Donald: de sus últimos problemas de salud a sus ganas de seguir cantando y el flechazo que sintió por su mujer
En los últimos años, su cuerpo le pasó factura, pero ahora ya se está recuperando y tiene programados varios shows y la presentación de su autobiografía en la Feria del Libro
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Pasaron cincuenta años y todavía todos tarareamos “Tiritando”, “Sucundum”, “Scaba badi bidu” y “Chequendengue”, cuatro de los hits que lo hicieron uno de los músicos más famosos de los 70. Este año Donald cumple 80 y tiene tantas ganas de seguir cantando como a sus 15, cuando arrancó por pura casualidad en Ritmo y juventud, que emitía Canal 11 y era la competencia de El club del clan. Desde entonces escribió cientos de canciones, editó decenas de discos, hizo películas y programas de televisión. Nunca paró y también ahora tiene varios proyectos, a pesar de algunos problemas de salud.
Donald Clifton McCluskey recibió a LA NACION en su casa, donde se recupera acompañado de su mujer desde hace 52 años, Verónica Zemborain, madre de sus hijos Marina, Patrick, Miguel y Melody, que también es su manager y líder de Las Sucundums. Durante la charla, Donald habló de sus proyectos, de cómo el Parkinson se convirtió en un maestro en su vida, de la operación de columna que tuvo el año pasado, del cáncer de colon que ya está controlado y de una incipiente ceguera que le permite “ver cosas que antes no veía”. Nada de todo esto empaña la fe del cantante, que en los últimos años creció aún más.
“Este año me invitaron a la Feria del Libro para presentar mi libro Donald, un artista sin fecha de vencimiento. Ya lo presentamos en varios lugares y me sigue dando satisfacciones. Y lo más importante de todo es que tengo varios shows con mi hija Melody y Las Sucundums. Son dos formas distintas de presentar las canciones porque no solamente hacen temas míos, sino de otros intérpretes de todas las épocas. Melody, que además es mi manager, es la creadora de Las Sucundums”, detalla a LA NACION entusiasmado.
—Las ganas de seguir cantando, entonces, están...
—Sí. Y cada vez más porque pasé momentos difíciles de salud y ahora me estoy recuperando. Me había puesto totalmente bien en un centro de kinesiología en San Martín, que es espectacular. Salí de ahí ya sin bastón... Fui por el Parkinson porque una de las cosas que genera esta enfermedad es desorientación y mareos. Una noche me levanté de la cama porque saltaron las térmicas de la casa y cuando quise volver a acostarme, le pifié y me caí. Me quebré tres vértebras. Después apareció la ceguera. Del ojo derecho no veo nada y del otro veo un poquito.
—¿Cómo pasó eso?
—Hace 40 años que tengo glaucoma y todas las noches me ponía una gotita. Hace dos años estuve en Hawái por dos meses, me quedé más de lo previsto y tardé dos semanas en conseguir estas gotitas. Eso podría haber afectado a mi visión, pero en realidad no se sabe, pero yo sé que no me he quedado ciego, porque el nervio óptico no está afectado. Es como si las lentes estuvieran sucias, porque hace unos años me operaron de cataratas. No le puedo echar la culpa de todo al Parkinson...
Una enfermedad, “una bendición”
—¿Cuánto hace que te lo diagnosticaron?
—Hace 4 años. James Parkinson, que descubrió la enfermedad, la llamó parálisis temblorosa porque te genera una parálisis: no te podés mover, no te podés parar, no podés caminar, no podés ir para ningún lado. Y al mismo tiempo temblás. La gente se horroriza frente a los temblores, pero en realidad lo peor es la rigidez. Por suerte, eso lo tengo bastante controlado con medicación. Y además ahora veo todo desde un punto de vista diferente. Antes yo me preguntaba por qué, para qué... Y ahora pienso que es una bendición.
—¿Por qué?
—Porque te enseña muchas cosas. Y más ahora porque, casi ciego, veo cosas que antes no veía. Y tengo fe. Escribir me ha hecho buscar el significado de las palabras, que a veces son varios. A la persona que sostiene que Dios existe, se le dice creyente. Y yo sé que Dios existe. Es una convicción. No me caben dudas. En este tiempo se me dio por estudiar religiones y además recuerdo las charlas con el sultán de Omán, que era islámico. Nos conocimos en Bariloche esquiando y charlábamos mucho. Él me hablaba de Mahoma. Y yo le hablaba de Jesús. Y era increíble el paralelismo. Al final es todo lo mismo, es como dicen: “A Dios rogando y con el mazo dando” [risas]. Por ejemplo, en el año 90 me puse a estudiar abogacía y me recibí en 1999. Soy abogado. Y todo porque me lo propuse. No hay que confiar solamente en que Dios te va a ayudar; tenés que poner lo tuyo, también.

—¿Por qué estudiaste abogacía cuando eras ya un cantante tan famoso?
—Porque desde chico me interesaba mucho. En la escuela usaba anteojos y mis compañeros me llamaban “el doctorcito”. Al mismo tiempo, mi abuelo materno era abogado jurisconsulto y venía gente de toda América a consultarlo. A mí me gustaba todo eso también y era muy fanático de series como Perry Mason. Soñaba con ser abogado cuando fuera grande. Mi papá ya era músico y mis hermanos también. Yo quería ser el distinto y estudiar abogacía. La cuestión es que mi papá cayó en bancarrota cuando yo tenía 14 años y tuve que salir a trabajar.
—Y lo más cómodo en una familia de músicos fue hacer música...
