
Noches de confluencias
Actuación de Víctor Heredia y León Gieco. Grupo de Heredia: Daniel Homer (guitarra eléctrica), Ricky Zielinski (bajo eléctrico), Gustavo López (batería y percusión), Babu Cerviño (teclados, arreglos y dirección). Grupo de Gieco: Aníbal Forcada (charango, bajo y coros), Eduardo Rogatti (guitarras eléctricas y coros), Roberto Domínguez (violín, mandolín, guitarra eléctrica y coros), Marcelo García (batería y percusión), Luis Gurevich (compositor, teclados y coros). En el teatro Opera. Nuestra opinión: bueno.
1 minuto de lectura'
Mercedes Sosa no apareció esta noche en el Opera. Mercedes Sosa, la que incluyó varias canciones de Víctor Heredia y León Gieco en su repertorio. Pero, aunque nadie la nombre, es ella la inspiradora de estos encuentros entre artistas de la música popular;la que los llevó a cabo desde la década del 80 y los implantó, con la fuerza del amor y la solidaridad, como un hecho natural entre nosotros.
Esta reunión es atípica. Lo es en la presentación a través de una filmación que transmite la actuación de los invitados Roque Narvaja, la muy natural y simpática Roxana Carabajal, Nito Mestre con Pedro Aznar en teclados (quien también acompañará al muy serio y canchero Abel Pintos). Lo es por la presencia de actores que emiten su mensaje de repudio a la televisión chatarra, y que abogan por la ley de radiodifusión El rock nacional se ha dado la mano, en tal preámbulo, con el folklore.
Luego, con Heredia y Gieco formarán una dupla singular cuyo vértice es, curiosamente, el rock. Heredia, que arrancó su trayectoria artística con el folklore para volcarse a un pop-rock de inspiración telúrica, y Gieco, que desde el seno mismo del rock nacional, se lanzó a rescatar las voces de la tierra a partir de la Mesopotamia.
Sin divismo
De allí es que esta noche es de confluencias y también de distanciamientos estéticos. Unidos a partir del carisma, Víctor y León recorren sus caminos con el mismo fervor testimonial y de denuncia. Su verbo poético es igualmente urgente y ciudadano. En los cinco primeros temas: "La colina de la vida", "Cinco siglos igual", "Todos los días un poco", "Supongamos" y "Arco iris" se unen las voces de los coprotagonistas. Ninguno se ha tentado de divismo. De allí que alternan armoniosamente en las partes cantadas, o se internan por tentativos y a veces certeros dúos. A pesar de él, la voz de Heredia es más potente que la de Gieco, pero ambos han buscado y logrado el mejor ensamble para que tal diferencia resulte lo menos patente posible. Cuentan con bellas canciones y un público incondicional que concurrió a celebrar un encuentro histórico.
León y su grupo iniciarán entonces su tramo, con ocho canciones escritas por un idealista socialmente comprometido, en las que se cuela el humor y la ironía, como en "Los salieri de Charly" y "Orozco", con los que vibra la gente joven.
Con Víctor y su grupo llega el folk-rock andino de "Marcas" y un melodismo que trepa. La voz potente se yergue como un desafío. Y el testimonio surge a cada paso, aunque se trate de una canción de amor, como "Mara". De todos modos el mejor Víctor Heredia estará siempre no en el límite de su tesitura de tenor, sino en la media voz y en los matices.
El cierre llegará con los clásicos: "Razón de vivir", "Todavía cantamos" y "Solo le pido a Dios", antes de los bises. Allí se repite un sonido poderoso que a veces ha dejado en el olvido algunos versos. El encuentro de estos creadores se suma a los hitos de la memoria colectiva, sobre todo por la dimensión humana y el compromiso ético.






