Zeca Veloso: es hijo de Caetano, creció rodeado de los más grandes músicos de Brasil y a los 33 años lanza su primer disco
El “hijo del medio” de Caetano Veloso finalmente se animó a mostrar sus grabaciones y a sumar su impronta a una discografía familiar que lo tiene a su padre y a su tía Maria Bethânia como máximos exponentes
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Es el segundo hijo de Caetano Veloso, luego de Moreno y antes de Tom. Por eso, en algunos lugares se menciona a José “Zeca” Veloso como “el hijo del medio”, algo que le resulta simpático pero que, dice, no es algo que signifique nada para él. Nació y se crio en una familia de artistas y de músicos, no sólo por quienes son su padre y su tía Maria Bethânia, sino porque por su casa pasaron los más grandes nombres de una generación increíble para la música de Brasil.
“Es maravilloso haber tenido esas experiencias y esos grandes artistas en mi vida. Chico Buarque y Gilberto Gil de la generación de mi padre, como otros de distintas épocas de la música de mi país, como Noel Rosa o Dorival Caymmi, por mencionar solamente a algunos, están en mí y son la base y la raíz de la música brasileña. Pero en mis influencias está también la música norteamericana y muchas otras cosas, aunque nadie dudaría de que soy un músico brasileño”.
Zeca habla con LA NACION con la excusa de que, a sus 33 años, publicó su primer álbum, Boas novas, un compilado de canciones que compuso mayoritariamente solo (siete de los temas son suyos en letra y música) o que compartió en la creación con su hermano Tom (“Boas novas”, precisamente), Tadeu Bijos y Sylvio Fraga (“Carolina”) y Xande de Pilares (“O Sal Desse Chão”). El disco tiene otra particularidad: a su propia tarea como tal, se sumaron otros doce productores y arregladores, como Jaques Morelenbaum, Luciano Oliveiera, Antonio farraz, Lucas Nues, Lincoln Olivetti y varios otros. Y su familia (Tom, Moreno y su padre) para el tema “Salvador” que abre el disco, Dora Morelenbaum para “A carta” y el ya citado Xande de Pilares para “O Sal Desse Chão”, fueron las voces invitadas.
-¿Cómo explicarías Boas novas para quien aún no lo ha escuchado?
-La verdad es que no soy bueno para esas cosas. Quizá vos puedas ayudarme a explicarlo si ya pudiste escucharlo.
-¿Sería correcto sintetizar diciendo que es un disco de canciones?
-Podría ser porque es eso. Letras, músicas, voces; si, es un álbum de canciones.
-¿Por qué tardó tanto en llegar este primer disco suyo?
-Creo que tuvieron que pasar muchas cosas en estos tiempos para que yo me animara a mostrar mis grabaciones. Son procesos. Todo tiene su tiempo. Necesité estar maduro y esperar que mis grabaciones también estuvieran maduras. No soy bueno con las palabras para explicarlo, pero me parece que terminó ocurriendo cuando era el momento.
-Es un álbum que tiene mucho que ver con el pasado de la música de su país y menos con influencias modernistas, electrónicas, rockeras. ¿Te sentís parte de una vuelta en ese sentido dentro de la música de su país?
- Creo que sí. Somos quizá parte de una generación que ha vuelto a escuchar más la música de los 60, los 70, los 80. Pero también quizá de unas décadas anteriores, los años 30 o los 50. Son las músicas que existen de todo el siglo XX en Brasil. Todas esas músicas me influyen y luego aparecen de alguna manera en lo que yo hago. No siempre fue algo intencionadamente buscado, pero sí puede ser que esté ese pasado en mi modo de componer y también en los arreglos, en las melodías; todo se dio de manera natural. Aunque, simultáneamente, este álbum tiene mucho trabajo, se hizo todo con mucho cuidado, buscando cada sonido, con mucho trabajo de producción.
-Pero sí hay un sonido más acústico...
-Como te decía, hay una parte de mi generación que tiene curiosidad por ese pasado. Podría nombrarte a mi amiga Dora Morelenbaum, que es hija de Jaques y cantó en el disco. Podría mencionarte a mi hermano Tom, que es un gran compositor y un gran músico y está más conectado que yo con ese pasado. Somos muchos los que estamos haciendo canciones con influencias de los 60, los 70. Pero a la vez, me parece, tiene algo de este tiempo.

-La música ya no se produce para formatos físicos, pero vos decidiste grabar con el concepto de álbum de todos modos. ¿Te sigue resultando bueno ese modo de mostrar tu trabajo?
-Me gusta el formato de álbum, aunque ya no se fabriquen prácticamente de manera física. Me encanta y pienso grabar otros, lo que no significa que también pueda grabar singles. Pero esa idea del concepto general que permite el formato de álbum me resulta muy atractivo.
-¿Cómo ves la música de Brasil actual?
-Debería decirte que suelo estar en lo mío y no siempre estoy muy conectado con lo que sucede. Pero te diría también que me interesan las músicas regionales, la sarteneja, por ejemplo, que es una música rural que tiene muchos años en mi país. Pero Brasil es un país complejo y rico y, al mismo tiempo, están muy fuertes también el funk, el trap, el hip hop, que pese a tener otros orígenes están relacionados con los círculos tradicionales de alguna manera y dialogan con naturalidad. También el pagode, que es un samba un poco más pop. Brasil siempre es un país con muchas variantes en el que aparecen constantemente cosas interesantes, con una gran vitalidad.
-Con la comunicación más fluida ¿se ha ido perdiendo el regionalismo más marcado de algunas décadas atrás?
-No soy un especialista ni un estudioso, pero es cierto que Brasil es un país muy grande y con muchas regiones culturales diferentes que, por supuesto, tienen expresiones musicales variadas. Lamento quizá no poder darte más datos sobre eso, pero lo cierto es que cuando estoy trabajando en algo como este disco, me concentro mucho en eso, desde un lugar muy espiritual, y todo gira en mí alrededor de eso. Es un espacio muy íntimo que a veces parece estar más allá de mí mismo. Yo ahora estoy en Bahía y hay músicas que se escuchan en la radio que sólo se conocen acá. Al mismo tiempo, como la comunicación se ha hecho más abierta y no tan local, nos llega a todas partes lo que se hace en todo el país, y viceversa. Es como si ambos fenómenos, la regionalización que era más cerrada en el pasado y la apertura a todo el país convivieran de un modo más natural.
-Y si hablamos de industria, ¿Río y San Pablo perdieron el centralismo casi absoluto del pasado?
-Si, por supuesto. Ha cambiado mucho respecto de esa centralidad de Río y San Pablo de antes. Hay músicas del noreste, por ejemplo, que llegan directamente al mundo sin pasar por esas viejas cabezas. Por supuesto, la música y la industria basada en ese centro siguen siendo muy fuertes. Y es probable que gran parte del dinero de la industria musical esté en San Pablo y en ese estado. Pero al mismo tiempo, la canción nordestina, el forró y otros géneros de por aquí aparecen y se expanden de manera muy intensa haciendo su propio camino.
-¿Qué sabe y qué le interesa de la música argentina?
-Con un poco de pudor te diré que no conozco bien la música de tu país. Conozco un poco del rock argentino: Spinetta, Charly García, Fito Páez. Es un defecto mío porque me gustaría conocer más. No sé lo que están haciendo músicos más jóvenes, con honestidad.
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