Un milagro llamado Dread Mar-I
Con su mezcla de romanticismo y mensajes de redención, el músico independiente se ha convertido en el más reciente ejemplo del gran crecimiento del género en el país
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Lo de Dread Mar-I y el reggae argentino es un milagro. Luego de su segunda y más firme oleada, a mediados de los 90, la música surgida en Jamaica vivió entre nosotros una lenta y sostenida consolidación. Pero durante años fue sólo musical. Sí: las bandas y los solistas que hoy gozan de cierta masividad debieron soportar muchas noches con más gente arriba que debajo de los escenarios. Pero entre Los Cafres, Nonpalidece, Fidel (ex Nadal, ex Todos Tus Muertos), Dancing Mood, Riddim, Resistencia Suburbana y una decena de nombres más se distingue Dread Mar-I, el alias de Mariano Castro. Su mixtura de reggae romántico (lover) y tradicional (roots) con palabras de aliento y mensajes con aires de redención es un imán para un público que, desde su primer álbum, Jah Guía, de 2005, siempre fue en ascenso. Ahora, con Viví en do, su cuarto disco, desembarca por primera vez en un sitio poco acostumbrado al reggae, el teatro Gran Rex. Ya hay dos fechas confirmadas, el 15 y el 17 del actual, y ese interrogante que aún es el 16 es factible que también se convierta en concierto.
"Creo que hasta ahora no tocó ningún artista de reggae en el Gran Rex, al menos local", sostiene Mariano Castro. La presentación de un disco, claro está, va de la mano de la convocatoria, y la evolución de Dread Mar-I se puede ver disco a disco. El segundo, Hermanos (06), lo presentó en Niceto Club, un reducto aliado del reggae; el tercero, Amor-es (08), en El Teatro de Flores, y este cuarto capítulo tendrá su debut en la calle Corrientes. Es decir, de una sala para 1000 personas a un teatro para 2000 y de allí a otro más grande donde entran más de 3000 asistentes por función.
Ex vocalista de Mensajeros (la banda siguió sin él y acaba de sacar un nuevo disco, Así), Mariano emprendió el camino del solista hace sólo cinco años. Su público siempre fue en aumento, pero la difusión radial de "Inspiración" (seguro la escucharon, es aquella canción que dice: vive hoy, vive bien, vive siempre / con tu cuerpo y tu mente), el año último, le dio un empujón. La curiosidad es que esa canción está en su primer álbum, de 2006. "Estuvimos haciendo entre 95 y 97 shows por año en las últimas temporadas y no es algo que vaya a cambiar después del Gran Rex –comenta Mariano en plural, involucrando a sus músicos–. Cuando vos vas creciendo tenés que dejar un montón de cosas, pero obtenés otras nuevas. Quizá por la convocatoria haya algunos sitios a los que ya no podamos ir, pero sí es probable que aparezcan nuevos lugares."
<b> "Promesas" </b>
-Da la sensación de que el reggae está cada vez más distanciado del rock en la Argentina y fue así como se consolidó.
-Es raro lo que está pasando y difícil de explicar. Los artistas de rock no están llevando tanta gente como antes y no tengo ni idea por qué. Creo que la gente se está abriendo tanto que nos puede escuchar a nosotros y también a Las Pastillas del Abuelo. Antes había demasiada tribu, demasiado encierro, y me parece que ahora hay una apertura gracias a Internet. Te gusta una canción y la bajás, sin pensar en el estilo.
-Cuando se habla del fenómeno de Internet se citan los casos de Lily Allen o Amy Winehouse, pero puertas adentro vos sos uno de los mejores ejemplos.
-Creo que sí. A nivel discográfico Internet te mata el negocio, pero la difusión que te da es muy grande. A mí me mandaron mensajes de muchas partes del mundo de gente que ya escuchó el disco, y salió el 5 de marzo. Mirá si tuvieran que esperar que se edite el disco para escucharlo. Yo, con la música que consumo, me gastaría una fortuna por mes si tuviera que comprarlo todo. Me encantan los discos importados, pero yo escucho diez discos nuevos por mes. ¿Cuánto es eso en plata? Son muy caros los de acá, imaginate los de afuera.
-Empezaste como solista en forma independiente y ahora, a pesar de las ofertas que tuviste de grandes discográficas, optaste por mantenerte en ese camino.
