
Nüremberg: cruda y cruel performance escénica
Un joven de cabeza rapada yace en un espacio vacío; solo lo acompaña una mochila. En la pared del fondo se proyecta la imagen de Joseph Goebbels, durante los juicios de Nüremberg. Recientemente nominada al Premio ACE, Nüremberg, del uruguayo Santiago Sanguinetti, es de una contemporaneidad extrema que sacude y despierta los más contradictorios sentimientos, a partir de lo que dice y hace su único protagonista, y que le exige a Mateo Chiarino un gran despliegue físico y emocional.
El odio que desprenden sus palabras, que no admiten ningún eufemismo, y la violencia de sus gestos, que por instantes intenta disimular mediante la práctica de una serie de ejercicios típicos de un soldado no son otra cosa que la preparación para cometer un crimen. Él se convierte en el más temible símbolo de una sociedad atravesada por una intolerancia, que pareciera filtrarse hasta en los más mínimos detalles. Dirigida con maestría por Pablo Finamore se acaba de reponer en El Ópalo, Junín 380(4951-3392), hasta el 31, los sábados, a las 18.
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