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Por Silvina Ajmat
majmat@lanacion.com.ar
''Eres lo que eliges. Elige el amor.'' Es una de las frases que propone como enseñanza la gurú de la meditación moderna Isha, que ya cuenta con miles de seguidores en Latinoamérica y una aprendiz de lujo: Graciela Borges. ''Uno es lo que piensa, pero también lo que hace'', define la actriz e intenta plasmar estos conceptos que le dejó la meditación en toda su vida: ''Los argentinos nos quejamos mucho y creo que en vez de quejarnos tanto deberíamos accionar. El amor es acción'', afirma muy decidida y cada una de sus palabras tienen el peso y la paz de quien habla con una convicción.
Está en un momento ''de bonanza''. La última película que protagonizó, Dos hermanos, fue reconocida a nivel internacional y su interpretación de Susana, la hermana timadora del personaje encarnado por Antonio Gasalla, la está llenando de satisfacciones e importantes premios, como el de mejor actriz en el Festival de Chicago. Ahora, se prepara para un nuevo desafío: filmará Viudas con Valeria Bertucelli y Martín Bossi como co-equipers, y Marcos Carnevale en la dirección. El rodaje empieza en el verano y ya genera expectativa.
-¿Cómo ves este momento del cine argentino, en un año en el que volvimos a ganar el Oscar?
-¡Qué alegría! Lo que pasa con nuestras películas es sorprendente y maravilloso. Me hace muy feliz ver lo que genera Dos hermanos, que en la calle me comenten cosas de la película es hermoso. Pero este cine, con mejores y peores épocas, siempre ha ganado premios, ha ganado el respeto de la gente que realmente conoce de cine, y siempre nos han tenido en cuenta.
Sus respuestas transmiten un optimismo gratificante. Es que, ''quedarse atrapado por la mente pensando solamente en lo negativo no sirve'', explica, y agrega, conciente de su tono de militancia positiva: ''Creo que sólo así se puede cambiar al mundo''.
Está releyendo La tía Julia y el escribidor, de su amigo, Mario Vargas Llosa. Lo acompaña desde lejos en la alegría de haber recibido el Nobel, y recuerda esos momentos que con la distancia del tiempo parecen oníricos: ''Mirá qué lujo: puedo decir que me entrevistó Vargas Llosa''. Había venido a la Argentina para el estreno de La señorita de Tacna, protagonizada por Norma Aleandro. ''Estuvimos un día entero en La Boca y después fuimos a almorzar a La Recoleta'', relata con los ojos brillantes por el recuerdo, y concluye su anécdota con una poderosa reflexión: ''El único lujo verdadero de esta profesión son las relaciones humanas''.
Todos los días Graciela se levanta y sale a caminar una hora y media. Se cuida ''el alma y el cuerpo''. A pesar de las largas horas de rodaje, entrevistas y viajes de promoción, no deja de mantenerse en contacto con la realidad argentina. Y ese contacto le genera una profunda preocupación: ''No dejo de pensar en las cosas perturbantes que están pasando estos días'', dice en relación a la muerte del manifestante Mariano Ferreyra, noticia que le llegó cuando aterrizaba en Mendoza para asistir al desfile organizado por el hotel Hyatt, y que la dejó consternada.
-¿Qué te gustaría decirle al Gobierno o a la sociedad ante estas situaciones?
-Yo no me metería con los gobiernos, ni con el Estado, ni el no Estado. Yo creo que si esperamos todo el tiempo del afuera no va a pasar nada en el mundo. Aquí y en otros países. Si cada uno fuera un poco mejor, pensara con la inteligencia del corazón más que con el centavo en la cabeza… Si yo supiera cómo solucionarlo como gobierno o como estadista me dedicaría a la política, pero no está impresa en mí. No es que la desconozca, porque si está impresa en cada acto de nuestra vida, como elegimos nuestros amigos, nuestra ropa, el colegio al que van nuestros hijos. Todo es un acto político. Pero creo que no hay que esperar tanto sino poner en marcha un movimiento propio que hable de que no tenemos los ojos distraídos.
-En ese contexto ¿cómo ves a la sociedad argentina?
-Ante esto, siempre tengo una mirada esperanzadora. Están muy mal esas bromas que hacemos sobre ''el argentino'' a veces, porque no nos dignificamos. Creo que este es un gran pueblo. La gente sabe que somos aguerridos, y eso es poderoso. Uno es lo que uno piensa, y además, uno es lo que uno hace. Porque el amor es acción.
- Siendo un ícono de belleza nacional, ¿qué opinás de los parámetros que impone la moda en la actualidad?
-Hay que enseñar a la gente que lo que muestran es equívoco. Uno puede estar a la moda y no tener estilo. Las mujeres más interesantes del mundo crearon un estilo. No iban a la moda. Crearon un estilo propiamente ellas. Con la belleza es igual. Si vos me preguntaras, no hay nada más execrable que las barbies. Las chiquitas quieren ser barbies. No me importan las muñecas, me preocupa que esas sean las imágenes que se muestran.
Por otro lado, las mujeres pierden frescura haciéndose tantas cosas en la cara. Hay una masiva culturización de lo que, para mí, es una contra belleza.
La gente más seductora del mundo no es la más flaquita, es la que tiene un accionar de seducción, de inteligencia, de charme, que no tiene que ver con la flacura ni con estos registros tan equivocados, para mi gusto, de la belleza. La frescura viene del paso del tiempo que, a veces, deja marcas. Las marcas del tiempo son las cosas que dan frescura. Son terribles esas caras que pueden tener 32 u 85, esas caras con volúmenes redondos, de tantas cosas puestas. Uno tiene que tener esto de uno, con expresión, con charme, de algo vivo y natural. Como decía Chanel: ''La juventud es fantástica, pero lo que nos honra más son las pequeñas marcas del tiempo por las que pasó nuestra vida''. Eso tiene calidad y tiene otro glamour.
Traje blanco, camisa negra y gafas muy oscuras. El sombrero en la mano, no es para dar el toque de diva porque no lo necesita. Sí necesita cubrir su piel blanca y tersa (''por la buena genética y no por operaciones'') del sol que ya encandila desde lo alto. La entrevista terminó y debe posar para las fotos. Lo hace con elegancia, con charme, y así, sin querer, describe con su imagen lo que quiso decir antes con palabras. Glamour es sinónimo de Graciela Borges.
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