La empresaria y ex modelo aceptó realizar esta espectacular producción de fotos en traje de baño
1 minuto de lectura'

Hacía veinte años que Karina Rabolini (47) no posaba en traje de baño. Sin embargo, aceptó sin condiciones la propuesta de ¡Hola! Argentina y se dispuso a hacer la producción con el profesionalismo que conserva de sus tiempos de modelo. Sin estilista que la auxiliara –se ocupa ella misma del maquillaje y el peinado–, llegó a la cita con una valija cargada de ropa, y en pocos minutos estuvo lista. Flaca, decidida, dueña de unas piernas interminables, la mujer de Daniel Scioli (57) desfiló por la arena como una verdadera diosa. Y para los pocos que recorrían ese laberinto de dunas en cuatriciclos o camionetas 4x4, la primera dama de la provincia de Buenos Aires fue casi como una aparición, enigmática, entre los médanos del norte de Pinamar.
Con su costado más lúdico a flor de piel, se divirtió "jugando" frente a la cámara y, por unas horas, dejó stand by su agenda recargada, el teléfono celular, las reuniones y las obligaciones al frente de la Fundación Banco Provincia.

La nota y las fotos se hicieron el sábado 17 de enero, con la intención de publicarlas la semana del 20. Pero la sorpresiva muerte del fiscal Alberto Nisman cambió nuestro plan original, por pedido expreso de Karina Rabolini, quien días más tarde dijo al respecto: "Hay que respaldar el trabajo de la Justicia para que se encuentren las respuestas a todos los interrogantes que genera este caso, y cada uno de nosotros debe apoyar y creer en la investigación judicial".
Ella sabía que la política, la campaña, el poder y la actualidad no serían el eje del reportaje, sino ella mujer: el amor, la maternidad que no pudo ser, el "abuelazgo" y la posibilidad de convertirse en primera dama. "Llevamos toda una vida juntos. Empezamos nuestra relación siendo muy jóvenes: yo tenía 18 y el, 28. Este año cumplimos treinta años de amor", cuenta.
–Deben haber atravesado varias crisis en todo este tiempo.
–Sí, varias, pero cuando le preguntan por nosotros a Daniel, él siempre dice: "Treinta años, interrumpidos".
–¿Cómo resolvieron esas crisis?
–Siempre mantuvimos el contacto y el respeto. Aun separados, Daniel siguió siendo el mismo conmigo y un gran apoyo en mi vida. A partir de ahí, y si hay amor, todo se supera. Llegamos a estar separados cuatro años.
–¿Te cuesta pedir perdón?
–No, para nada. Los dos nos hemos pedido perdón en distintos momentos. Te diría que nunca nos fuimos a dormir peleados. Además, por lo general no pasamos mucho tiempo enojados, porque enseguida alguno de los dos hace reír al otro con un chiste.
–¿Quién afloja primero?
–Daniel es mucho más flexible que yo. El tiene esa capacidad de discernir las cosas importantes de las que no tienen relevancia, las deja de lado y avanza. Yo soy más de quedarme enganchada con pavadas.

