
La artista elogia a Café Tacvba por no tocar más “La ingrata” y cuenta el origen de “Paren de matarnos”
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“Por más que yo me pueda poner a hablar de giladitas, hay contenidos que se imponen”, dice Paz Ferreyra, más conocida como Miss Bolivia, acerca de las letras de su último disco, Pantera. Otra vez con Guillermo Beresñak en el estudio -fue el productor de sus primeros dos álbumes, Alhaja y Miau-, la artista profundizó el perfil combativo de sus canciones y le puso la cortina musical a la lucha del colectivo Ni Una Menos con “Paren de matarnos”. “Busco retratar postales de actualidad, contenidos urgentes que no son comunicados por los medios mainstream”, explica MB que para escribir este disco reflotó su pasado como periodista y se convirtió “en una especie de cronista de la vida cotidiana”. “Considero que de ese modo las letras pueden devenir en armas de transformación social. Herramientas más que armas... pero bueno, estamos en plan de lucha en este momento, así que podría decir son armas también.”
¿Cuándo nace “Paren de matarnos”, la canción de Pantera que funciona casi como un himno del movimiento Ni Una Menos?
“Paren de matarnos” nace con el caso de las dos chicas asesinadas en Montañita, Ecuador. Yo estaba siguiendo el caso. Retuiteaba la búsqueda todo el tiempo y se me fue haciendo carne. La horrorosa noticia de que habían encontrado muertas a las chicas me pegó en el cuerpo mal. Fue algo re denso, me pegó espiritualmente y lloré un montón. Me agarró lumbalgia, me tuvieron que llevar al hospital y estuve tres días en cama. En ese tiempo tuve que hacer un proceso de sanación propio. Dije: “O esto lo hago canción o me voy a morir acá, de tristeza y dolor”. Venía de componer mucho de manera autorreferencial y ésta canción fue uno de los primeros ejercicios fuertes de despersonalización y hablar como si fuera otra persona. Aunque no fue tanto hablar como otra persona porque cada vez que hay un femicidio nos matan a todas. Escribí la letra, la subí como homenaje el 3 de junio de 2016 a las redes porque no tenía música, y cuando llegó el momento de ponerle música, no me salía otra cosa que no fuera medio punk, medio de protesta.
¿Qué pasa cuando la tocás en vivo?
Nunca la canté en vivo todavía. La vengo recitando en todos los shows hace seis meses y, ya sean las 7 de la tarde en un show municipal o en un boliche a las 3 de la mañana, es un momento en el que no vuela una mosca.
Marta Dillon participa en el álbum. ¿Cómo se dio esa colaboración?
Antes de dedicarme full-time a la música, fui psicóloga como una década y escribí un tiempo largo de forma intermitente en Página/12. Ella era la editora de ahí. Teníamos una relación profesional, después nos unió la militancia y somos compañeras de lucha. A Marta la admiro en su pluma, en su cabeza, en su corazón y en sus ovarios. Es una referencia, un modelo de lucha para mí. Pensaba que estaba bueno incluir su presencia y su voz más que yo recitando algo de ella. Le pedí si no me podía mandar sus escritos y llegamos a esta versión que se llama “Que la rabia nos valga”. Me parecía que estaba re bueno como coda de "Paren de matarnos".
Café Tacvba decidió no tocar más en vivo “La ingrata” porque cuenta una historia que termina en un femicidio. ¿Pensás que falta más gestos de ese tipo por parte de los artistas y bandas?
Hace falta que las bandas tomen otra posición. Somos muchas las mujeres que hablamos sobre esto, pero me parece re interesante y valioso que los artistas varones hablen y luchen por estas cosas. En la era de los influencers, la sociedad es permeable todo el tiempo a lo que dicen sus artistas comunicadores. Cuanto más comunicación haya sobre este azote global que vivimos las mujeres como comunidad mejor. Falta más y cada vez que hay una acción de este tipo, me parece bien y lo aplaudo. Es momento de barajar y dar de nuevo. Tenemos paradigmas muy enfermos y demasiado obsoletos. Hay que volver a poner en fase estas cosas en relación a la actualidad, y sí, obvio, no sólo los femicidios que es como el extremo pero que a su vez es la moneda de cada día. Hay micromachismos que son tan orgánicos que nosotros como sociedad los loopeamos. Estos pequeños micromachismos que están en todos lados, en la esfera pública, privada, en los medios de comunicación, en nuestras formas de consumo, están impregnados por esta sintomatología de violencia de género en todas sus formas, ya sea simbólico, verbal, de hecho, económico. Creo que todo el tiempo hay que insistir sobre esto, cada uno con su aporte, y el mío es el arte. Tengo colegas que son DJs que ya no pasan música de Cordera y esa es su forma de decir "yo soy esto" y " yo no soy esto". Hasta en la forma de seleccionar qué canciones vas a pasar te estás manifestando.





