Natasha Binder: digna heredera de una estirpe

La pianista de 10 años, sobrina de Sergio Tiempo y bisnieta de Antonio de Raco, actuará mañana en el Colón
Verónica Pagés
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17 de agosto de 2011  

El árbol genealógico musical de Natasha Binder la precede con mucha pompa, pero a ella parece no importarle. Se mueve con la liviana soltura de una nena de 10 años a la que muy naturalmente le viene en ganas tocar el piano, y que lo hace de maravillas.

Natasha -que nació y vive en Bruselas- es hija de Karin Lechner, sobrina de Sergio Tiempo, nieta de Lyl Tiempo y bisnieta de Antonio de Raco y Elisabeth Westerkamp. Mucho linaje pianístico como para poder escapar a su mágico embrujo. Pero Natasha tampoco quiso hacerlo; de hecho, a los dos años ya empezó a pedirle a su abuela que le enseñara; a los tres, pudo haber participado de su primer concierto con los alumnos de su jovial abuela, pero los nervios le jugaron una mala pasada y lo dejó para el año siguiente. Entonces sí, a los cuatro, participó de esas muestras de fin de curso que ya la encontraban más confiada y contenta. A los siete debutó como solista junto con una orquesta en Londres, y el año pasado, hizo lo propio en el Teatro Colón. Tremendo currículum para esta niña espigada de ojos vivaces y risa fácil. Ella como si nada. En la entrevista con LA NACION se pasea entre las butacas de la platea del Colón encantada de poder ver el teatro desde una nueva perspectiva: "Es que nunca bajé, sólo estuve en el escenario", dice con pasmosa naturalidad.

Y es allí donde volverá mañana, a las 17, para interpretar el Concierto para piano y orquesta, de Edward Grieg, junto con la Orquesta Académica del Teatro Colón, con la dirección de Francisco Noya. El programa se completará con obras de Stravinsky, Ives y Ravel.

"Me acuerdo perfecto el día en que Babasha, que es como llamo a mi abuela Lyl, me mostró los primeros acordes, y me dijo: «¿Sabés tocar esto que es muy grande?» Yo toqué, pero no sabía lo que era... «¿Es Rachmaninov 3?», le pregunté. «No, el concierto de Grieg». Me entusiasmé y nos pusimos a trabajar de inmediato, y llegó un día en que le dije que sería lindo tocarlo con orquesta en el Colón. Lo dije como un sueño, un deseo, y aquí estoy", cuenta Natasha, sobre una escena que sucedió hace bastante menos de un año.

–¿Cómo te organizás? ¿Cómo es un día cualquiera de tu vida?

–Me levanto muuuy temprano para ir al cole donde estoy hasta las cuatro de la tarde, pero como voy a un colegio que tiene una pedagogía muy artística no nos dan casi tareas hasta el último grado de primaria. De ese modo, nos dejan ese espacio para hacer otras cosas. Entonces, ahí me siento al piano con mi abuela, en mi casa, y estamos dos horas más o menos estudiando.

–¿Y no estás cansada? ¿Tenés ganas de verdad?

–Me encanta, la paso bien tocando el piano; lo único... soy un poquito de angustiarme con el tiempo; soy impaciente y cuando me pongo a tocar digo: «¡No voy a llegar! ¡me tengo que lavar el pelo! ¡tengo mucho hambre!» La sensación es que nunca me va a alcanzar el tiempo para hacer todo lo que quiero ¿Por qué el día tiene sólo 24 horas? [dramatiza Natasha y se muere de risa].

–¿No le pedís ayuda a tu mamá en esos casos?

–¡Sí!, mi mamá hace de asistente, pero también de filarmónica, de segundo piano...

–Fuera de tocar el piano, ¿qué te gusta hacer?

–Me apasiona la fotografía, así que, cuando puedo, salgo a hacer fotos. Eso me gusta de verdad. Antes decía que me gustaba esto y lo otro y lo otro..., pero dejé varias cosas de lado, como el teatro y la danza africana; me bajó el entusiasmo. Es mejor hacer una cosa bien, que varias mal... Quizá si fuera una multitalentosa sería más fácil, pero yo prefiero elegir y concentrarme en una cosa.

–¿Qué compositor te estimula más, te emociona más tocar?

–Siempre el nuevo. Cuando empiezo a trabajar con una obra, siempre es la preferida. Las que ya conozco me encantan, pero lo nuevo mucho más... ahora lo máximo para mí es Grieg. Y siempre me pasa lo mismo con las nuevas obras, con los nuevos compositores.

–¿Qué otra música escuchás?

–Me gusta todo, menos el ruido; eso se resume en que me guste muy poco. En mi iPod tengo mucho de clásica y algo de otras cosas. Antes, por influencia de mi hermano de 20 años tenía otras cosas, muchas que ni siquiera sabía de quiénes eran; pero ahora las fui cambiando, fui armando mi propio repertorio y tengo mucho clásico. Aunque debo reconocer que para el viaje que hicimos con mis compañeros de la escuela a esquiar llevé un disco que me compré con varios artistas pop, pero también uno que grabaron mi mamá y mi tío.

Termina la entrevista y Natasha les pregunta a su mamá y a su abuela adónde van ahora. La espera un Buenos Aires ¡¡¡guauuu!!! –como ella dice– para seguir descubriendo. Es que más allá de la bella, prolija y contenedora Bruselas, y más acá de los tres idiomas que habla a la perfección, las raíces son las raíces, y Natasha, como cualquier nena, muere por un helado de dulce de leche de alguna de las heladerías de la populosa avenida Corrientes.

ASUNTOS DE FAMILIA

  • 1. COSA DE HERMANOS. Juntos, Sergio Tiempo y Karin Lechner, tío y mamá de Natasha.
  • 2. LOS TIEMPO. Karin, papá Martín, Sergio y mamá Lyl.
  • 3. COSA DE CHICAS. Karin y Lyl, madre y abuela.
  • 4. PADRE E HIJA. Karin Lechner, al piano, con su padre, Jorge.
  • 5. EL BISABUELO. Antonio de Raco, padre de Lyl y abuelo de Karin, en un concierto de 2005.
  • 6. EN EL COLON. Natasha saluda, tras su presentación de junio del año pasado, junto con la Orquesta Filarmónica.
  • PARA AGENDAR

  • Natasha Binder: junto con la Académica del Teatro Colón, con dirección de Francisco Noya. Teatro Colón, Libertad 621. Mañana, a las 17. Gratis. Informes: 4378-7109.
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