–¿Cómo definirías tu relación con él hoy? ¿Qué cambió?
–Mi relación con Daniel va mucho más allá de que sea mi marido. Compartí treinta años de mi vida con él y, en algún sentido, me hice a su manera. El es una persona muy segura de sí misma y siempre me ha permitido sentir la seguridad que yo necesitaba en los momentos difíciles. Por eso, independientemente de nuestra historia de amor, Daniel siempre estuvo en mi vida, aun distanciados. Yo sabía que frente a cualquier problema podía acudir a él.
–¿Son celosos?
–Yo soy muy celosa, Daniel no.
–¿Y le hacés saber cuando estás celosa?
–Sí, siempre se lo hago saber, no me puedo aguantar. [Se ríe]. Igual, como él me conoce mucho, ya sabe cómo manejarme y, como sabe qué cosas me pueden llegar a molestar, las evita. Hay muchos temas que directamente ni los discutimos porque me gana todas las discusiones y enseguida logra que se me vaya el enojo.
–¿Todavía querés ser mamá o ya cerraste ese capítulo?
–Ya lo cerré. Me costó mucho, pero lo cerré.
–¿Alguna vez pensaste en la posibilidad de adoptar?
–Nunca me lo planteé, a pesar de que siento mucha admiración por la gente que adopta. Por mi actividad en la Fundación Banco Provincia estoy en contacto con hogares, con padres que adoptaron, y siento una gran admiración por quien toma esa decisión. Me parece un acto de amor inconmensurable. Y celebro mucho que en la provincia de Buenos Aires esté avanzando el tratamiento de la Ley de Adopción, porque a todos nos resulta tremendo ver la cantidad de familias que quieren adoptar y no pueden y la cantidad de chiquitos que están en los hogares sin poder tener otra vida, y es importante que la legislación vaya agilizando esos trámites.
–¿En qué momento decidiste dejar de intentar quedar embarazada?
–Después de varios tratamientos sin éxito, hace dos años el médico me dijo que las probabilidades de quedar embarazada eran muy bajas, y ahí dije basta. Me hubiera encantado sentirlo distinto, pero así fue, sentí que ya estaba bien, que tenía que cerrar esa etapa.

–¿Cómo sobrellevaste la angustia y la frustración de no poder concretar tu deseo de ser madre?
–En ese tiempo busqué ayuda profesional e hice terapia, que me sirvió mucho. Pero lo más importante para mí fue tener el apoyo de mi marido. Porque te sentís realmente mal. Además, en mi caso, que era yo la que no podía tener hijos, sentía culpa. Justificada o no, pero sentía culpa, y es muy difícil manejar esas emociones. Durante muchos años se me acercaron mujeres que pasaban por lo mismo que yo, y me contaban su experiencia, que en la mayoría de los casos era difícil porque tenían que endeudarse o hipotecaban sus casas para poder seguir el tratamiento. Y aunque yo tuve la suerte de poder costearlos, esas historias me conmovían y a la vez me daban fuerza, porque no me sentía tan sola. Sabía que había familias que pasaban por lo mismo. Por eso, cuando Daniel impulsó la Ley de Fertilización Asistida me acordé de todas esas mujeres que me habían contado lo que les pasaba y me alegré muchísimo por todas y cada una de ellas. Después se convirtió en una ley nacional, así que lo celebré por partida doble.
–¿Qué significó la llegada de Camila, la nieta de Daniel?
–En un primer momento fue una gran tensión para mí, porque un bebé en la familia cambia todo. Pero ahora, cada vez que me sonríe o me dice "Kari, Kari", me derrito. Le bajaría la luna.
–¿Hacés de "abuela"?
–Sí, claro, y disfruto. Le doy de comer, y ella, que es una beba muy tranquila, se queda sentadita en su silla, impecable, y me lo hace fácil. Para mí son momentos mágicos.
–¿Cómo es Daniel abuelo?
–Es un abuelo "malcriador". Está chocho, cada vez que la ve se la come a besos. Igual, la vemos sólo los fines de semana, porque durante la semana cada uno está con sus obligaciones y se nos hace muy difícil.
–¿Se quedó a dormir con ustedes alguna vez?
–Todavía no, es muy chiquita, aún no tiene 2 años. Pero ya va a llegar ese momento y lo esperamos con ansiedad.
–¿Cómo te llevás con Lorena, la hija de Daniel?
–Tenemos una relación muy buena. Y me emociona cuando la veo en su rol de mamá. Me resulta increíble asumir que ya formó su familia y que es una madre increíble porque para mí, Lorena siempre va a ser chica.
–¿Siguen trabajando juntas?
–Ya no. Ella está dedicada full time a su hija. De hecho, no tiene nadie que la ayude con Camila, se ocupa de todo lo que tiene que ver con la beba ella sola.
–¿Te imaginás primera dama ahora que es una posibilidad más concreta que hace tres o cuatro años?
–Entiendo que es una posibilidad concreta y me gustaría que Daniel sea presidente. Y para mí sería un honor ser primera dama. También entiendo que es una gran responsabilidad, porque estás representando a tu país, y lo único que puedo decirte es que asumiría ese compromiso con mucho respeto y haría el mayor de los esfuerzos por desempeñar ese rol de la mejor manera. Porque no se trata solamente de uno, sino que también tiene que ver con el respeto al voto que te ha dado la gente para representarla.
–Y si no llegara a suceder, ¿qué cambiaría en tu vida?
–Si no sucediera, algunas cosas cambiarán, porque cuando Daniel termine su período como gobernador, yo no seguiré trabajando en la Fundación Banco Provincia. De todos modos, seguiría haciendo trabajo social: empezaría a trabajar en otra fundación o quizá desarrollaría una propia. Y también me gustaría que quien nos suceda al frente de la Fundación continúe con nuestro trabajo, de la misma manera que nosotros continuamos programas que venían de gestiones anteriores porque funcionaban muy bien.
–¿Te preparás de alguna forma especial para ser primera dama?
–Podría decirte que estos siete años acompañando a Daniel como gobernador me sirvieron de entrenamiento. La provincia de Buenos Aires es un lugar que te da mucha experiencia, aunque esa experiencia no te cambia las realidades que te toca ver de cerca. Sí cambia tener más experiencia y las herramientas para solucionar más rápido los problemas. Ahora resuelvo con mucha más agilidad que al principio y tengo un poder de respuesta mucho más eficaz. Pero siempre duelen las realidades difíciles.
–¿La gente te para por la calle para contarte sus problemas?
–Sí, todo el tiempo. Me cuentan o me dan cartas. Y está bien que así sea. Porque uno tiene que ser el nexo y colaborar con todo lo que pueda.

