
Silencio para bailar el tango
Roger Helou es el director de una orquesta típica multinacional y milonguera
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La orquesta de tango Silencio tiene la particularidad de estar integrada por músicos de unos cuantos países (Cuba, Italia, Suiza, Estados Unidos, Alemania, Uruguay y Argentina). Pero esa quizá no sea su principal particularidad. "Lo que más nos gusta es tocar para bailarines", dice su director, el pianista Roger Helou.
Quien quiera comprobarlo, tendrá que escuchar alguna de las grabaciones hechas por esta agrupación fundada en 2000. El primer CD lleva el nombre de la orquesta, fue grabado en 2005, en estudios de la radio SWR de Friburgo, Alemania, y es, hasta ahora, el único publicado en la Argentina. Se editó el mes último y cuenta con invitados como Juan Cedrón y Alfredo Marcucci. En países europeos también se consigue un disco en vivo grabado en Berlín y próximamente se conocerá el tercer registro de estudio.
La historia de la orquesta comenzó tiempo después de que un veinteañero Helou se mudara a Basilea para perfeccionar sus estudios de música barroca. Claro que, con los años, el tango pudo más. Incluso, además de conducir Silencio, desde hace un tiempo escribe arreglos para el cuarteto de Tata Cedrón.
"Recién cuando estuve allá me acerqué al tango -dice el pianista-. Otra cosa interesante es que empecé bailando. Ahí apareció la curiosidad que se transformó en pasión. Tocar tango cuando uno está fuera del país es algo que nos pasó a varios de los que nos fuimos. Yo empecé a tocar en milongas, por eso principalmente nos dedicamos a la música bailable."
Ese fue el propósito de Silencio, a pesar de que con los años y con las invitaciones a tocar en espacios más de concierto, el repertorio fue variando. "Pero lo que más nos gusta es tocar para bailarines. Giramos por los festivales de tango y las milongas de Europa."
En general, se piensa que el músico prefiere tocar para gente que está sentada escuchándolo, sin que la música sea funcional a una pista de baile ni (mucho menos) a la cena en un restaurante. " Es cierto. Mucha gente que conozco odia tocar para bailarines, pero lo hace igual porque en Europa se consigue trabajo más fácil de esa manera. Pero en nuestro caso sucede todo lo contrario. Siempre tocamos música bailable. Además, el público que baila te transmite una energía muy linda. Ojo que no nos sentimos una orquesta animadora. La vamos de la orquesta que todos esperan. Estamos entre las cuatro o cinco más conocidas [del ambiente milonguero europeo]", aclara.
A pesar de que hay músicos de muchos países diferentes dentro de la agrupación, el pianista cuenta que no fue difícil reunirlos porque Basilea es una ciudad adonde mucha gente llega, desde diferentes partes del mundo, para estudiar música. "Es muy internacional. En las escuelas y conservatorios hay más extranjeros que locales. De ahí sacamos el cuerpo de cuerdas, que es más bien europeo. Pensar en bandoneonistas y contrabajistas es un tema más específico. Porque en general no alcanza con que sea gente que toque clásica y se ponga a tocar tango. En cambio, los violinistas se adaptan y pueden sonar tangueros."
Tres o cuatro músicos viven en Basilea; uno de los bandoneonistas, en Lyon, y el otro, en Berlín. El contrabajista, en Friburgo; el cantor, en Suecia, y Helou, luego de ocho años, volvió a instalarse en Buenos Aires. "En Europa no sobran los músicos de tango. Por eso viajamos de acá para allá", explica. Y nada de hablar en inglés durante los ensayos, idioma en el que habitualmente se coincide cuando hay gente de los países más diversos. En Silencio se habla castellano. "Con los años fuimos juntando a la gente que está tocando ahora. Algunos nunca habían tocado tango y se coparon; otros lo habían hecho desde hacía tiempo, como es el caso de los bandoneonistas. Después tenés a los que bailaban y se engancharon tocando y a los que tocaban y empezaron a bailar. Así fueron también aprendiendo castellano." Y como a toda regla le corresponde su excepción ("El que toca nunca baila, me dijo el Payo Solá", dice la zamba), luego de cualquier espectáculo se puede ver a estos músicos en la pista mezclados con el resto del público.
"Como muchas orquestas comenzamos tocando covers", dice el pianista sobre el repertorio. Pero luego fueron buscando un sonido (tienen un clarón, por ejemplo, como la orquesta de Salgán) y arreglos propios influidos por los estilos de Di Sarli, Troilo, Gobbi y Pugliese, entre otros, que sirvieron de base.
¿Cómo se pretende sonar: como una orquesta argentina o con las características que le aporte cada músico? "La verdad es que buscamos sonar como acá. Es tan difícil como hablar castellano con perfecto acento porteño. Pero existen casos. Antes de que suene rioplatense, buscamos que suene con fuerza. Pero esa fuerza te obliga a sonar rioplatense."