—Exacto. Empecé a cantar. Un día mi hermano Buddy me dijo que papá estaba en bancarrota, que teníamos que salir a trabajar todos y que ya no iba a poder ir al Colegio Neumann porque no podíamos seguir pagándolo. Por esos días hubo una fiesta, hablé con un productor que me ofreció cantar en televisión, en un programa que era una copia de El Club de Clan. Se llamaba Ritmo y juventud, en Canal 11. Entonces fui a hablar con el sacerdote del colegio y le dije que a partir de ese momento yo me iba a pagar mis estudios y le conté de qué iba a trabajar. Al principio me miró raro, pero cuando le dije lo que iba a pagar, no tuvo ningún problema (risas) y hasta me daba permisos si necesitaba salir antes para los ensayos.
—El destino te llevó por el lado de la música entonces y no se equivocó porque la gente sigue cantando tus hits...
—Sí, fue sin proponérmelo... El hit más grande fue el “Tiritando”. Después, “Siempre fuimos compañeros” y “Scaba badi bidu”. Los tres fueron disco de Oro. La historia de “Scaba badi bidu” es muy graciosa porque salió a partir de un ritmo nuevo que hacían músicos callejeros que, en lugar de poner el sombrero y cobrar algo por sus canciones, grababan unos simples en acetato que venían sin etiqueta, ni nombres, ni nada. Ni siquiera tenían melodía ni letra. Eran ritmos. Y había uno que me encantó. Hacía poco había estado Jimmy Cliff, un cantante que me gustaba mucho, y también Harry Belafonte con su álbum Calipso... En esas letras alguien decía “Escabadividu” y yo me preguntaba qué querrá decir... En ese momento estaba escuchándolo con mis hermanos Alex y Buddy, Fernando Monsegur —que fue quien trajo los discos—... y mezclé palabras, el ritmo ska, la gaseosa Bidu que se tomaba mucho y Buddy, por mi hermano.
—Un cóctel creativo...
—Sí, de ese invento salió la canción y fue disco de Oro. Cuando fui a Hawái la última vez, llevé una versión de esa canción a una radio que tenía 24 horas de reggae y una política de solamente pasar música en inglés. Pero les gustó tanto que la pasaron y el teléfono estalló. Entre los que llamaron estaba un músico de New York que se llama Marty Dredd, que es rapero. Y me propuso hacer una versión de la canción rapeando yo. La grabé ahí en el Estudio Los Cafres con Melody, mi nieta Isabela y otros dos amigos míos. Y el productor es Errol Brown, que fue el ingeniero de sonido de Bob Marley. Ahora lo acaban de publicar allá.
—Una nueva etapa en tu vasta carrera…
—Sí, y con muchas ganas... En este último tiempo también me operaron porque tuve cáncer de colon. Empecé a sentir un dolor que es como un pinchazo y me dijeron que podía ser una hernia. Hace muchos años me operaron de una hernia inguinal y recordaba ese dolor. Finalmente, di con un médico gastroenterólogo que me operó y descubrió que efectivamente tenía no una hernia, sino tres. Pero también descubrió que tenía cáncer y me mandó a un especialista. Me operé el año pasado y estoy bien. Ahora tengo que caminar más y me derivaron a un kinesiólogo deportivo.
Su gran compañera
—Tenés una mujer que te acompaña desde hace más de cincuenta años, ¿cómo es tu historia de amor con Verónica?
—Hace 52 años que estamos juntos... Nos conocimos en Moreno, en la quinta de los Brown, que son amigos en común. Me acuerdo de que ese día había mucha gente y entre ellos un grupo de chicas muy lindas. La más linda era Vero. Y pensé: “Yo me voy a casar con esa chica”. La cuestión es que salimos un par de veces hasta que dejé de llamarla porque me ofendí.
—¿Por qué te ofendiste?
—Porque un día la llamé, atendió su hermana y escuché que Vero gritaba de lejos que dijera que no estaba. Y me ofendí y no la llamé más. Pasaron muchos años hasta que nos reencontramos en Punta del Este, en la playa Montoya. A los tres meses nos casamos. Y tenemos cuatro hijos y nueve nietos.
—¿Pasaron tantos años sin verse y se casaron a los tres meses? ¡Un flechazo!
—Sí, porque yo tenía que irme de gira por toda Latinoamérica presentando la película Siempre fuimos compañeros y no quería dejarla. Al mismo tiempo, en esa época la familia no la iba a dejar viajar conmigo siendo novios, así que le propuse casarnos. Y aceptó. Pasaron 52 años. Decían que no íbamos a durar porque yo ya era famoso y había prejuicios en la familia. Pero acá estamos...
—¿Qué recuerdos tenés de esos años de tanta popularidad?
—Me acuerdo mucho de Ritmo y juventud. Tenía 15 años y ahí grabé mi primer disco que se llamaba Donald voz de juventud. Creo que vendió 1500 discos y la compañía perdió plata... Después nunca pude cantar las canciones de ese disco porque Ritmo y juventud había hecho un arreglo con RCA, entonces solamente se podían cantar temas que fueran de esa compañía. En el programa me hice muy amigo de Dany Martin, que canta boleros. En ese momento medías la popularidad por las cartas que te mandaban las admiradoras. Entonces yo, por ejemplo, recibía 20 cartas, y Dany Martin recibía 300. Recuerdo también los programas de Pipo Mancera y otro que animé yo, Mundo joven. Usaba esmoquin y presentaba temas de Almendra, de Vox Dei. Mucho rock.
—¿Había un enfrentamiento entre los baladistas y los rockeros?
—No entre los músicos, por ahí entre los fans que escuchaban. Pero entre nosotros siempre hubo mucha buena onda. Eso siempre pasa entre nosotros. Hace poco hice un show en el Faena y en otra sala estaba Palito Ortega... Cuando nos enteramos, salimos a saludarnos y fue muy lindo el encuentro. ¿Sabías que cuando era chico me decían Palito? Porque era muy flaquito...
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