
Nordmann, arte entre las cuerdas
Inauguración del ciclo de Festivales Musicales de Buenos Aires. Recital de la arpista Marielle Nordmann. Programa con obras de Johann Sebastian Bach, Felix Mendelssohn, Mikhail Glinka, Xenia Erdelyi, Albert Roussel, Alexandre Tansman, Isaac Albeniz y Charles Gounod. Teatro Avenida.
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Es un placer auditivo escuchar el recital de la distinguida arpista francesa Marielle Nordmann, bien conocida por el público de Festivales de Buenos Aires, que desde 1989 la cuenta entre sus artistas exclusivas.
La delicada forma de ejecutar y la belleza del sonido crean una sensación de liberación espiritual. Sobre todo con tres preludios de Bach, maravilla porque la música pura se hace aún más inmaterial.
Nordmann encara un preludio de Mendelssohn. Su conocimiento estilístico se aprecia al escuchar con nitidez el paso del tiempo desde la cumbre del músico alemán, y cuando permite una mirada a la música nacional rusa, la de Mikhail Glinka, con cuatro pequeñas joyas, dos nocturnos y dos canciones, embelesa por la dulzura de fraseo.
Instantes antes se muestra con naturalidad para explicar que no puede tocar las dos obras de Wilhelm Posse, una curiosidad que queda para la próxima vez, porque se trata de una figura importante de la época de Brahms y eminente arpista. Su voz es también música y su pronunciación del francés nos recuerda que nació en Montpellier. Dice que agregará más Glinka y la gentileza del público se manifiesta con una aprobación, también delicada y trasparente.
Llegan obras de autores del siglo XX. Primero, tres piezas de Erdelyi, compositores de Ucrania, solistas de arpa de la Orquesta del Bolshoi y profesora de su instrumento en el Conservatorio de Moscú.
Luego, en la segunda parte del programa, un Impromptu, de Albert Roussel, breve pero valioso por su exótica atmósfera oriental y piezas para niños de Alexander Tansman, un autor polaco, que no puede negar la influencia de Igor Stravinsky.
Sobre el final, Nordmann da una lección de virtuosismo con el sonido lejano y nostálgico de "Córdoba" y "Asturias", de Isaac Albeniz, que vienen a demostrar la indudable capacidad del instrumento para que las transcripciones de obras de piano no se escuchen deformadas.
Para el cierre, el impacto de una fantasía sobre temas de la ópera "Fausto", de Charles Gounod, que obliga a exhibir toda la gama de recursos técnicos, tanto de liviandad en las manos, articulación como perlas y gama de sonoridades desde las más tenues a las más exuberantes. Entonces la ovación es total y debe agregar dos estudios, uno de Alphonse Jean Haselmann, arpista y compositor belga, y otro de Fernando Sor, con su lenguaje para la guitarra ahora tan cautivante y perfecto en el arpa.
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