Robert Plant: "Hay doce notas en la música occidental y te dedicás a moverlas"

Tras salir airoso del juicio por plagio, el ex cantante de Led Zeppelin vuelve a enfocarse en su vida musical
Javier Martín
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18 de julio de 2016  

Crédito: Santiago Filipuzzi

Incluso en bermudas parece un gentleman. Robert Plant llega con un ejemplar de The New York Times en la mano y sin asomo de resaca tras la brutal actuación de la noche anterior. Las 10.30 de la mañana y despierto, como prueban sus ojos que persiguen cada mujer que se mueve por la piscina de su hotel de Cascais (Portugal).

Plant (nacido en Inglaterra en 1948) se siente un superviviente de una época en la que lo probable, en su profesión, era caer rendido. A sus casi 68 años -los cumple en agosto- el cantante y letrista de Led Zeppelin (1968-80) sigue en la carretera a su ritmo. Desde la separación de la mítica banda que acaba de salir airosa de un juicio por plagio, ha trabajado con el propio guitarrista del grupo, Jimmy Page (1994-98), con la cantante country Alison Krauss (2007-08) y con diversas bandas. Desde 2012 es acompañado por Sensational Space Shifters, con quienes por estos días se encuentra de gira por Europa.

–¡Una estrella del rock despierta a las diez de la mañana!

–Realmente, los tiempos están cambiando. Los héroes modernos han de estar siempre activos. Si querés seguir trabajando en estos días en los que la música sufre tantos cambios, tantas innovaciones, tenés que estar despierto, muy atento, y tenés que amar este mundo. No es como en los años 70 en Los Ángeles, en absoluto.

–¿Se refiere a la época de su gran éxito con Led Zeppelin?

–Sí, pero también fue la época en la que viví varias experiencias dramáticas. Tuve un accidente de coche muy grave; perdí a un hijo de 5 años... No me quedé colgado en el país de las maravillas; no creo que puedas esconderte de la realidad... Pero de repente eres más consciente de tu talento, de lo que puedes hacer y de lo que no. Comprendí que no podía ser solo un cantante, que tenía que ser algo más para estimularme a mí mismo. No espero que nadie lo haga por mí.

–Su voz, seleccionada en varias ocasiones como una de las mejores de la historia del rock, sigue intacta. No me diga que toma miel antes de acostarse, ¿no?

–Por supuesto. Miel, limón y jengibre cada noche. Pero también tengo un grupo que me deja espacio para expresarme y yo les dejo espacio a ellos para crecer, por lo tanto puedo visitar viejas canciones y cambiarlas de arriba a abajo. Aun son increíbles, pero aparecen desde diferentes ángulos, desde otra energía, y eso hace que cante con ese dinamismo. Cuando llegás a cierto punto de tu vida tenés que dar sentido a lo que decís. Y tenés que saber repetirlo con la misma energía siempre. Hay que ser creíble. Tenés que atrapar a la gente.

–Dieciséis actuaciones en ocho países solo en julio, ¿demasiado para su cuerpo?

–No, esta es una gira de las fáciles. Este no es el trabajo de un héroe, es el trabajo de un pragmático. Si tardás demasiado entre un show y otro se pierde la motivación, el ritmo, la adrenalina que generan las actuaciones. Esta es una gira tranquila, pero desde luego no soy un joven y lo agradezco.

–El formato actual de los festivales difiere mucho de la actuación única para sus seguidores. ¿Es más complicado conectar con el público?

–Es cierto que en festivales donde hay tanta mezcla de grupos, la gente muchas veces no conoce esa música. Tenés que entender a quien tenés adelante. Y sos como un mago que va sacando los elementos que tenés en el escenario. Con Sensational Space Shifters cada uno juega su papel.

–Entre el rock duro de Led Zeppelin y la sensibilidad de Raising Sand, con Alice Krauss hay varios mundos. ¿Cómo se llega a esa transformación?

–Un día mis hijos me dijeron: "¿Hey, papi, venís a Ibiza?", y yo les respondí: "No, me voy a Louisiana". Mi obsesión es encontrar las huellas de la historia de la música norteamericana, la música cajún, tipo Bon Ton Roulá, las últimas sombras de ese black blues extraordinario que se hizo en los años 40 y 50: Carl Perkins, música de las montañas Apalaches, y unirlo con sonidos más contemporáneos. Tenés a un tecladista de Massive Attack y a un tipo que toca un violín de una sola cuerda. Lo que conseguís con ellos es una colisión, no estás mezclando esa mierda de música bonita. ¡Es una increíble colisión!

–¿Qué queda de su lado inglés?

-Cuando fui a América, bebí de la copa de aquella música afroamericana, volví y dejé de lado a los ingleses, a la pobre, vieja y agotada Inglaterra, con todos sus pecados y sus ridiculeces. Dejé el té de las cinco, el fútbol y volví a poner en marcha este proyecto con la Sensational, donde mezclamos todo.

–Un gran salto, en cualquier caso...

–Escuchá, yo puedo hacer cosas muy diferentes y puedo trabajar en cualquier parte del mundo. No podés traer a Alison Krauss a un festival multitudinario y tocar música de violín, sería peligroso. Esto es energía pura; pero nosotros trabajamos muy bien juntos. Me gusta cantar con mujeres.

–Todo artista lucha entre dos fuerzas contrapuestas: seguir haciendo lo que le piden sus fans o adentrarse en lo desconocido. ¿Cómo lo lleva?

–Es verdad. Lo primero de todo es la creatividad. La autosatisfacción es número uno; el público es solo un voyeur. Puede mirar y quedarse con lo que ve o puede largarse. Un artista tiene que ser honesto y poderoso y tiene que mezclar. Conozco, y es muy triste, a mucha gente famosa que me dice "Robert, vos podés hacerlo, vos sos libre". Y es verdad.

–¿Siempre fue libre?

–Soy libre desde hace 36 años [en 1980 se separó de Led Zeppelin], cuando comencé a establecer mis propias reglas.

–Hace años le pusieron un cheque de 200 millones de dólares por hacer una gira con Led Zeppelin y renunció; sin embargo no reniega de cantar canciones de su viejo grupo.

–Claro, hice un buen trabajo en Led Zeppelin. Yo soy Led Zeppelin, canté y escribí sus letras...

–Hace unas semanas, quedó absuelto de plagio por la emblemática "Stairway to Heaven" ("Escalera al cielo")...

–Fue una locura, insano, una increíble pérdida de tiempo. Hay doce notas fundamentales en la música occidental, y te dedicás a moverlas. No teníamos que haber llegado hasta los juzgados, pero era nuestra canción. Hablé con Jimmy [Page, coautor del tema] y dijimos: "Vamos a por ellos". ¿Si no defendés tus derechos qué vas a hacer? Nunca te imaginás que esto te va a pasar. Te sentás en un lado de la colina, mirás las montañas, escribís música y después de 45 años salen con esto. ¡Dios mío!

–¿Cómo lleva Internet y la piratería?

–No me importa la piratería. Forma parte de cómo se está abriendo todo. Adoro lo desconocido e Internet ayuda porque descubre cosas que no vas a escuchar en la radio ni en los medios internacionales; música oscura, muy bonita, de la que vos no vas a escribir porque es underground, y ahí empezó Led Zeppelin. La piratería no es el final del mundo.

–Pero no pagan...

–Jejeje, a mí ya me pagaron. Ahora mi paga es sentirme bien con lo que hago. Ciertamente, para mí, es fácil decirlo.

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