estábamos zapando y levantó cuatro dedos de su mano (significaba que tocáramos en 4) y tocamos... él y yo. Y tocó y tocó, acorde tras acorde... Bellísimo. Era la canción llamada "Mr. Pastorius" y le salió tan bien que llamé a Al Foster, el baterista, y le dije: "Tenés que venir al estudio y escuchar lo que acaba de hacer Miles". El vino y, tras escuchar la grabación, dijo: "¡Wow, no toca así desde hace mucho tiempo!" Estuve muy feliz de escuchar eso.
-¿Cómo se siente habiendo grabado 400 discos, sumadas sus participaciones en trabajos ajenos?
- ¡Demasiados! (ríe) Lo que pasa es que cuando vivía en Nueva York tocaba todos los días el día entero, en distintos discos. En esa ciudad los estudios de grabación están tan cerca uno de otro que te permiten hacer un montón de grabaciones por día: terminás en uno, cruzás la calle y llegaste al otro. Yo estaba muy ocupado, y fue otra etapa muy linda de mi vida porque aprendí tanto al estar en contacto con semejante cantidad y diversidad de gente. Fue divertido.
-¿Se considera un músico de jazz o de fusión?
-Toco música funk, toco jazz y toco fusión, y lo que generalmente hago es algún tipo de combinación. Lo que me gusta del jazz es la improvisación, adoro la armonía. Del funk me gustan los ritmos. Normalmente trato de combinarlos.
-- La tecnología, ¿no puede estar quitándole la esencia al jazz, es decir, ese mundo de improvisación?
-Sí, le quita, pero también le agrega. Vivimos en una era tecnológica y la música tiene que sonar como el mundo. Creo que uno tiene que ser muy inteligente en la forma en que usa la tecnología. Durante mis primeros años y mi adolescencia solía escuchar a Herbie Hancock y los Headhunters, que usaban un montón de sintetizadores y lograban una música bellísima, lo mismo que Stevie Wonder: mucho sintetizador y aún lograba hacer música linda y humana. Uno tiene que encontrar el balance para que la tecnología no tome por completo tu música, sino que la enriquezca.
-La existencia de tantos lenguajes, ¿no pueden estar hablando de una lenta declinación?
-Bueno, en realidad pienso que en general la gente cree que hay más lenguajes de los que realmente hay. Creo que varios de estos títulos son creaciones de distintos escritores (ríe), son nombres distintos para las mismas cosas. Todo lleva a los mismos sonidos y la diferencia radica en acentuar más los tambores o las trompetas, pero realmente es todo lo mismo.
El problema -sigue- es que los escritores les han dado todos estos distintos nombres y le hicieron creer a la gente que existe esa cantidad de diferentes subgéneros cuando en realidad se trata de buena música o mala música. Incluso la palabra jazz... Los músicos no crearon esa palabra, algún escritor lo hizo (ríe), intentando describir la música. Los músicos no se toman el tiempo de nombrar su música ni de ponerle títulos porque están muy ocupados creándola.
-Hábleme de su educación musical.
-Mi padre es un músico que tocaba el órgano en la iglesia y su primo tocaba el piano con Miles, en los años 50 y 60, se llama Wynton Kelly. Comencé a tocar el clarinete cuando tenía 10 años, y continué haciéndolo durante mi época de escolar y luego de universitario. Cuando tenía 13 años empecé a tocar el bajo, pero lo aprendí por mi cuenta, en las bandas de garage en Nueva York. Asistí al High School of Music and Art donde conocí a varios músicos, porque de ahí salen muchos talentos.
-¿Cuándo descubrió el bajo?
-Cuando empecé a meterme en los ritmos del R&B me interesé por el bajo, porque era un instrumento muy importante para ese estilo musical en esos años. Una vez que lo toqué supe que era el instrumento más adecuado para mí.
-¿Qué pasó con el clarinete?
-Tenía que seguir tocándolo porque no podía tocar el bajo eléctrico en el colegio, no lo consideraban un instrumento legítimo. Por ende, tenía que continuar con el clarinete para poder seguir recibiendo educación musical, algo que yo consideraba muy importante para mi futuro. Entonces tocaba el clarinete en el colegio, y el bajo en casa y con mis amigos.
-En su opinión, ¿se aprende más tocando música o estudiándola?
-Creo terminantemente que hay que hacer ambas cosas. Si sólo se toca, faltarán cosas, y si sólo estudiás faltarán cosas también. Hay que estudiar y también hay que salir al mundo real y tocar.
-¿Cómo o cuándo decidió convertirse en músico?
-Tenía unos 15 años, hacía dos que tocaba el bajo y ya era suficientemente bueno para trabajar. Entonces supe que esto era lo que quería. En ese entonces ya ganaba algo de dinero... todos mis conocidos trabajaban en restaurantes de comidas rápidas y yo tenía un trabajo, como intérprete de música, que amaba y por el que me pagaban. Mis padres me dijeron que tenía suerte porque me pasaba algo bastante inusual en el mundo, que pocas personas tenían el privilegio que yo poseía: hacer lo que me gusta y que me paguen por ello.
-Es músico, productor y compositor...
-Para mí es simplemente escuchar música en mi cabeza y luego concretarla en la vida real. Primero debo escribirla, luego la arreglo, después la produzco y mezclo (ríe). Hago todo lo que sea necesario para que me salga bien. No encuentro las diferencias o los límites entre ser músico, productor y compositor... Las tres partes conforman mi entero.
-¿Qué está haciendo actualmente?
- Acabo de terminar la producción de un disco de Take 6, que es un grupo local, y estoy empezando con el sonido de una película.
-Ha realizado bastantes trabajos para la industria cinematográfica...
-Sí, me interesa bastante y me divierte porque me da la oportunidad de probar cosas, ideas, que normalmente no intentaría, diferentes orquestaciones. Por ejemplo, un tema puede demandarme determinado instrumento que normalmente no utilizo. A veces pruebo más cuerdas y luego disfruto usándolas en mis siguientes discos, cuando antes no las usaba. Lo que pasa es que por ahí las experimento y me enamoro de sus sonidos. Incorporé esas nuevas cosas en mis discos, pero todavía no las introduje en mis espectáculos en vivo porque creo que llevar violines ya sería demasiado (ríe); sí lo hago en mis grabaciones y me divierto muchísimo.
-¿Cómo fue el tributo a Davis que se hizo recientemente en el Montreux?
-Estuvo lindísimo. Había muchísimos músicos... Herbie Hancock, Wallace Roney y yo, entre otros. Creo que hablo por todos los que estuvieron presentes cuando digo que pasamos un muy buen rato, y el público se emocionó bastante.
-¿Qué interpretará en Buenos Aires?
-Voy a presentar mi último disco, "M2 (M Squared)", y obviamente voy a tocar temas anteriores. Tengo tanto de donde elegir: mis discos pasados, el material de Davis... Normalmente nos divertimos bastante eligiendo el repertorio y, luego, interpretándolo.
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