A los 23 años, la hija de Marcelo Tinelli desnuda el arte que lleva en su cuerpo
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Era un mundo desconocido al que, estaba segura, quería pertenecer. Por eso, cuando sintió por primera vez una aguja dibujando su cuerpo, transformó el dolor en placer. Así es como a los 23, Candelaria Tinelli perdió la cuenta de la cantidad de tatoos que carga, pero encontró una forma de expresarse y llevar su creatividad en la piel.
Como artista, su talento para el dibujo y la pintura no solo le abrieron las puertas de diversas galerías de Buenos Aires, también le permitieron idear muchas de las creaciones que hoy luce en su cuerpo. El pasado lunes 24, "Lelé" –como la llaman sus íntimos– aceptó el desafío que le propuso la fotógrafa Dolores Gortari: hacer una producción "jugada", donde mostrara sus tatoos secretos y presentara los nuevos. "Me encanta el trabajo que hace Loli. Me parece una mujer muy talentosa, sencilla, con la que pegué buena onda. Me sentí cómoda, lo disfruté mucho y me encantó el resultado. No suelo hacer fotos así. Pero con ella fue una excepción, me gustó la idea de mostrarme con delicadeza, arte y feminidad", confesó Cande a ¡Hola! Argentina. Así, la hija de Marcelo Tinelli (53) y Soledad Aquino (53) mostró una faceta nunca antes vista.

–¿Cuándo empezó tu pasión por los tatuajes?
–Desde chica. A los 14 me hice el primero, una estrella en el hombro. Fue un impulso, quería tatuarme algo y saber de qué se trataba. Me terminó fascinando. Me acuerdo de que fui con mi papá.
–Tu padre también se convirtió en amante de los tatoos, tiene toda su espalda y los brazos dibujados. ¿Es tu cómplice en este tema?
–[Se ríe]. ¿Te digo la verdad? A él no le gustan mucho cómo quedan los tatuajes en las mujeres. Pero obvio que somos cómplices y por eso me banca igual.
–¿Es verdad que fuiste vos quien lo asesoró con los suyos?
–En realidad, él tuvo la idea de tatuarse y a mí me encantó. Lo acompañé a varias sesiones y el resultado me pareció increíble. Lo aconsejé con algunas cosas y nada más. Siempre lo banco y lo apoyo en lo que él quiera hacer.
–Además de tu papá, en tu círculo íntimo, ¿qué dicen de tus tatuajes?
–Hay muchos que me los halagan y otros que no. Pero, para serte sincera, yo busco que me gusten solo a mí. Encontré algo que me apasiona mucho y me encanta cómo me quedan.
–¿Sabés cuántos tenes?
–No tengo idea, perdí la cuenta.

–¿Todos tienen un significado?
–Algunos sí, pero en general, tienen solo un fin estético.
–¿Cuál es tu favorito?
–El de mi brazo izquierdo, que me hizo Nazareno Tubaro, un artista increíble. La verdad es que dejo siempre a cargo del tatuador el dibujo. Yo llevo la idea, pero me gusta que ellos creen con libertad. Me divierte buscar artistas nuevos porque hay muchos y muy talentosos.
–¿Te arrepentiste de alguno?
–Sí, de la estrella, mi primer tatuaje. Me molestaba verla. Así que me la estoy sacando con láser porque siento que ya cumplió su ciclo. Después, no me arrepiento de ninguno. Ojo, también tengo mis límites: hay lugares donde jamás me tatuaría, como la cara, el cuello y el pecho.
–¿Hay un momento en que se puede abandonar esta "pasión"?
–Creo que es un camino de ida, pero no lo pienso demasiado. Estoy segura de que cada tatuaje simboliza un momento fuerte y espero que me sigan sucediendo. Creo que podría reconstruir mi vida a través de los tatuajes, sería una buena historia.
Texto: Paula Galloni
Fotos: Dolores Gortari
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