Piazzolla reencarnado

Gary Burton y el quinteto de Piazzolla revivieron en el Gran Rex
Gabriel Plaza
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30 de mayo de 2009  

Piazzolla Reunión, recital de Gary Burton (vibráfono) y el Quinteto de Piazzolla. Músicos: Marcelo Nisinman (bandoneón), Pablo Ziegler (piano), Fernando Súarez Paz (violín), Héctor Console (contrabajo) y Ricardo Lew (guitarra eléctrica). Teatro Gran Rex.

Nuestra opinión: muy buena

Como si se hubiera mantenido en una cápsula aislada al paso del tiempo, el quinteto de Astor Piazzolla regresó al 2009 con esa misma intensidad y el espíritu "camorrero", de cuando estaba vivo su mentor y creador. Mucha de esa atmósfera de contemporaneidad se debe al futurismo de la obra de Astor, que sigue siendo vanguardia. El otro mérito se lo lleva la solvencia de un grupo de músicos que nació para tocar este estilo: Pablo Ziegler, Héctor Console y Fernando Suárez Paz -los tres integrantes del conjunto original- más el bandoneonista Marcelo Nisinman, el guitarrista Ricardo Lew y el vibrafonista Gary Burton completaron un ensamble, donde la estrella fue la obra de Piazzolla.

Gary Burton dedicó buena parte de su vida a estudiar el estilo de Piazzolla. Grabó un disco en vivo con el Quinteto Nuevo Tango de Astor en 1987 y, tras la muerte del músico marplatense, el vibrafonista editó otros dos materiales - Astor Piazzolla Reunión y Libertango - con los integrantes de su quinteto. Parte de esas composiciones y arreglos (escritos especialmente para el vibrafonista por Piazzolla), conformaron la lista de temas de este concierto Reunión Piazzolla .

Después de una década sin tocar con esta formación tanguera, la alianza creativa entre Burton y la obra del músico vuelve a tomar una dimensión notable. Aunque lo primero que salta a la vista en el concierto del Gran Rex es el carácter y la solidez interpretativa de este quinteto de músicos argentinos, que mantienen la herencia de Piazzolla a buen resguardo. El público recibió a Burton con una ovación cerrada (sus medallas como uno de los músicos de jazz más importantes no son en vano). Distinta fue la comunicación hacia los músicos del quinteto. Cada una de las intervenciones solistas de Nisinman (el papel más difícil de interpretar y que asume con la fortaleza de un gladiador), Ziegler (improvisando en el piano), Suárez Paz (con ese lirismo increíble y esos efectos de chicharra en el violín) y Console (arrastrando con ese tempo rallentat o a todo el grupo) fue coronada con un aplauso casi devocional, con cierto aire de revancha para los viejos seguidores de Piazzolla, y de exaltación total, para los que generacionalmente no alcanzaron a disfrutar de la experiencia intransferible de escuchar en vivo al quinteto.

La modalidad de esta formación, con lugar para la improvisación de sus instrumentistas, entre la fidelidad religiosa a los arreglos escritos (donde la diferencia la hace el intérprete), calza con el ánimo jazzero de un músico como Gary Burton, que sin embargo, en el concierto se ubica como una pieza más de ese engranaje musical.

Al principio, esa arrolladora máquina tanguera casi se devora al vibrafonista. Poco a poco, el norteamericano fue entrando en el pulso descomunal de la obra de Piazzolla. Hamácandose entre el sonido más agresivo de piezas como "Biyuya" y "Tanguedia", o variando en los melodismos de "Romance del diablo" (una obra bellísima) y "Libertango" (más acorde con el modernismo jazzero de Burton, donde su solo cobra vuelo), el concierto fue intensificando su clima ambiente.

La primera parte del recital, en la que no faltan las emblemáticas "Fuga y misterio", da paso al último tramo del show con momentos brillantes en "Buenos Aires Hora Cero", donde el trabajo de Nisinman es notable; "Contrabajísimo" con un Console azotando graves y utilizando con destreza el arco, y "Adiós Nonino", que recupera un solo de Ziegler que hizo escuela entre los pianistas de tango.

Se suele decir que los grupos sin su referente no tienen razón de ser. Esa creencia desaparece cuando el quinteto logra que la reencarnación de Piazzolla sea posible.

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