Patricio Contreras: "En Nicanor Parra está el lenguaje de Chile"

Un sentido homenaje al poeta chileno que combina teatro y música
Ricardo Marín
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23 de marzo de 2015  

En diciembre de 2014, Patricio Contreras participó de un homenaje a Nicanor Parra que organizaron la embajada chilena en Buenos Aires y el gobierno de la ciudad, para celebrar los 100 años que el poeta (o antipoeta, como se define él) había cumplido en septiembre con muy buena salud. "Fue la réplica de algo que se había hecho en 2011, en Santiago de Chile. Se llamaba AntiLázaro y era una puesta itinerante. Viajábamos en un colectivo al que iban subiendo y bajando distintos actores argentinos y chilenos en una ruta que unía la embajada con el cementerio de la Chacarita. Allí nos esperaba una tumba abierta desde la cual, fiel a su espíritu, hablaban las palabras de Nicanor", recuerda quien dice ser un actor argentino nacido en Chile.

"Nací del otro lado de la Cordillera, pero mi formación actoral la hice aquí. Por estos días se cumplen 40 años de mi llegada a la Argentina para establecerme en este hermoso país", reafirma sobre aquello último.

Como desprendimiento de esa experiencia conmemorativa, desde el 13 de marzo, durante ocho viernes, a las 21, en el Centro Cultural de la Cooperación, el actor está presentando Patricio Contreras dice Nicanor Parra, un espectáculo con textos del poeta chileno, con dirección de Alejandro Tantanian y en el que también está el pianista Diego Penelas, que les puso melodías a los versos de Parra. "Éste es un viejo proyecto, un sueño mío: hacer en teatro la poesía de Nicanor. Es un poeta al que conocí de muy joven, a los 16 o 17 años, cuando asistía a un taller literario en Santiago con la idea de escribir poesía. Nicanor era el poeta que revolucionaba las letras hispanoamericanas con su antipoesía. Fue la manera mía de entrar a la poesía, de una manera amable, contemporánea. Con un poeta joven, rupturista, iconoclasta, que venía con el humor, la socarronería y el lenguaje popular de la calle. Entonces era alguien más cercano a los poetas que a uno había conocido en el colegio", confiesa el actor.

-¿Por ese entonces todavía no pensabas en ser actor?

- Fue una época en la que, al mismo tiempo, estudiaba teatro, asistía a ese taller literario y en la noche me quedaba hasta muy tarde dibujando y pintando. Mi padre oficiaba de mecenas y yo era un inútil, que no hacía nada productivo, pero él confiaba. Mi viejo me mantuvo en eso unos cuatro años, hasta que, a los 22, empecé a trabajar profesionalmente como actor.

-¿Qué te decidió a enfocarte en la actuación?

-Al taller literario iban algunos poetas mayores a escuchar nuestra producción. Una vez fue Hernán Loyola, un biógrafo muy importante de Pablo Neruda, y luego de escucharme se acercó y me dijo: "Dedíquese al teatro". Luego de unos años, cuando ya era un actor conocido por la televisión en Chile, me encontró en la calle y me paró y me dijo: "¿Vio lo que le dije?". Así que mi destino era éste.

-¿Cuál es la diferencia para un actor entre preparar un personaje y un espectáculo con poemas?

-Lo que pasa con Nicanor es que, por su característica como poeta, son diversas las voces que habitan su poesía. Son hablantes distintos, nunca es él. No es el caso de Neruda, donde siempre el que canta en sus poemas es él. Por eso lo de Nicanor está mucho más cercano al teatro. En otros casos a los actores nos gusta leer la poesía o decirla de memoria, entendiendo que es un homenaje a la palabra, a la imagen, al concepto. En el teatro, cuando nos habita un personaje ya estamos jugando con nuestro temperamento, con la emoción. En el caso en particular de este espectáculo hay lectura de poemas, algunos dichos de memoria, otros actuados, porque se prestan para ello en una suerte de cuasi diálogos que propone el poeta. También hay poemas entonados porque está Diego Penelas, que les ha puesto música a cuatro de ellos, y yo me animo a entonarlos.

