Tyler Joseph, de Twenty One Pilots: "Hubo un tiempo en el que odiaba mi música"

El dúo de Joseph y Josh Dun cerrará hoy la grilla del escenario principal de Lollapalooza, en el Hipódromo de San Isidro
El dúo de Joseph y Josh Dun cerrará hoy la grilla del escenario principal de Lollapalooza, en el Hipódromo de San Isidro
Silvina Marino
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29 de marzo de 2019  • 00:01

La banda creada por Tyler Joseph junto a sus amigos Nick Thomas y Chris Salih se convirtió en dúo hace tiempo, cuando se fueron estos dos integrantes y se sumó el baterista Josh Dun (2011). Estamos hablando de Twenty One Pilots , el casi incatalogable grupo que hace poesía, rap y un pop definido como "ezquizofrénico". Y lo que fue en sus inicios una prematura iniciativa autodidacta del cantante y líder (que encontró un teclado arrumbado en un armario y empezó a aprender a tocar) hoy es un éxito internacional. Tanto que será el show principal del primer día del festival Lollapalooza en Argentina, en la noche de este viernes.

En escena, los oriundos de Ohio se ven algo excéntricos, tocan con pasamontañas, Tyler se lanza al público, ambos se compenetran en sus shows. Tan concentrados suelen estar que podrían parecer distantes. Al menos, a la hora de charlar. Pero absolutamente no. Al otro lado del teléfono, el músico contesta, agrega y se explaya sobre su música, la finalidad del arte y el público argentino que lo logró maravillar.

–¿Qué diferencias marcan la composición y producción de su reciente disco Trench con respecto a los anteriores? ¿Influyó el año que se tomaron como receso?

–En discos anteriores escribí los temas mientras estaba de gira. Blurryface fue escrito en el micro del tour y en el hotel, siempre viajando. Pero con Trench decidimos dejar de viajar. En realidad, nos tomamos un tiempo de todo. Este disco fue escrito y grabado en mi casa, en el sótano. Así que hay una sensación de consistencia, de tener las cabezas más claras, y de estar focalizados en esto en lugar de estar preocupados por el viaje. El proceso creativo quedó afuera de la situación de gira.

"Episode Three"

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–Se suponía que el éxito de Blurryface los iba a llevar a trabajar con otra gente…¿Por qué decidiste hacerlo en solitario?

–Cuando vivís en un mundo en el que la música se expande tan rápidamente, te preguntás si hay calidad en lo que hacés. Porque lo que podés medir es la cantidad que producís pero, ¿qué pasa con la calidad? Entonces, mi objetivo como compositor y productor fue apuntar a la calidad, y así medir mis propias habilidades.

–Y tener el tiempo de pensar y repensar mientras grababan y mientras componías…

–Absolutamente. El aspecto fundamental de este disco es que en la consistencia reside el hecho de estar solo trabajando con la música. Estar solo es sano y liberador. Como decíamos, después del éxito de Blurryface tuvimos acceso y recursos que nos permitían trabajar con otros productores, con otros compositores. Expandí mis contactos de gente a la que podría haber llamado para colaborar en este disco, pero fue el momento en que más que nunca necesité volver a ser yo. Esto es algo que surgió del cerebro de una sola persona. Si fallaba, yo sabía que era mi responsabilidad absoluta, pero si iba bien, me daba la certeza de estar en el buen camino como productor y compositor. Estaba un poquito asustado de trabajar solo pero al final me sentí orgulloso del resultado.

–Cuando se habla del estilo de Twenty One Pilots se los etiqueta como hip hop alternativo, electropop, pop-rap, rap-rock, incluso leí unas definiciones algo estrafalarias como una que los llamaba "screamo-rap pop de ukele con piano y beats reggae". Si no fueran famosos, ¿como te presentarías ante un desconocido?

–Es gracioso porque tengo una vida común además de tocar y hacer música. Voy a restaurantes, o viene gente a arreglar algo a mi casa, y no me conocen. Me preguntan: "¿de qué trabajás?" Así que me encuentro en situación de describir lo que hago todo el tiempo… Je. Lo trato de reducir a lo más simple posible. Somos yo, que toco el piano, y otro tipo, y mi compañero que toca la batería. Y creamos todo lo que queremos. Y no hay límites. Esa es mi definición. Lo trato de hacer lo más simple posible.

–¿Quiénes son sus principales influencias?

–Desde que empecé a escribir música mis composiciones y mis influencias empezaron a ser más ambiguas, más difícil de detectar. Me puede influenciar la radio, o un comercial en la tele, o la música de fondo en un jueguito de video, o una película o actores. De hecho, mis papás influyeron en mí. No tengo una lista definitiva de bandas que me influenciaron en lo que hago. Lo que sí sé es que desde el principio empecé a tocar el piano y me enseñé a mí mismo, y me bombardearon diferentes tipos de música. Y todo lo que escuchaba lo trataba de interpretar en el piano.

–Por el tipo de letras que escribís, se los asocia con el género poético. ¿Leés poesía?

–Cada tanto. Siento que la poesía como expresión artística es la que tiene mayor libertad: no hay una correcta manera de hacerla o de estructurarla. Pero lo que me pasa es que cuanto más leo poesía, más me digo que no estoy escribiendo bien. (Risas) Así me siento muchas veces cuando leo a otros.

–Alguna vez dijiste que tu propósito era hacer que la gente pensara y hacer que encontrara alegría. ¿Cuál de los dos objetivos es más difícil de cumplir?

–Me ubicaría en la mitad. Es un equilibrio difícil pero no llegás a uno sin el otro. Cuando la gente encuentra alegría, puede ayudar a que piensen: quién sos, de dónde sos, y a dónde vas. Y también, como compositor, en el arte de crear música requerís de ambos: componiendo encuentro la mayor alegría pero no lo podría hacer sin pensar, sin escuchar la profundidad de mis pensamientos. Es una finalidad artística.

–El tema "Chlorine" ("Cloro") fue interpretado como una analogía sobre el suicidio, y también sobre las drogas por versos como "amo lo que estoy probando, veneno en mi lengua, dependiente a veces, vibraciones ponzoñosas". ¿Coincidís?

–No voy a discutir con nadie sobre la interpretación de los temas. Eso es lo poderoso del lenguaje musical. Lo maravilloso es que las canciones pueden cambiar el significado. Cuando lo escribía estaba tratando de pensar en qué era lo que amaba y lo que empezaba a odiar. Y una de esas cosas era la música en general. Hubo un tiempo en el que empecé a odiar mi música, no quería hacerla. Y me frustraba. Mi relación con la música, indicó eso, idas y venidas, bajas y altas. Por eso la metáfora fascinante de la química con el cloro, que puede ser buena o puede ser enfermante.

–¿Qué te acordás de tu visita en 2016, cuando tocaste con la camiseta de Argentina en aquella edición de Lollapalooza?

–Cuando vamos a un lugar por primera vez, no ponemos expectativas en ese show. Además, sabíamos que éramos una banda a la que mucha gente no había escuchado. Sólo queríamos que funcionara. Y ganar la aceptación del público de Argentina. Pero no esperábamos mucho. Y de ese show recuerdo la respuesta, no sólo sabían quiénes éramos o cuáles eran nuestras canciones, participaban y ponían toda la energía. Fue muy emocionante, volví a mi casa y le dije a mi familia: "no lo van a creer, fuimos a Argentina, ¡y conocen nuestras canciones!". Incluso grabé un video y se lo mostré a mi mamá. Estoy muy emocionado por volver.

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