Martina García y Daniel Mejía
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Tal vez el problema más grande con las películas que pretenden mostrar a Bogotá es que siempre intentan innovar pero terminan en lo mismo: encasillando a Bogotá. La capital oscura, underground, de bares de mala muerte, empresarios corruptos, esmeralderos y prostitutas.
Y esta no es la excepción. Perder es cuestión de método es la típica película policíaca en la que hay un crimen que va resolviéndose poco a poco con ayuda de pistas. Hay un héroe -el investigador [Daniel Giménez Cacho]- que cuenta con un ayudante, una especie de Watson-Sancho Panza, el oficinista Estupiñán, interpretado por César Mora, un personaje torpe pero con la malicia indígena típica del colombiano, con quien el espectador se termina encariñando. El héroe se enamora de una prostituta, Quica, interpretada por Martina García, la cual se ve involucrada en el crimen. Pero gracias a la ayuda del Coronel de la policía, [Carlos Benjumea] quien tiene una adicción a la comida, el caso se resuelve. Claro, esto después de unos cuantos muertos y tiroteos por parte de los gánsters criollos.
El propósito de Sergio Cabrera se cumple: mostrar el enemigo numero uno de la cuidad, la corrupción; un tema que el director quería abordar desde que pasó por el Congreso de la República.
Y la Bogotá corrupta es la Bogotá turbia, donde todos los personajes son perversos de una u otra manera. Rescatable la actuación de Martina García, convincente y desenvuelta en su papel de prostituta.
Lamentablemente, es otra película muy local que expone, de una manera estereotipada, una cuidad viciada.
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