
Monólogo del contrabajo
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Presentación en el ciclo "Monólogos tecnológicos", del CETC, del Teatro Colón, de la obra "Oltracuidansa", compuesta por el contrabajista Stefano Scodanibbio, con Jorge Gangi en luces. Hoy, a las 17, en el Margarita Xirgu, Chacabuco 875.
Nuestra opinión: bueno
Ultima parte de este encuentro de monologuistas, organizado por el Centro de Experimentación del Teatro Colón, en la sala Margarita Xirgu. El cierre de esta serie fue la propuesta del contrabajista italiano Stefano Scodanibbio, un músico muy activo en la escena europea y que trajo a Buenos Aires "Oltracuidansa", una obra de tono exploratorio sobre las diferentes tímbricas de su instrumento conjugadas con un cuidadoso trabajo de luces y de secuencias grabadas que le dieron la necesaria envergadura sonora al proyecto.
Nuevamente, como en el caso de los anteriores protagonistas de estos monólogos, la historia tiene un fuerte componente teatral. Se trata, casi, de una performance en la cual el músico deviene en actor con su instrumento. En este caso, el artista había prometido explorar al máximo la animalidad de su instrumento, un double bass (un contrabajo 2/4) algo más pequeño que los habituales y de una notable sonoridad. Un mueble fino del que sacará sonoridades rugosas, planas, contrastes y hasta pequeños barridos, como si se tratase de un pequeño elefante.
De todos modos, el abordaje que propuso Scodanibbio fue más actoral que instrumental. Si la búsqueda era que del contrabajo aflorara su animalidad, resultó que ese animal ya está domesticado. Un criterio minimalista de exploración, de pequeñas arquitecturas sonoras que carecieron del brote animal, pero que fueron exquisitamente iluminadas. Precisamente, gran parte del magnetismo de esta obra recayó en el trabajo de la luz, inflexible y con un espíritu que combinó una atmósfera, por momentos de suspenso, con otros espacios para la relajación.
Las secuencias grabadas fueron las que nos recordaron una multitud de sonoridades, quizá todas, provenientes del propio instrumento, pero que tomaron casi el lugar de un ruidoso motor para esta obra. El sonido yendo de un baffle a otro generó en la sala una sensación de movimiento y circularidad, apañado por el juego de la luz.
El contrabajo solo en el escenario, sobre un pequeño estrado, habla de su protagonismo. Baja la luz y cuando vuelve Scodanibbio está listo para azuzar a su bestia. El arco en la derecha; la izquierda en posición sobre el diapasón prenuncian, equivocadamente, el duelo. Fue una lucha simulada, ya que no hubo enfrentamiento; si no, más bien, un acercamiento, por momentos desconfiado y en otros displicente.
El poder de la batuta
La obra tuvo equilibrio pues no hubo altibajos entre el protagonismo del contrabajo, con las secuencias grabadas ni con las luces. El músico terminó por parecer un director de orquesta con una batuta en forma de arco con la que llevó sonidos nada musicales, más bien, fue como descubrir las capacidades interiores de un instrumento que alcanzó a reproducir voces humanas.
Las luces generaron una complicidad estudiada entre el instrumento y el auditorio que perdía en ocasiones contacto visual con el protagonista para quedar en manos del sonido lanzado desde los equipos.
El resultado tuvo, al menos, dos lecturas: lo apropiado de una búsqueda sonora y la potencia de la obra.
Por un lado, Scodanibbio transita en una dirección que revela una orientación interesante; por el otro, mostró ideas de una potencia creativa entre imagen y sonido.
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