La hija menor de Ricardo Darín y Florencia Bas posa en su casa familiar de Palermo. A punto de recibirse en Bellas Artes, se revela como una empresaria en potencia y se reconoce enamorada de un joven estudiante de Derecho
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Es la menos conocida del clan, pero tan encantadora como todos. A sus 21 años, Clara Darín se atreve a romper su bajísimo perfil y posa por primera vez para una revista. Por estos días, dice, tiene algo para contar más allá de ser "la hija menor de": junto a su amiga de la infancia Sofía Koenig, acaba de lanzar Sarasa, una marca de remeras, buzos, almohadones y fundas para computadoras que llevan estampas de dibujos creados por ella misma. Es, a su entender, un salto de independencia, una nueva etapa en su vida en la que, como siempre, cuenta con el apoyo total e incondicional de sus adorados padres.
–¿De dónde viene tu pasión por el diseño?
–Antes de terminar el colegio pensaba estudiar Diseño de Indumentaria, pero finalmente me tomé un año sabático en el que me dediqué a maquillar profesionalmente, porque había estudiado con Mabby Autino y después me decidí por Bellas Artes. Estoy a punto de recibirme, cursando el último cuatrimestre.
–¿Y el link con la ropa?
–Hace dos años hice un taller de serigrafía con mamá. Hablando con mi amiga Sofía, que estudia Trabajo Social, pensamos en armar algo en conjunto, porque nos entendemos perfecto y surgió la idea de hacer una serie de dibujos y estamparlos en distintas cosas.
–¿Tenías necesidad de independizarte?
–¡Tenía necesidad de no sentirme que estaba todo el día tirada en un sillón, más allá de estudiar! De esa necesidad nació Sarasa. Pero la idea es ir más allá: queremos sumar fiestas, exposiciones y eventos solidarios que lleven el sello de nuestra marca. Sería como un concepto artístico y estético que se puede desplegar en distintos rubros. Por lo pronto, acabamos de abrir nuestro primer showroom en Palermo junto a otras amigas, que tienen una marca de carteras y zapatos y nos complementamos.

–¿Quién te asesoró?
–Al principio, nadie. Sólo mamá, que no tiene ni idea del rubro, me decía si le gustaba o no lo que dibujaba y eso para mí fue, y sigue siendo, muy valioso, porque es sincera. Ahora también nos está ayudando una persona con el tema de cómo llevar adelante una empresa, porque es muy difícil.
–¿Cuánto te importa la opinión familiar sobre lo que hacés?
–Un montón. Y me afecta muchísimo. Somos una familia que compartimos y debatimos todo.
–Recién cuando estabas haciendo las fotos, tu papá, desde atrás del fotógrafo, te hacía señas para que tiraras el pelo hacia un lado, y tu mamá te explicaba cómo relajar la boca…
–Sí, me encanta contar con ellos. Estoy acostumbrada a que opinen y si no lo hacen pienso que pasa algo raro. Yo sé que si le preguntás a papá va a decir que no me importa lo que me dicen ellos, pero te aseguro que no es así.
–La presentación de tu marca coincide con tus 21 años…
–Sí, dispara una nueva etapa. A mis padres les gusta lo que estoy haciendo, están emocionados y me ven trabajando como nunca en mi vida. Papá dice que nunca vio a nadie etiquetar tantas prendas por minuto. [Se ríe]. Siento que vibran con lo que me pasa y con cómo la estamos remando.
–¿Estás de novia?
–Sí, desde hace dos años. Mi novio se llama Rodrigo y estudia Derecho. No digo su apellido porque no le gusta que lo nombre.
–¿Cómo se lleva con la exposición que naturalmente podés tener?
–A mí no me pasa nada por la calle ni me persiguen los fotógrafos. El me apoya y me acompaña y siempre supo con quién se estaba poniendo de novio.
–¿Piensan en casarse o es demasiado pronto?
–[Abre grandes los ojos]. ¡No! Nunca soñé con casarme con nadie. Más allá de la edad, mis padres me educaron de otra manera, disfrutando de lo que me pasa y de lo que tengo sin necesidad de rotular. Por ejemplo, no me bautizaron y yo, de grande, pude elegir estudiar catequesis y hacerlo. O cuando ellos se casaron, además de que lo hicieron porque se amaban, se querían ir de viaje juntos y mamá era menor de edad. Ellos todo el tiempo dicen que están de novios y la verdad es que, al verlos juntos, eso es lo que parece. En todo caso, lo que yo sí sueño es algún día armar una familia como la que ellos formaron.
–¿Fue difícil presentar a tu novio en tu casa?
