
Merecido reconocimiento al arte renovador de Eduardo Lagos
Es el pianista que cambió la cara a la armonía del folklore
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Sus metamorfosis lo llevaron a ser Ríos, Fuente y Arroyo, tres apellidos apócrifos que inventó su don humorístico. Pero el solo hombre y nombre verdaderos es Lagos. Eduardo Lagos. Una fuente de ideas renovadoras en la música de tierra adentro, de la que manó el rumoroso arroyo de notas inaugurales, que con los años fue convirtiéndose en un río cuyas aguas fueron acogidas en el remanso de un lago en el que reposan los recuerdos.
Eduardo es el mismo que a los 16 había compuesto en su piano el aire de cueca "La bacha", que alcanzó cierta difusión en 1949. El que en 1953 dio a conocer "La séptima" y poco tiempo después, "La novena", sin alusión alguna a sinfonías, sino a los intervalos que forman esos acordes. De ambas chacareras se conoció "La séptima". "La novena" quedó en el olvido. Pero en compensación llegó, en 1956, "La oncena", que lanzó a la popularidad Mercedes Sosa, y que siguieron interpretando varios pianistas y pocos cantantes.
Aunque su nombre no conquistó la fama, sí alcanzó el prestigio. Si se lo conoció en el trío Juárez-Quiroga-Ríos, en el ´56; si luego se mostró, ya como Arroyo o Fuentes, junto a aquellos primeros Nocheros; si supo tocar junto al magnífico Waldo de los Ríos y orquesta, jamás llenó grandes teatros. Como Leguizamón; como Piazzolla.
Las lides de Lagos -que sólo registró cuatro discos en su trayectoria como pianista y compositor- fueron con músicos de primera agua. Formó parte del antológico LP "Así nos gusta", con Piazzolla, Cardozo Ocampo, Agri y otros grandes, en 1968. Nos dejó una grabación de su trío con González Lapouble: "Condimentos" (título que es otra de sus humoradas), en el ´79. Al año siguiente grabó "Pianisssimo" (con tres eses) a cuatro manos con Oscar Alem, y a mediados del ´85, junto a Jaime Torres, nos dejó el testimonio de "Chaypi" (charango y piano).
Por allí tocó la chacarera náutica exatonal (de tonos enteros) "Con amuras a estribor", dedicada a un amigo marinero, que algún distraído leyó "con achuras a estribos"...
Bueno, exactamente a ese músico que marcó nuevos rumbos a la música de proyección folklórica está dedicada la noche en la que confluyen pianistas de la talla de Emilio de la Peña, Oscar Alem y Lilian Saba. Aunque faltan otros talentos, como Guillermo Zarba, Marcelo Perea, Nora Sarmoria y el mismísimo Manolo Juárez, que siempre habla maravillas de Lagos.
En reemplazo de los ausentes está, elegido por el propio Lagos, Juan Carlos Cambas, que organizó a su modo esta celebración del vanguardista.
Músicos inspirados
Cambas, un pianista sutil, refinado, musical como pocos, preside el festejo con su grupo, formado por los inspirados músicos Mariano Prosdócimo en percusión, Pedro Borgobello en quena y clarinete, y Silvio Fraga en guitarra. Un carnavalito, una zamba y una chacarera dan cuenta de un cuarteto de admirable ajuste y musicalidad. Con ellos, María Lombas canta bien una vidala urbana. Le sigue la deliciosa pianista Lilian Saba, que empieza como corresponde, con el bailecito de Lagos "Cuando los gauchos vienen bailando", para internarse luego en su desafiante chacarera "La ladeadita" y terminar con su chaya incisiva y vanguardista "Para empezar a volar".
En un momento, la cordobesa Lidia Barroso se anima con "La pomeña" y canta notas que se le parecen un poco. Por allí aparece una zamba heredera del Cuchi, "Sol y romance", y el elegante gato "Pueblito del amor eterno, que toca Chiodi con bombo.
De pronto surge la enfática declamación de Alfredo Urquiza sobre la "gente necesaria", poema de Lima Quintana, como prólogo a la actuación de Suma Paz. Aunque muchos se pregunten por la presencia de la voz yupanquiana en este contexto de homenaje a un adelantado del folklore como Lagos, Suma se roba al público entonando con unción temas de don Ata, como las bellísimas "Guitarra, dímelo tú" y "El niño duerme sonriendo". Pero su mayor revelación será cantando sin guitarra. Primero una milonga propia junto a Cambas, "Pampa escondida", o recreando deliciosamente con Oscar Alem "Campana de palo", de María Elena Walsh -más vigente que nunca-, y "La añera".
Llegará entonces el momento más deseado. Alem toca con Lagos a cuatro manos la clásica zamba "La López Pereyra", la chacarera "La humilde" y el bailecito "El pajarito". Una maravilla. Difícil describir la riquísima paleta armónica de Alem. Inenarrables las mil ocurrencias que le tira a Lagos desde las notas medias y bajas para que desenvuelva firuletes en las notas agudas del teclado con la mano derecha y esporádicamente con la izquierda. Lagos, que pensó tocar un solo tema porque no está ya con sus mejores dedos, se prende con ganas al delicioso juego. Son dos grandes que han confluido allí para el delirio de todos. Lagos se lo merecía.
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