Uno de sus miembros está preso, pero eso no va a frenar los planes del trío rap de Atlanta
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"Bastante bien, ¿no?" Quavo le pasa la mano al interior de su BMW X6 negro mate. El líder de 24 años del trío de rap Migos va a 95 en una autopista en el centro de Atlanta. Takeoff, su sobrino tres años más joven y compañero en el grupo, se reclina sobre el asiento del acompañante. "Ponete el cinturón", le advierte Quavo pisando el acelerador.
Desde que obtuvieron fama con su ultrapegajoso "Versace" – un alarde de alta costura cuyos distintivos patrones rítmicos tuvieron un eco en tracks posteriores de estrellas como Drake y Kanye West –, los Migos estuvieron de racha. (El nombre viene de "amigos", y han insinuado vínculos con el argot del narcotráfico.) Su ilimitado carisma y su habilidad creativa les han proporcionado fans que van desde estafadores callejeros hasta Justin Bieber, y su hit de 2014, "Fight Night", hace poco fue disco de oro. Pero un gran drama pesa sobre ellos mientras terminan su primer LP de estudio, Yung Rich Nation. Esta noche, el tercer miembro del grupo – el primo de Quavo, Offset – duerme a 300 kilómetros en una cárcel de Statesboro, Georgia, debido a un incidente ocurrido en abril en el que los tres fueron detenidos por cargos de posesión de drogas y armas. Quavo se encoge de hombros: "A todo el mundo le dan un correctivo. Offset va a volver pronto".
Por ahora, los dos miembros libres de Migos decidieron ir a jugar al bowling. Poco después de las 10 p.m., Quavo se mete en un callejón iluminado y alquila un par de pistas, y le paga al cajero con un billete del gordo fajo de billetes de 100 dólares que lleva en el bolsillo trasero de su jean gris ajustado de Balmain. Una remera azul oscura de la marca de ropa de Migos, varias cadenas y medallas brillantes, un Rolex con un diamante incrustado y un enorme par de anteojos sin aumento de Versace completan un look que podría compararse con el de un Steve Urkel con más estilo. Quavo cambia sus Air Jordan grises por zapatos de bowling, elige una bola roja y lanza un strike sin ningún esfuerzo en su primer intento. "¡Poné eso en ROLLING STONE!", se jacta, inaugurando una noche en la que jugará al bowling con una gracia onda Lebowski durante dos horas, haciendo unos sólidos 217 puntos.
Más tarde, de regreso en el estudio de Migos, Quavo y Takeoff se hunden en unos sillones de cuero negro y se arman unos porros. Quavo exhala una pitada majestuosa y destierra con un chiste a alguien de su equipo: "Hacé un disco de platino y vas a poder fumar acá". Pero hay una energía que falta en la habitación con la ausencia de Offset, encerrado en Statesboro desde el show del 18 de abril del grupo. La policía arrestó a los tres miembros, junto a una docena de colegas, luego de supuestamente encontrar menos de 30 gramos de marihuana, un poco de jarabe de codeína y cuatro armas en las camionetas de la banda. Mientras que Quavo y Takeoff pudieron pagar 10.000 dólares de fianza cada uno, Offset fue forzado a quedarse más tiempo porque tenía antecedentes de robo. El caso volvió a los titulares de las noticias a principios de mayo, cuando Offset fue acusado de agresión luego de una supuesta pelea con otro recluso. (Fue declarado inocente.) "Offset es el animal del grupo", dice Quavo. "Pero no es un mal tipo."
Los abogados de Migos sostienen que las armas fueron llevadas a Statesboro por la seguridad de la banda, y cuestionan que la policía haya tenido bases jurídicas para revisar los vehículos. "Pienso que todo el arresto y toda la acusación están estrictamente motivados por cuestiones raciales", dice el abogado de Quavo, Cris Schneider. "Tanto las fuerzas del orden como el fiscal saben que no pueden vincular nada de eso con estos individuos."
Offset suena bastante alegre cuando me llama desde Statesboro un par de días antes. "Estoy tranquilo", dice. "O sea, estoy en la cárcel, así que mucho no pasa." Me cuenta que ha estado haciendo ejercicio, escribiendo letras y hablando todos los días con sus compañeros de banda. "Rezamos juntos", dice. "Somos una familia. Creemos en la lealtad."
A eso de las 2 a.m., Quavo se mete en una cabina para grabar voces y empieza a soltar metáforas de la cocaína sobre un ritmo esquelético. "Marilyn Manson, Marilyn Manson", rapea. "Conozco unos niggas que están cocinando una Marilyn Manson." Repite los versos cinco o seis veces, pasando de un murmullo malhumorado a un grito excitado. A las 3 a.m., con una canción boceteada, se está armando otro porro en la sala de control. "Mierda", dice. "Lo único que tenemos que hacer es seguir haciendo hits, y dejar que Dios juzgue."
Por Simon Vozick-Levinson
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