–Para nada. Es hermano de un íntimo amigo del "Chino", así que de alguna manera nos conocemos de toda la vida. Antes de Rodrigo estuve cinco años de novia, desde los 12, con Marcos, y era como de la familia. Papá no es cuida, sólo se preocupa por lo que me pasa y me pide que avise dónde estoy o adónde voy, pero eso me parece normal.
–¿Qué otras cosas te gustan, más allá del arte y el diseño?
–Cantar. Me hubiese gustado ser cantante, pero tengo algunos miedos que no me dejan avanzar.
–¿Creés que te van a juzgar de más por ser una Darín?
–No, para nada. El cantante tiene que dejar todo por su carrera y vive de gira. No sé si eso es lo que más me gustaría. Yo, por lo pronto, me preparo estudiando canto con Susana Rossi y con Dolores Santa Coloma. Me gustaría tener una banda y hacer shows, pero no sé si profesionalmente.
–¿Qué artistas te gustan?
–Macy Gray, Corinne Bailey Rae, Erykah Badu, Lenny Kravitz…
–¿En tu casa te la pasás cantando?
–Jamás lo hago delante de nadie, soy muy vergonzosa con las cosas que aspiro hacer. De hecho, me costó muchísimo mostrarles a mis padres un dibujo mío, a pesar de que sé que nadie va a ser más considerado que ellos para hacerme alguna crítica. También hay otras cosas que me encanta hacer, como esquiar o montar, aunque ahora no tengo tiempo. Es una actividad que comparto con mamá y tenemos un caballo, Caquel, al que le decimos "Gordo".

–¿Cómo es la relación con tu hermano?
–Excelente. A mí me sorprende y me shockea cuando lo veo en el boliche porque todas mueren por él. Me encanta que le esté yendo bien y, aunque él es muy crítico de su trabajo, yo sé que lo que está haciendo está muy bien.
–¿Nunca se te ocurrió intentar actuar?
–No sólo no se me ocurrió, sino que soy muy mala y sufro de pánico escénico. No lo puedo afrontar. Cuando era chica me ponía a llorar en todos los concerts del colegio y me tenían que sacar. [Se ríe].
–¿Seguís el trabajo de tu papá?
–¡Claro! Soy su fan.
–¿Qué te genera que sea "el" actor nacional, el más querido?
–Lo considero un gran actor, pero lo que más me gusta es cuánto lo quieren. Eso, más allá de su talento, tiene que ver con que es una gran persona y supo generar algo especial con la gente. No conozco a nadie con más paciencia que él. Por ejemplo, cuando salimos, muchas veces se acercan a pedirle una foto o un autógrafo cuando estamos comiendo. El jamás se niega, a lo sumo pone con muy buena onda un límite pidiendo que se acerquen cuando termine. La naturalidad con que lo saludan se relaciona con que es común verlo por la calle, porque hace una vida normal y no se esconde.
–¿Y qué admirás de tu mamá?
–Me gusta todo de ella. Es mi mejor amiga, me aconseja hasta en las cosas del amor y nunca nos peleamos. Ella va al grano: si alguien te lastima, dejalo. Yo soy más enamoradiza, sufro… Si me pongo a pensar, de los dos, discuto más con papá porque somos iguales: sensibles, hipocondríacos… Definitivamente llevo el gen Darín en la sangre. El es un enamorado total de mamá, ¡es un perro faldero! Están enamoradísimos. Cuando hicimos con mi socia la fiesta de lanzamiento en Tequila, ellos se la pasaron bailando como si se hubiesen conocido esa noche. Mis amigos no paraban de comentármelo. Me encantaría seguir su ejemplo, o el de mis abuelos maternos, que están juntos desde que tenían 14 años.
–¿Cuál es tu recuerdo favorito de la infancia?
–Todos los que tienen que ver con los viajes que compartimos. Cuando yo tenía 8 años, papá empezó a hacer temporada de teatro en España, así que nos instalamos durante cuatro años, cuatro meses cada vez. Más allá de que era difícil separarse tanto tiempo de los amigos que empezaba a hacer, como experiencia de estar todos juntos fue muy linda. Hace poco fuimos a Kenia, en Africa, y fue increíble, porque amo los animales y la naturaleza. Mamá organizó todo porque es muy aventurera, igual que mi hermano. Para papá fue un desafío, porque ve un bicho y se espanta. Pero valió la pena: lo que vivimos nunca lo vamos a olvidar.
Texto: Lucila Olivera
Fotos: Matías Salgado
Producción: Laura Fernández
Maquillaje y peinado: Mar Castelli, para Bettina Frumboli Estudio, con productos Lancôme
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