–¿Qué hacés para relajarte o desconectarte de tu rutina?
–Me encanta mirar películas, eso es lo único que me desconecta. Pero sólo puedo los fines de semana. Otra cosa que se me ha dado por hacer últimamente es manualidades, me gusta mucho todo lo artesanal, lo que puedo transformar con mis propias manos. Hago cuadros pero no pintados sino como una especie de collage, con cosas pegadas. Esa es mi forma de relajarme, ponerme a imaginar un cuadro. A veces la llamo "mi obra" y en casa todos se me ríen, pero yo lo disfruto mucho.
–¿Estudiaste o sos autodidacta?
–No, no estudié nada, hago lo que imagino. Pero me encantaría estudiar, porque siento que me falta la técnica.
–¿Cómo es tu relación con la Presidenta? ¿La ves seguido?
–Cristina siempre fue sumamente afectuosa conmigo. El año pasado, por ejemplo, el día de mi cumpleaños, me llamó por teléfono para saludarme. Yo estaba bajando de un avión en India, adonde había viajado por mi trabajo, y cuando iba del aeropuerto al hotel sonó el teléfono y era la Presidenta para decirme: "Feliz cumpleaños". Fue un regalo muy lindo y especial para mí. No tengo la oportunidad de verla seguido, pero Daniel sí, y ella siempre ha tenido palabras de afecto para mí y para Lorena. Siento mucha admiración y respeto por la Presidenta.
Texto: Gabriela Grosso
Fotos: Pilar Bustelo
- 1
En fotos: de la gran noche de Guillermo Francella al apoyo incondicional de sus hijos Yoyi y Nicolás
2Quién es Luján Saez: la joven diseñadora detrás de los looks de las hijas de las famosas
3Julio Iglesias demanda a la vicepresidenta española Yolanda Díaz por tacharlo de “abusador sexual”
4Luis Landriscina y Betty: un amor para toda la vida




