Une flûte enchantée
Basada en La flauta mágica, ópera de W. A. Mozart / Compañía: Théâtre des Bouffes du Nord / Dirección: Peter Brook
La flauta mágica fue, desde siempre, un caso abierto. Ya a principios del siglo XIX, poco después de la muerte de Mozart, Goethe había tentado la escritura de una segunda parte. La mención no es casual: cualquier intervención sobre la ópera parece reservada a colosos, y sólo un coloso como Peter Brook podía enfrentarse con el singspiel de Mozart y Schikaneder. Todo lo que quedó pertenece a ellos, pero no todo lo que ellos escribieron quedó. El artículo que Brook elige para la obra es indeterminado: Une flûte enchantée , "una" flauta mágica, la de él, con las arias en alemán y las partes habladas en francés.
La escenografía se limita a cañas de bambú (proyecciones multiplicadas de la flauta), aparte de un piano a la derecha del escenario con la tapa cerrada, para no invadir la voz y quizá para reproducir el efecto de la orquesta en el foso. Sin embargo, no hay ninguna ilusión orquestal en la parte pianística preparada por Franck Krawczyk. Las voces, por su lado, homogéneas y bellísimas, cantan ensimismadas, sin énfasis líricos.
Pero sería un error pensar en algo descarnado. Tras la apariencia de la sencillez, la operación de Brook es complejísima. El director realiza superposiciones (la serpiente del inicio es la flauta), permutaciones, ligeras traslaciones (Monostatos es blanco) y confía en sobrentendidos; es decir: somete la obra a una condensación simbólica. Brook nos revela la idea mozartiana de la manera más aérea y luminosa.
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