-¿De joven también te dio por la música?

-Coqueteé un poco con la guitarra, como todo joven, pero me aburrí rápido.

-¿Con el dibujo qué pasó?

-Lo practico cada tanto. Pero es algo que guardo para dedicarle tiempo en años de más calma, que inevitablemente llegarán en el futuro.

-La actuación ganó ampliamente entonces.

-Sí. De hecho en el terreno de teatro, donde dirigí mucho, aunque no me considero un director, sino un actor que dirige, descubrí con sorpresa todo lo que aprendí y sé de puesta en escena, de iluminación... De muchas cosas en esta disciplina. Y menos mal que es así, porque si después de 41 años de hacer teatro no aprendí de todo eso hubiera sido lamentable.

-¿Te gusta dirigir?

-Mucho. Es asombrosa la experiencia de director. Ver la transformación de los actores que, al principio, son como niños, con berrinches, con inseguridades, pánico, emociones, alegrías y, al final, se meten en sus personajes y los interpretan. Ser parte de esa construcción desde el rol de director es lo más cercano a ser un creador. Pero más allá de esa experiencia placentera, yo sigo siendo un actor. Leo un texto y lo que primero pienso es en actuarlo, no en dirigirlo.

-Además de AntiLázaro, frecuentaste anteriormente a Nicanor...

-Sí, lo he leído en varias ocasiones. Siempre el poeta por excelencia de Chile es Neruda, pero cuando me invitan a un acto cultural a leer poemas siempre elijo a Nicanor. Tengo un libro que es la primera antología suya publicada: Obra gruesa, de 1969. Me la regaló un compañero de trabajo de la primera obra que hice en la Argentina, Hablemos a calzón quitado, en 1975. Desde entonces tengo ese libro en mi casa en un lugar privilegiado, como si fuera una Biblia. En ese libro está el lenguaje de Chile, es el vínculo que me mantiene atado a mi país. Se dice que el lenguaje es la historia de una comunidad, la historia de un pueblo, su manera de relacionarse, de pensar, de expresarse. Nicanor seguramente es la voz más autorizada, es el chamán de esa tribu que se llama Chile. Su poesía conserva nuestro lenguaje, nuestras tradiciones, nuestra manera de ser.

-¿Con Neruda no te identificás tanto?

-Sí, también. Es un poeta que leo mucho. Es como Borges, al que leo cada tanto cuando busco alguna idea, alguna reflexión profunda de lo que me acontece a mí, o a mi comunidad. Cuando los terremotos de 2010 que fueron tan trágicos, fui a la poesía, porque ella registra ese tembladeral que es Chile, entonces voy a Neruda. Es un poeta del que me sigue asombrando su monumentalidad. Todo lo transforma en poesía. Alguien capaz de cantarle a un serrucho y hacer algo bellísimo, que te conmueve o emociona.

-¿Entre ellos había enemistad?

-Creo que entre ellos los poetas nunca se llevan bien. Pero se admiran y también se envidian y se combaten. Se dice de Nicanor y Neruda que se llevaban mal, pero hay una larga conferencia que dio Nicanor dedicada a Pablo en la que arranca diciendo que hay dos maneras de refutarlo: o no leyéndolo o leyéndolo con mala leche. Para mí allí esta resumido su homenaje a un poeta de otra estirpe, perteneciente a otro universo poético, pero al que no se puede dejar de admirar.

-Con los jóvenes de hoy, ¿qué pasa con Nicanor?

-No es un poeta muy popular en la Argentina. Se lo conoce más como el hermano de Violeta [Parra]. Pero es muy conocido en el mundo. Creo que hoy los jóvenes entran más fácilmente a la poesía que en mi época y lo hacen a través del rock, un género que ha abrevado mucho de los poetas beatnik, del movimiento hippie, de Allen Ginsberg, de Jacques Prevert. En el rock los jóvenes encuentran que la poesía no sólo existe en el Parnaso, y el "manifiesto" de Nicanor arranca diciendo eso. Ojalá vengan muchos jóvenes a ver este espectáculo.

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