Nuevas osadías de López Puccio

Fue la primera audición argentina de una obra de Richard Strauss
René Vargas Vera
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18 de mayo de 2016  

López Puccio logró entrega y calidad
López Puccio logró entrega y calidad Crédito: Prensa

Estamos en la iglesia San Ignacio, resplandeciente de blancura y repleta de público en sus bancos. No es ni la basílica de La Merced, que es como su segundo hogar musical, ni está frente al portentoso Estudio Coral. No. Hoy Carlos López Puccio decidió regalarnos la "primera audición argentina" de una de las más osadas y alucinantes invenciones del compositor alemán Richard Strauss: An den Baum Daphne (En el árbol Dafne), inspirada en el mito de Apolo, el dios de la belleza, la luz y las artes, perdidamente enamorado de la ninfa Dafne, quien huyendo de todo matrimonio se transforma en el árbol del laurel por orden de Júpiter, padre de los dioses griegos.

Los protagonistas de esta prodigiosa hazaña son los muchachos y chicas del Coro Nacional de Jóvenes, y los pequeños genios del Coro Nacional de Niños, guiados por María Isabel Sanz.

López Puccio asume, como director invitado del Coro de Jóvenes, este Strauss que fue por un tiempo una de sus asignaturas pendientes, porque no había encontrado un coro de niños de altísimo nivel artístico digno de este genio alemán, hasta que, por referencias, pudo ofrecérselo a María Isabel Sanz y constatar la excelencia de estos niños cantores. Con los dos coros y como cierre, pudo ofrecer su Strauss. Había definido este encuentro como "Vanguardias y Retaguardias en el siglo XX", verdadero galimatías que nos hizo presumir que se trataba de música no tonal y música tonal. No acertamos. López Puccio ni siquiera pensó en tan hipotética distinción; tampoco pretendió ofrecer un pantallazo de las vanguardias del siglo XX. Le bastó con acercarnos a un Arnold Schoenberg paradojal en Schein uns, du liebe Sonne (Brilla para nosotros, querido sol), por la sencillez y diafanidad armónica del tercer canto popular de este inventor del dodecafonismo.

Pudimos reencontrarnos con el siempre sorprendente Henryk Gorecki, amigo del Estudio Coral, en sus dos facetas: un sobrecogedor Amén casi apocalíptico y un Totus Tuus impregnado de devoción -tanto como el Elgar de las Variaciones Enigma, en versión coral, al igual que Lux Aeterna, también para ocho voces. Y estremecernos una vez más con el Lux Aeterna de Ligeti.

Sin duda que tras la siembra de Vilma Gorini de Teseo, el Coro Nacional de Niños alcanzó sus más altas cumbres con la guía de María Isabel Sanz, y que en Strauss ha brillado con mil destellos. En cuanto al Coro Nacional de Jóvenes es de rigor señalar que conquistó admirable solidez y sólido prestigio de la mano de Néstor Zadoff. El maestro Zadoff está apartado del coro que dirigió desde su creación. Hoy los jóvenes están a cargo del subdirector Pablo Banchi, sin que las autoridades definan roles. Fue envidiable comprobar la entrega y calidad de sus integrantes, que si ya son adultos capacitados podrían incorporarse al Coro Polifónico Nacional. Hoy el Coro de Jóvenes no tiene director titular. Es hora de que las nuevas autoridades de Cultura de la Nación eviten repetir con estos jóvenes cantores los gruesos errores cometidos en otras áreas culturales.

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