La diva recibió a hola.com.ar a pocas horas de inaugurar su hogar en un exclusivo barrio; lejos de las tablas, compartió sus placeres de la temporada
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MAR DEL PLATA.- Moria se muestra, ante todo, como una anfitriona nata que sabe a la perfección de qué manera agasajar y seducir a sus invitados, sin abandonar por ello su histrionismo y su gran sentido del humor.
Distanciada de preámbulos o reglas de cortesía tradicionales, la diva cultiva un estilo relajado, pero a la vez armónico. "Mi lema es Let it be", asegura la creadora de La Revista de Buenos Aires (la obra con la que inauguró la temporada en La Feliz) durante una charla íntima con hola.com.ar.

La naturalidad que desprende al caminar con el pequeño Kristóbal (su fiel compañero) en brazos, mientras recorre con este medio la intimidad de su hogar, es análoga a la libertad con la que elige vivir su vida cada vez que la vorágine del verano le exige combinar trabajo y relax.
Dice buscar esa energía en su casa, pero también en las personas que la rodean y en los proyectos que impulsa con el fin de diversificarse y jamás aburrirse de sí misma. "Me ayudan a meter la mente en otras cosas. Salgo del teatro y me olvido del espectáculo", insiste.
Esa conquista, reconoce, integra a la vez una tarea más compleja, aunque no imposible: alimentar el equilibrio interior ("un trabajo nada fácil") y distanciarse del show que, por momentos, enloquece a más de uno. "No me compro lo que vendo. Personaje y persona se tocan en un cierto punto. Pero nunca permito que el personaje se coma a la persona", reflexiona una Moria sincera.
Canchera y divertida, la actriz, que está a punto de cumplir 40 años de trayectoria sobre los escenarios, evitó hablar de escándalos y priorizó contar algunos de los secretos y placeres que la mantienen entretenida cuando se recluye en su hogar de veraneo.
Estos son algunos momentos destacados de la entrevista, horas previas a ofrecer una fiesta para su elenco en el exclusivo barrio El Grosellar:
LEJOS DEL MUNDO URBANO
"No extraño nada la ciudad. Lo mío es instantáneo. Es que soy desarraigada a los lugares", señala la diva al referirse a su rutina en Buenos Aires y compararla con la que mantiene en su nueva casa de verano, a la que se mudó tras las fiestas.
Se nota que está disfrutando de su paso por La Feliz, más allá del éxito que encabeza en el Tronador. Su bronceado lo insinúa. Su increíble piscina lo confirma.
"Me encanta tomar sol, aunque no todo el tiempo. Lo hago durante la mañana, porque a la tarde no lo aguanto. También voy a la playa. Me gustan mucho los balnearios del norte, no la onda toldería que encontrás en algunos paradores", afirma.
SU CASA, ESE REFUGIO ESPECIAL
Para la diva, su habitación, ya sea en la casa de veraneo como en la de Parque Leloir, se perfila como su rincón por excelencia. Lo siente como una proyección del living y lo vive realmente así: "Me quedo mucho en el cuarto. Me levanto temprano y enseguida me ducho. Hago ejercicios en una cinta y leo bastante. También estoy escribiendo mi próximo libro, una especie de ida y vuelta, de pasado y presente aggiornado, como soy yo, con la mirada sarcástica de la realidad. Me fascina escribir. Soy como Sarmiento, con la espada, la pluma y la palabra".

También manifiesta su interés genuino por la decoración ("lo que más me gusta en el planeta") y esa necesidad de transformar un lugar -aunque sea ajeno- para sentirlo propio, cualquiera sea el tiempo de permanencia (se quedará toda la temporada): "Cuando llegué, bajé todos los cuadros y saqué floreros espantosos que me hacían mal a la retina. Todo en mi casa tiene que tener su armonía y mi toque personal. Nada tiene que perturbarme".
VIEJAS COSTUMBRES, NUEVOS HABITOS
Pese a que el verano suele estar en el podio de preferencias de muchos, Moria se inclina más por el otoño y su postal gris. "Las cosas tienen otra luz. Con el sol, termina siendo todo igual", afirma con un dejo de poesía.
Sin embargo, fuera de su predilección, consigue encontrarle un sabor especial a la estación actual en la medida en que le permite cultivar placeres distintos a los que mantiene en Buenos Aires:
"Me fascina andar y conducir. En Mar del Plata no hay piquetes, hay pocos semáforos. No es tan caótico el tránsito. Llegás rápido a cualquier lado. Me voy de acá y en 15 minutos estoy en el teatro. En Buenos Aires, nunca sabés si llegás. Es una ciudad medio hostil. Acá me encanta porque se presenta como una mezcla de ciudad y de campo. Me parece ideal".
LAS RECETAS DE MORIA
Moria es una gran cocinera. Pero hay un detalle: su pasión se exterioriza (sólo) a través de intermediarios. Es común verla diseñar recetas que otros materializan, según explica, debido a la falta de tiempo y las corridas que la tienen como protagonista. "Les doy varios secretitos para que los platos tengan sabor", cuenta en señal de complicidad luego de brindar algunos tips para preparar un exquisito ratatouille (ver video), una de sus especialidades.
Se asume como una amante de la comida light, aunque no se obsesiona con el peso y le escapa a rajatabla a las balanzas: "Me encanta disfrutar de una cena después de la obra, pero últimamente no tengo tanto hambre cuando salgo; más bien tengo una alta adrenalina. Tal vez sea porque este año estoy en la dirección y me siento más responsable que en años anteriores".
CONDIMENTOS PARA UNA TEMPORADA PERFECTA
Según Moria, las condiciones ya están dadas para que la temporada continúe perfecta. En su casa, se siente como pez en el agua mientras descansa y está en compañía de sus afectos. No obstante, en el teatro, recarga esa energía cuando sale a escena y recibe el cariño del público al que reconoce deberle tanto.

El 2012 la encuentra feliz con lo que hace y también agradecida: "Es muy reconfortante que el público venga a verme y seguir teniendo vigencia después de 40 años sobre el escenario". Y agrega, entre risas: "Estar subida hoy a un taco de 15 centímetros y que no me tiemblen las piernas es un privilegio. Me podría agarrar un panick attack y afortunadamente no me ocurre".
La diva considera al final que todo es cuestión de ida y vuelta. El apoyo incondicional de la gente que se acerca cada noche al Tronador representa uno de sus principales motores, que devuelve dejando "el alma" allá arriba: "La gente en mí va a buscar energía como en el cerro Unitorco."
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