Con su mujer, Florencia Cardarelli, eligió el cerro Chapelco para que Elena, Vicente y Camilo se inicien en el esquí
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Está feliz. La experiencia de haber llevado a sus tres hijos a conocer la nieve resultó memorable. Carlos José "Bebe" Contepomi (44) planeó una miniescapada a San Martín de los Andes junto a su mujer, Florencia Cardarelli (30), y los pequeños Elena (6), Vicente (3) y Camilo (8 meses), con una única consigna: esquiar y disfrutar al máximo el contacto con la naturaleza. "Hacía 20 años que no esquiaba. Practiqué mucho de chico con mi familia y después, por una cosa u otra, dejé de venir a la montaña. Así que este viaje resultó especial para todos", explica entusiasmado.
–¿Los más chicos también esquiaron?
–Para ellos, todo fue una novedad, desde ir al cerro hasta ponerse el equipo. Vicente, que es el más deportista y el más lanzado, se calzó los esquíes sin problemas y se animó a bajar la montaña enseguida. A Elena, en cambio, le costó mucho más. Es más lady, más señorita, y el tema de ponerse las botas le incomodaba un poco, además de que le daba miedo tirarse. Pero después de ver a su hermano, se relajó y le terminó gustando.
–¿Y vos cómo lo viviste?
–Espectacular, son esas cosas que te hacen cuestionarte por qué alguna vez las dejaste de hacer. Yo esquié hasta los 25 años, así que volver a sentir esa adrenalina, el viento en la cara… fue genial. Incluso tuve la oportunidad de hacer dos bajadas con Flor, que también había dejado de esquiar hace rato, y se recopó. El esquí resultó ser un programa ideal para compartir con mis hijos.

–Será que, de alguna manera, uno siempre busca reproducir en su propia familia las cosas buenas que vivió de chico…
–Tal cual. Justamente, el otro día le decía a Flor: "Ahora me doy cuenta de todo lo que le debo a mis viejos". Ellos siempre buscaron la manera de mostrarme la vida a través del deporte. Me enseñaron tenis, rugby, fútbol. Y hoy, a los 44, puedo elegir qué actividad quiero practicar y hacerlo medianamente bien. Ojalá pueda darles esos mismos instrumentos a mis hijos, que aprendan a esquiar de chiquitos, así de grandes pueden elegir lo que más les guste.
–¿Qué otras actividades hicieron en el cerro?
–Este fue el primer contacto de los chicos con la nieve, por lo que resultó una experiencia más bien lúdica. Siempre trato de que las vacaciones de mi familia incluyan el valor naturaleza. Así como en el verano me escapo unos días a Pinamar, la montaña se convirtió en una nueva opción para las vacaciones de invierno. Mis hijos se engancharon con el lugar, escalaron todas las barrancas que encontraban en el camino, se tiraban encima y bajaban rodando. Fue alucinante verlos así de locos por la nieve. Una mañana mientras paseábamos por el cerro Chapelco, vimos de lejos el lago Lácar y las nubes, y enseguida Elena y Vicente me dijeron: "Papá, ¡estamos arriba de las nubes!". Acababan de descubrir cómo se veía el mundo allá abajo. Fue un viaje de aprendizaje total.
Texto: Jacqueline Isola
Fotos: Gentileza PressPúblico
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