
El Colorado especuló desde la conferencia de prensa con su futuro, para finalmente anunciar que el show del Pepsi Music fue grabado en vivo para un futuro CD y DVD. “Volveremos”, dijo el guitarrista.
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A la hora anunciada (20.40), sólo un tacho de luz blanca alumbró el tablado mayor de Pepsi Music. De ahí, de la más rasante oscuridad, emergió una viola negra empuñada por el Tano Marciello. “Mano brava” abrió el set-list de Almafuerte: una hora de esa potencia metálica que jamás defrauda. Puños, cuernitos y headbanger...
En este tentenpié, se hizo presente el mayor exponente vivo de la tradición del heavy metal nacional, Ricardo Iorio. Micrófono enclavado en el centro del escenario, presentó a los temas de su grupo ("Almafuerte", "Patria al hombro", "Convide rutero") gesticulando cada uno de sus versos. Pero no con la intención de actuarlos, sino de sostenerlos. "Almafuerte es un grupo re-encarnacionista. Por eso tenemos canciones para los que están más allá", anunció Iorio con su voz raspada ("Del más allá"), mientras en las pantallas una foto de Pappo iconizaba el sentido homenaje a un compañero del cuero, el metal y de la ruta.
Pero en "A vos amigo", el caudillo no pudo evitar aplicar su tradicional ¿ironía?: "Almafuerte trae la amistad. Aunque parezcamos los mataputos... todos somos putos." Y la multitud rompió en aplausos cuando, hacia el final de esta canción, las pantallas mostraron la soldadura que Ricardo profuso para unir Hermética y Almafuerte, puños en alto. "Yo no soy ni de derecha, ni de izquierda. Soy un simple cristiano", declaró Iorio antes de terminar y, en un espontáneo cambio de planes, relegó el clásico "Pibe tigre" por un legendario loor de Hermética, "Tu eres su seguridad". ¿La grey de metal? Lista para la lucha final.
Y esta lucha final vino con los primeros compases de “Blackmail the Universe”, canción que abre el último disco de Megadeth, The System Has Failed. Camisa blanca, jeans, zapatillas Pumas negras de running y muñequeras al tono con el nombre de su banda estampadas: ese era el atuendo de un Dave Mustaine que salió a matar o morir, acompañado por músicos casi reclutados para la ocasión, que seguían todos y cada uno de las melodías de este slacker trash.
Sin pronunciar prácticamente una palabra al comienzo (Dave sólo se permitió unos aplausos cuando la muchedumbre coreó el tradicional “Aguante Megadeth”, y también masculló un par de “Son grosos” -sic- en dos de las tantas ovaciones que le dedicaron), el show giró principalmente por temas pertenecientes a su ¿última placa?, sin obviar clásicos como “Wake up Dead”. La pregunta que nos formulábamos palabras atrás no era caprichosa: en la conferencia de prensa, al ser interrogado por el futuro del grupo, El Colorado anunció de manera escueta que durante el show haría una mención al respecto, por lo que (al menos para los periodistas) el misterio crecía, aunque muchos imaginábamos la respuesta. Encima, el propio Mustaine seguía alimentando el enigma: antes de tocar “Angry Again”, dijo: “Muchos esperan un anuncio nuestro, pero antes seguiremos tocando unas cuantas canciones para ustedes”.
Así fue como hubo versiones conmovedoras, como “I´ll Be There” (con el público haciendo coros); desgarradoras como “Trust”; y salvajes como “Kick the Chair”, todas matizadas por un Mustaine que no ocultaba su emoción por el fanatismo criollo para Megadeth, y un auditorio dispuesto a hacerle saber esa devoción. Antes de “Coming Home” (canción inédita dedicada a Buenos Aires), el pelirrojo volvió a jugar a las escondidas con su futuro: “Después de esta canción, les diré si Megadeth sigue o no”. “La respuesta es sí” dijo el violero, pero quedó la duda si se refería a una hipotética vuelta a nuestro país o al futuro de Megadeth. Y arrancó con “Symphony”, con el “Aguante Megadeth” de estribillo. Tras “Peace sells (but who’s buying?) y “Hook In Mouth” el grupo se retiró, y Mustaine hizo su esperada declaración: “Quiero que sepan en todo el mundo lo increíble que es la gente de Buenos Aires. Volveremos”, a propósito de la grabación de este recital para un CD y DVD en vivo. La multitud, enfervorizada; la mayoría de los periodistas, equivocados. Y colorín colorado, el secreto de Mustaine se había acabado.