-Tuve ofertas de un par de discográficas y no es que yo sea un enemigo de ellas, pero tuve una experiencia que no me gustó con el primer disco y no tengo ganas de repetirla. Probé de sacar un disco solo, me fue bien y seguí en ese camino. Si me venís a proponer algo y no me das lo que quiero para estar tranquilo, por más que vos te lleves lo que te lleves, yo no pacto. La libertad es lo más valioso que te pueden dar y nos va bastante bien, podemos tocar todos los fines de semana y grabar en los lugares que queremos.
-Al reggae se le pide cierta actitud por su mensaje y puede ser contraproducente que te edite una multinacional. ¿No?
-Lo que pasa es que el mensaje no tiene nada que ver con el negocio de la música. El negocio es para que vos puedas vivir bien y darles una buena calidad de vida a tus hijos, y la música y lo que vos hacés es otra cosa. La gente siempre tiende a encerrarte en lo que ellos piensan. Ya tocamos un par de veces en el Parque Roca para el gobierno [de la ciudad] y hay un montón de cosas en las cuales estoy en desacuerdo con ellos, pero la gente puede ver gratis a los artistas que durante todo el año ve pero pagando la entrada. Hace 13 años que toco y que disfruto de lo que hago. Nunca hice una canción para que venda, yo hago las canciones que a mí me gustan y si a la gente le sirven buenísimo.
<b> "Inspiración" </b>
-En Viví en do, la voz está muy al frente, obviamente ésa es una intención artística.
-El reggae es así, la voz tiene una cuota más de volumen que el resto o el efecto la hace estar más al frente. En mis discos anteriores también ocurre y es algo que yo tomo de los discos de reggae que me gustan. Lo que está bueno de este álbum es que no usamos el autotune, no hay efectos de afinación en ninguna canción. Queremos que no se pierda eso de que el que canta, canta y el que no, que se note que no lo hace. Que no se pierda la verdad.
-El reggae local no sólo creció en público sino también en variedad estilística...
-Hay un montón de bandas con propuestas diferentes. Yo compartí fechas con todos, con Mensajeros y como solista también. Se trabajó mucho para esta actualidad del género y para que haya bandas increíbles, como Dancing Mood. Ellos te invitan a la fiesta y Hugo [Lobo] es capaz de hacerte corear un tema de Charlie Parker.
-¿Cómo empezó la movida? Porque es difícil establecer un inicio...
-Hubo una banda en los 80 que se llamaba Todos al Obelisco, después estaban Bomboclap, Los Pericos, La Zimbabwe Reggae Band y Sumo. Ellos tocaban algo de reggae pero muy fusionado con el rock de acá, no llegaban a tocar reggae verdadero, tradicional. Si querés tocar folklore y sos japonés, hasta que no mames bien esta tierra no vas a poder tocarlo igual, y eso es lo que pasó acá con el reggae. Y no se había hecho un disco entero de reggae hasta Los Cafres. Ellos fueron los primeros con Frecuencia Cafre (94). Después empezó a prender más el reggae y Los Pericos hicieron canciones muy buenas. Hubo un largo período de aprendizaje porque acá no había ni discos. En el 88 yo me la pasaba escuchando radio y no conocía al reggae. Tenía 10 años y un día vino un primo mío con un cassette de Bob Marley. Recién en el 92, 93 empezó a prender en las radios con Inner Circle. Trajeron el Sunsplash Reggae Festival, vinieron Pablo Moses, Black Uhuru, Yellow Man y luego volvió a desaparecer. Pero quedaron muchas bandas trabajando, como Riddim, Los Cafres, Nuevas Raíces, Resistencia Suburbana, Nonpalidece, Mensajeros, Charlan Jáparos...Tocábamos cinco grupos en un lugar para 300 personas y teníamos que poner plata para pagar el sonido porque había más gente detrás del escenario que del lado del público.
-Primero estuvo la música y mucho después la fe rastafari. ¿No?
-Mucho después. Es una música muy espiritual, yo indagué, empecé a conocer la religión y a tener fe. Sé lo que siente y hace mi corazón y es lo que me hace estar seguro, pero es algo personal, no ando diciendo por ahí lo que tiene que hacer la gente. Es muy libre el rastafarismo, Dios no te va a condenar, te vas a condenar vos mismo. Dios te hizo libre y vos tenés que ver si usas para bien o para mal esa libertad.


