
Nafta Súper: regreso con gloria
La serie que retoma a los personajes de Kryptonita cumple con las expectativas
1 minuto de lectura'

El caso de Kryptonita de Leo Oyola es uno de esos fenómenos literarios que rompen la barrera del formato para instalarse con fuerza de acero en el imaginario colectivo. El libro recrea el mito de Superman y la Liga de la justicia, pero contextualizándolos en La Matanza. En ese (nuestro) mundo, los héroes son forajidos nobles, mientras que los villanos son agentes corruptos de la ley que buscan dar caza a la banda de Nafta Súper a como de lugar. El logro de la novela es que no se detiene en lo anecdótico del recurso, sino que pone el acento en cómo se relaciona la banda de Nafta y el rol crucial que cumple la realidad de La Matanza, cuna de estos héroes. Y el amor que generó ese texto fue llevado al cine por Nic Loreti, director que supo poner en imágenes una sensibilidad que parecía negarse a quedar encerrada en las páginas de un libro que se convertía en fenómeno imparable. El amor por Kryptonita y el pedido popular por ver más de estos héroes, llevó entonces al estreno de una miniserie que a lo largo de ocho episodios se dedicará a explorar otros aspectos en la vida de estos personajes expandiendo considerablemente el universo de DC según La Matanza.
Tres pilares
El canal Space, que elige a Nafta Súper como su tanque de guerra, emitió ayer los primeros dos episodios de esta miniserie. Con Leo Oyola y Nic Loreti nuevamente al frente del emprendimiento, la serie de televisión es la evolución lógica que pedía una historia que ya desde el libro, se intuía, tenía muchísima más tela para cortar. El triunfo de este nuevo producto es que logra rescatar pasajes que en la película quedaron afuera como así también desarrollar una nueva saga que continúe más allá de lo sucedido esa noche en el Paroissien. Y acá es donde la serie bien podría dividirse en tres aspectos: el netamente narrativo, el universo de nuevos guiños, y la cuidada construcción por no violentar un tono que Oyola, con mucha dedicación, armó para la novela. Vamos por partes.
1. La historia y más allá
El primer episodio de Nafta Súper comienza con el final, uno en el que El Fede (Pablo Rago), se supone es derrotado por un falso Fede (¿Corona?). A partir de ahí, la acción va hacia atrás y muestra qué es de la vida de cada miembro de la banda y cómo todos ellos son blancos de distintos ataques. Desconcertados, los personajes se reúnen en un punto de encuentro y comienzan a atar cabos sueltos sobre quién es el autor intelectual de esos ataques. Como para complicar las cosas, una filmación muestra a un doble de El Fede asesinando a un peligroso líder criminal, cuyos seguidores ahora buscan venganza. Con esa excusa, la trama dará pie a una nuevo desfile de personajes, y sobre todo, a un reencontrarse con el gran Pinino (Juan Palomino, que en estos dos episodios no apareció más que en forma de flash-back). El amor de Loreti por los clásicos del género (la excusa del asesinato perpetrado por el doble del Fede, remite directamente a The Warriors, y el Precinto 13 tiene un evidente halo Carpenteriano), le permite al director hacer de Nafta Súper una licuadora de pasiones cinéfilas desaforadas, tributando el amor por esos clásicos contemporáneos y no cayendo en el robo descarado de ideas. Y puede vociferarse que no hay robo porque la de Nafta Súper, más allá de las citas y los homenajes, es una ficción de identidad propia, que puede jugar con íconos del género no para apropiárselos, sino para incorporarlos a una trama perfectamente ensamblada. Se trata de un mecanismo similar al que Oyola hace en su libro: salir a buscar un universo preexistente para reversionarlo y darle un soplo de vida único y totalmente genuino. En ese sentido, la serie logra mantener vivo el encanto de la novela y esta original relectura del mito de Superman.
2. Guiños, guiños y más guiños
En una entrevista con LA NACION, Leo Oyola contó, por ejemplo, que se quedó con ganas de meter a Aquaman porque su presencia involuntariamente iba a virar el tono de la ficción hacia la comedia. Por ese motivo, la aparición de nuevas criaturas de DC versión argentina debía ser muy medida, porque era importante pensar con cuidado cómo podrían ser los equivalentes de determinados personajes, sin que esas mismas equivalencias terminaran por desbocar las riendas de la historia. Por ese motivo, la llegada de la serie, con la obvia promesa de expandir el circuito de personajes, vuelve a enfrentarse a ese reto: ¿cómo pueden sumarse nuevos héroes y villanos de DC, sin que queden caricaturescos y atenten contra la identidad del relato? Afortunadamente y por lo que se vio en los primeros dos episodios, ese ejercicio sigue estando finamente controlado. La primera en sumarse al panteón de nuevos personajes es Miyi (Jazmín Stuart), la gatúbela que maneja un bar nocturno en el que figuran otras análogas de grandes mujeres de DC (en donde se encuentra incluso una original reversión de la gran Zatanna). Con la misma lógica de la novela, estos nuevos personajes buscan no torcer el espíritu conurbano de la historia, manteniendo un universo que sea acorde al tono macro del relato. En ese sentido, Nafta Súper vuelve a acertar y deja flotando en el aire el interrogante sobre quiénes serán los nuevos personajes en aparecer, y cómo los reinterpretarán.
3. La sensibilidad en Carozo y Narizota
El segundo episodio de Nafta Súper recupera un fragmento del libro que en la película no pudo estar: el secuestro de Carozo y Narizota. Va un repaso breve: el sueño de Pinino, desde chico, era tomar la leche con esos muñecos, y de adulto, la banda no tiene mejor idea que secuestrar a los personajes para que Nafta pueda cumplir en su madurez ese deseo frustrado de la infancia. Y la serie hace lo imposible: construir ese momento sin convertirlo en un paso de comedia absurda. El respeto por la historia de Pinino, sus carencias y la emoción de un adulto que logra cumplir ese sueño tan inocente, es uno de los aspectos por lo que esta ficción consigue funcionar tan bien, trasladando y cuidando la sensibilidad que tenía la novela. La serie hubiera fallado si el momento de Carozo y Narizota hubiera virado hacia la comedia trazo grueso, remarcando el inverosímil de tener a dos títeres merendando entre adultos que viven rodeados de violencia y delito. Pero no, la emoción plenamente infantil del personaje interpretado por Palomino es conmovedora y se despoja de cualquier tono burlón que atente contra el verdadero espíritu del relato.
La verdadera lucha de Nafta
En una tele que muchas veces no se anima a arriesgar y que parece decidida a producir (o peor aún, comprar del exterior) fórmulas de lo más tradicionales, la llegada de un producto como Nafta Súper, es la prueba definitiva no solo de la necesidad de una tele que se tome el trabajo de producir contenido un poco más arriesgado, sino también de la presencia de un público ávido de consumir este tipo de propuestas. No sabemos qué continuidad tendrá esta ficción, pero lo importante es que Pinino y su banda dejaron en evidencia que Argentina bien puede poner su granito de arena en un mercado mundial que apuesta por miniseries de calidad. A futuro, y pase lo que pase, Nafta Súper ya ganó la más difícil de las batallas: demostrar que nuestra tele puede hacer mucho más de lo que nos quieren hacer creer.






