
Ney Matogrosso, fascinación y magnetismo
Atento aos sinais / Espectáculo a cargo de Ney Matogrosso, acompañado por Sacha Amback (direción musical y teclado), Guilherme Kastrup, Felipe Gonçalves y Marcos Costa (percusión), Marcelo Veira (bajo), Andre Valle (guitarra), Aquiles Moraes (trompeta) y Everson Moraes (trombón) / Producción: Ney Matogrosso / Producción general: Osvaldo Papaleo y Verónica Kolodesky y Gustavo Gianetti / Teatro: Coliseo / Nuestra opinión: excelente
Ser redundante es inevitable cuando llega la hora de referirse al admirable hecho artístico que por sí mismo constituye Ney Matogrosso. Intérprete único, camaleónico y singular, siempre renovado, siempre multifacético, siempre provocador, es el mismo que viene sorprendiendo desde hace años con una creatividad que parece no conocer límites. Es el que reaparece, tras una ausencia de demasiado tiempo, al comienzo de un show ejemplarmente puntual, imperativo como un rey en el centro del escenario, su autoridad traducida en la pose y subrayada por la luz, y los atavíos, socios esenciales en la construcción del fenómeno de su hechizo. Es la misma de siempre su presencia magnética, como lo son la fibrosa masculinidad del cuerpo increíblemente joven, la energía inagotable, la sensualidad maliciosa y ondulante de la cadera, la mirada desafiante de sus empavonados ojos. Ney, ya se sabe, hizo de la ambigüedad el secreto de su fascinación, pero su teatralidad va bastante más allá de la imagen andrógina con la que se impuso hace cuatro décadas.
Este Ney atento a las señales -como en realidad lo estuvo siempre- sabe detectarlas e interpretar su significado. Las encuentra, otra vez, en las voces de los artistas jóvenes, no siempre conocidos, que descubre cuando sale a alimentar su repertorio. Y el clima, claro, tiene predominantemente el tono urgente que refleja la realidad. Por eso comienza, vibrante, con la nerviosa potencia urbana de "Rua da passagem", de Lenine y Arnaldo Antunes, y con "Incêndio", de Pedro Luis, acompañado por las estupendas imágenes de la multitud atropellándose y la prisa irracional de peatones y automóviles. Es apenas el comienzo de una puesta en escena que desbordará de inventiva, imaginación y refinamiento de punta a punta, ya en los tramos en que el sonido tienda a la tensión rockera y la potencia sonora como en los más contenidos, ya aquellos en los que prevalecen las imágenes poéticas (de "Roendo as unhas", de Paulinho da Viola, a la bellísima "Noite torta", de Itamar Assumpção (1949-2003).
Es un nombre destacado de la vanguardia paulista varias veces presente en el programa ("Isso não vai ficar assim", por ejemplo, en que Ney termina pidiendo un beso "como si fuera esta noche la última vez" y, claro, lo consigue).
Los climas se alternan, como también se alternan los autores, Están los de siempre (Caetano pone el marco anglo-nigeriano de "Two Naira Fifty Kobo", de los tiempos de Bicho, para el magnífico cuadro dedicado a los indios, Vitor Ramil suscribe otro momento descollante, el de "A ilusão da casa". De la época de Secos & Molhados, se rescata "Amor", que algunos llaman "Leve" y enciende una chispa de emoción. Está el inolvidable Cazuza con su "Poema", y Lobão aportando su "Vida loca vida" al sector rockero. Y están los nuevos como Criolo ("Freguês da meianoite", casi un bolero). Dani Black (la muy bella "Oração" de la que proviene el título del show), y hasta hay inéditas ("Beijos de Imã", de Jerry Espíndola, Alzira E., Arruda y el próprio Ney, que queda sonando en la memoria de los presentes cuando el show, fatalmente tiene que terminar a pesar de los pedidos insistentes de uma platea colmada y aplaudiendo de pie.
Como para no pedir más después de un show superlativo en todos sus detalles, como podía esperarse de este artista único que siempre encuentra cómo perfeccionar cada aspecto de sus presentaciones: lo musical, lo visual y lo sonoro. Ney no es solamente único. Es también completo.
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