
Navegar por los sonidos del Litoral
Liliana Herrero, con un nuevo CD
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Derivar como el río, como un jangadero. Así, derivando por ese territorio inventado por su memoria, la cantante entrerriana Liliana Herrero navega por su propio "Litoral", un mapa trazado por los recuerdos de la infancia en Villaguay, la poesía de "Juanele" Ortiz y las canciones de autores de esta región como Ramón Ayala, Chacho Müller, Osiris Rodríguez Castillos, Coqui Ortiz y hasta Fito Páez, que conforman este ambicioso álbum doble.
Sorprendente por donde se lo mire, o se lo escuche, el proyecto "Litoral", que la cantora presentará mañana y pasado mañana en el Ateneo, llevó dos años de viajes, vivencias y grabaciones con músicos del Chaco, Misiones, Paraná, Entre Ríos, Uruguay y Rosario para reconstruir la atmósfera de un imaginario litoraleño virgen, selvático e inexplorado. "No quería hacer un trabajo antropológico, sino rescatar un clima litoraleño. En el camino fueron pasando muchas cosas y el disco terminó siendo una gran asamblea de músicos del Este", describe la artista.
En esa invención de un territorio musical propio, Liliana Herrero evoca los orígenes de esa antigua embarcación fluvial, de origen malayo, llamada jangada (palabra que viene del sánscrito). La imagen de la jangada la cautivó de tal manera que le permitió cerrar el concepto de su nuevo material. "Originalmente, el disco se iba a llamar «Proyecto Jangada», por lo que traslada y lo trasladado. Esa imagen acuática siempre me gustó. Pero finalmente decidí llamar al proyecto «Litoral», para hablar de las orillas y "de las vidas construidas a las veras de los ríos Paraná y Uruguay", sostiene la artista, que primero bocetó el disco en papel y después lo empezó a trabajar con su guitarrista Diego Rolón, alma mater de los arreglos.
Trabajando con la memoria, le apareció el recuerdo de su padre cuando recitaba un poema de Carlos Mastronardi, "Luz de provincias", y esos primeros versos: "Un fresco abrazo de agua te nombra para siempre...". Con el tiempo un amigo le regaló el libro de Mastronardi y registró los efectos que causa la memoria. "Ahí pude leer -dice la artista- «Un largo abrazo la nombra para siempre». Cuando apareció esa poesía quise hacer el tema con las dos versiones del poema y generar un disco abrazador de esa tierra unida por los ríos del litoral Paraná y Uruguay, que son los brazos de los que me agarré para navegar."
-¿Hay una sensación de que en el folklore se navegó poco la música del Litoral y fue marginada del repertorio convencional?
-Las formas más conocidos del folklore que bajaron a las ciudades en los años cincuenta y sesenta tuvieron una fuerte hegemonía del Noroeste y de Cuyo. El folklore litoraleño que había llegado antes terminó yendo a las orillas de la ciudad. Muchas veces la gente del chamamé se queja de eso, pero siento que esa música tiene una conversación con la vida popular y política muy interesante. No lo siento como algo marginado, sino que es una música que fue a parar a los que viven afuera, fue al pobrerío. Y ahí ocurrió algo interesante: el sapucay apareció en las ciudades como un grito de guerra, cerca de la aparición del peronismo. Hay una imbricación fuerte entre la música del Litoral y la política, que no siempre nos gusta o aceptamos.
-Quizá no se acepta desde el prejuicio de su rasgo periférico y su componente migratorio.
-Es que la hegemonía del Noroeste fue muy fuerte, pero no quiero pensar el folklore sin el Cuchi Leguizamón, como tampoco puedo pensar el folklore del Litoral sin Ramón Ayala, que también tuvo una presencia fundamental en los años sesenta. Tal vez no pasó lo mismo con los chamameceros de formas instrumentales como Tránsito Cocomarola o Isaco Abitbol.
En esa navegación interior por la canción litoraleña se encontró con obras bellísimas, y con la posibilidad de ensanchar los límites litoraleños a Brasil y Uruguay. "El concepto de Litoral adquirió una dimensión más amplia que lo que hace a tres o cuatro provincias --argumenta la cantante-. Simplemente porque quería mostrar que en esta zona hay una complejidad cultural extraordinaria compuesta por sucesivas capas de inmigraciones y atravesadas por instrumentos que no pertenecen a la Argentina, y eso que no me metí con Paraguay, que tiene un patrimonio muy grande. Eso será para otro disco sobre el litoral del Norte. Ahí hay otro cofre de sueños para abrir", anticipa, sobre un posible álbum con más material de esa afluente musical guaranítico.
Llevada por la correntada de la región del Nordeste, Liliana Herrero se sumergió en las aguas más conocidas, acompañadas por amigos como Diego Rolón y artistas de varias ciudades litoraleñas, o lindantes, como Fernando Cabrera, Rubén Rada, Hugo Fatorusso, Carlos Aguirre, Fito Páez, Daniel Maza y Julio Ramírez, entre otros, que convocó especialmente para tocar en el disco. "Elegí centrarme en el este del continente y me pareció que esos dos ríos, el Paraná y el Uruguay, que vienen de más arriba debían confluir en sus artistas. Y hubo un montón de gente que faltó", señala, a pesar de que la lista de invitados es extensa.
Herrero fascina cuando, además de cantar, filosofa sobre su región y el lugar que ocupa desde lo musical. "Las clases más ilustradas de Buenos Aires aceptaron más fácilmente a las clases ilustradas de las provincias. Pero en este disco yo agregué al mapa musical a Ramón Ayala, Chacho Müller, Aníbal Sampayo, Carlos Pino... y me faltaron no sólo músicos, sino autores. Igual las revanchas aparecen." Su idea termina de cerrar definitivamente cuando recita, como lo hacía su viejo, el poema de Juan L.Ortiz: "Fui al río y lo sentía, cerca de mí, enfrente de mí".
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