Omar Sharif: el gallardo actor egipcio que conquistó al mundo
Cuando Omar Sharif, que falleció ayer, en El Cairo, a los 83 años de un ataque cardíaco, ganó fama internacional como el sherif Alí, de Lawrence de Arabia (1962), ya era el astro más popular de su patria, Egipto. Había bastado que uno de los directores más célebres de ese país, Youssef Chahine, apreciara su inusual apostura para que le ofreciera ingresar en el cine.
Fue en El diablo en el Sahara (1954) y, a partir de ahí, el llamativo moreno de penetrantes ojos renegridos ascendería rápidamente al estrellato. Le sobraba gallardía (lo recordarán quienes guarden en la memoria la imagen de presentación de su personaje en el inolvidable film de David Lean, imponente su estampa sobre el camello en medio del desierto). Pero además, le sobraban también antecedentes. Hablaba inglés y había estudiado física y matemáticas en la Universidad de El Cairo antes de cursar teatro en la Royal Academic of Dramatic Art de Londres, de modo que cuando Lean buscó un actor árabe para el papel del líder tribal no pudo sino contratarlo.
"Es una gran película -juzgó él más de una vez-, pero yo no estoy bien en ella." Sin embargo, por ese desempeño ganó un Globo de Oro y fue nominado al Oscar al mejor actor de reparto. En cambio, aunque volvió a ganar el Globo, no consiguió ninguna candidatura de la Academia para su otro gran trabajo, en Dr. Zhivago (1965) sobre la novela de Boris Pasternak, esta vez como protagonista.
Aunque su carrera fue extensa, y en ella hubo altibajos, son esos dos tempranos éxitos los que descuellan en la filmografía de este actor nacido en Alejandría, llamado Michel Demetri Chalhoub, perteneciente a una familia de ascendencia libanesa y famoso por el culto de otras pasiones: el bridge, por sobre todo (durante años escribió la columna especializada en el Chicago Tribune), el juego y los caballos.
Trabajó con muchos de los directores más renombrados, de John Frankenheimer a Richard Fleischer, de Fred Zinnemann a Francesco Rosi, de Anatole Litvak a Blake Edwards, de William Wyler a Anthony Mann. Fue, por ejemplo, el conquistador Gengis Khan, un patriota yugoslavo en El Rolls-Royce amarillo; un oficial alemán en La noche de los generales, y el marido de Fanny Brice en Funny Girl, al lado de Barbra Streisand. Actuó asimismo en westerns como El oro de Mackenna y thrillers como Juggernaut, y contribuyó con un cameo cómico en La pantera rosa ataca de nuevo, de Blake Edwards. Uno de sus últimos éxitos fue en Monsieur Ibrahim y las flores del Corán, que filmó en Francia con François Dupeyron y en el que personificaba a un mercader turco musulmán que prácticamente adopta a un niño judío. Hace apenas semanas lo volvimos a ver en una fugaz escena de Un castillo en Italia, de Valeria Bruni Tedeschi, donde se representaba a sí mismo y lucía tan seductor como siempre.
Sharif estuvo casado con una famosa actriz egipcia, Faten Hamama (adoptó el islamismo para poder desposarla) y juntos tuvieron un solo hijo, Tarek El-Sharif, nacido en 1957.
Omar siguió viviendo en su país hasta que debió instalarse en Europa y aumentaron las dificultades para entrar y salir de Egipto. Él y Faten se separaron en 1966 y el matrimonio se disolvió en 1974. Sharif no volvió a casarse. Cuando se le comentaba acerca de su fama en el mundo, solía decir: "Hollywood me dio gloria, pero también me dio soledad y me hizo extrañar a mi tierra, a mi propia gente y a mi propio país." Hamama falleció este año. Hace unos pocos meses, se supo que el actor padecía mal de Alzheimer y últimamente había perdido por completo el apetito, lo que precipitó su decadencia física.






