
Palabras
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En realidad, ¿alguien querría no ser libre?, me pregunté. Como respuesta, mi mente recordó a varias personas (a las que conocía bien), que seguramente entrarían en esa categoría. Al seguir profundizando, me di cuenta de que no sólo ellas, sino mucha gente, se resisten a todo tipo de cambio, prefiriendo la certeza de una situación habitual, por muy desdichada o difícil que sea, antes de intentar algo diferente de lo que están acostumbradas a vivir.
Hay también quienes protestan porque quieren ser libres, pero cuando se les ofrece la oportunidad de escapar de sus prisiones, descubren que no tienen voluntad suficiente como para renunciar a sus apegos, ya sea a su gente, a sus posesiones, deseos, seguridad o a cualquier cosa que, según ellos, es imprescindible para vivir.
Extrañamente, la gente se muestra dispuesta a llegar a cualquier límite con tal de proteger y conservar sus sueños y deseos. Y se opondrán y harán oídos sordos ante toda tentativa de mostrarles que, a menudo, esos deseos y sueños constituyen la raíz de su tremenda infelicidad.






