Gabriel Almirón: trabajó con Tinelli y Sofovich, luego se alejó de todo y tocó fondo hasta que logró reinventarse
A 30 años de su debut en VideoMatch y tras haber atravesado la fama y el encasillamiento, el actor y dramaturgo habló con LA NACION de su presente creativo y sus nuevos proyectos
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A Gabriel Almirón no le interesa quedarse detenido en la nostalgia. Aunque Pacotillo fue uno de los personajes más populares de la televisión argentina de fines de los 90, hoy su energía está puesta en otro lugar: escribir, producir y actuar teatro, con historias que indagan en los vínculos humanos, la enfermedad, la identidad y el compromiso social. A 30 años del inicio de su carrera, atraviesa una etapa de plena actividad creativa, lejos del prime time, pero más cerca que nunca de sus propios deseos.
Hay una frase que Almirón repite como una consigna personal. La tiene tatuada en el cuerpo, la usa como biografía en WhatsApp y también en su perfil de Instagram: “El actor es un atleta del corazón”.
Apenas comienza la charla con LA NACION, la frase aparece como un hilo conductor inevitable. Aunque aclara que no es una ocurrencia propia, sino una idea tomada del filósofo y dramaturgo francés Antonin Artaud, fundador del teatro de la crueldad. “Si vas a subir a un escenario, tenés que hacerlo dejándolo todo”, resume. Para Almirón, actuar exige un entrenamiento constante, pero no del cuerpo, sino de la emoción: exponerse, comprometerse y no guardarse nada.
—Pasaste por un proceso de reinventarte lejos de la televisión. Hoy, ¿en qué momento personal y profesional estás?
—Estoy en un momento de mucha actividad creativa. Estoy escribiendo, actuando, produciendo. Hay épocas en las que necesito subirme al escenario y otras en las que necesito sentarme a escribir. Cuando encuentro ese espacio para escribir, hago todo para que continúe.
Pacotillo, VideoMatch y la fama
Gabriel Almirón es el creador y el intérprete de Pacotillo, el personaje que lo llevó a la popularidad masiva en la televisión de los años 90. Formado en teatro independiente y egresado de la Escuela Nacional de Arte Dramático, había comenzado su carrera mucho antes del reconocimiento público, pero fue su paso por VideoMatch con Marcelo Tinelli, La peluquería de Don Mateo, el ciclo producido por Gerardo Sofovich, y más tarde Polémica en el Bar, lo que lo convirtió en una figura central del humor televisivo.

—Este año cumplís 30 años de carrera. Pacotillo fue un personaje muy popular. ¿Qué te pasa cuando te lo recuerdan?
—Pacotillo me fascina. La gente me recuerda con mucha felicidad. Está muy vivo. Todos los que se me acercan me dicen: “¿Cuándo vuelve Pacotillo?”. Yo siempre tengo ganas de hacerlo. Estoy muy orgulloso.
—¿Hay posibilidades de que vuelva?
—Hay una ventana abierta en América. El tema es que Pacotillo no era solo yo: había bailarinas, un guitarrista, toda una estructura. Pero tranquilamente podría hacerlo. Y si vuelve, me gustaría que sea con los mismos de siempre, aunque tengamos mil años cada uno.
—¿Cómo se te ocurrió hacer este personaje?
—Yo crecí escuchando música española porque a mis viejos les encantaba. Cuando empecé a trabajar en VideoMatch, armé un personaje que se llamaba Paquito, con coplas flamencas. Después quedó olvidado.

—Y en el año 1999 te llamó Gerardo Sofovich...
—Exacto. Quería que formara parte del programa La peluquería de Don Mateo y me pidió que le mostrara un personaje. En ese momento fui al vestuario del canal para buscar la ropa de Paquito; no había calzas ajustadas, solo una del Gordo Porcel. Me la puse, era enorme, me la empecé a subir y ahí apareció Pacotillo. Se lo mostré a Gerardo y se mataba de risa. Cuando tenés la aprobación del jefe, ya está.
—¿Cuándo pasó de Paquito a Pacotillo?
—Paquito no le gustaba a Gerardo, Paco menos. Cuando dije Paquillo le brillaron los ojos y después se le ocurrió Pacotillo. Lo probamos y explotó.
—¿Qué tiene Pacotillo de vos?
—Todo, pero es lo que no muestro. Muchas veces me pregunto qué haría Pacotillo en determinada situación y me guía.
—Era un personaje bastante atrevido para la época. ¿Recibías reacciones del público?
—Muchísimos chicos que estaban descubriendo su sexualidad se acercaban a la salida del canal. Les fascinaba cómo me peinaban, cómo me vestían. Muchos me dijeron que se animaron a mostrarse después de Pacotillo.
Una época inolvidable
—¿Sentís que el personaje te abrió puertas, pero también te cerró otras?
—Sí. Pacotillo fue una parte de mi vida, no toda. Me llamaban solo para hacer humor y dije basta. Quería empezar a desafiarme como actor. Paré casi ocho años para que confiaran en mí para hacer ficción y teatro. Golpeé puertas hasta que volví con la película Carancho, con Darín.
—¿Fue difícil?
—Fue durísimo. Empezar de cero, golpear puertas, pero siempre con una idea en la cabeza: no aflojar. En algún momento se abren.
—¿Qué extrañás de esa época?
—No extraño nada, pero me quedó muy arraigada la disciplina que me enseñó Gerardo Sofovich. Me enseñó a ponerle límites al hecho creativo. Pacotillo era un anárquico total y Gerardo necesitaba control.

—¿Cómo se llevaban con Sofovich?
—Excelente, pero no era fácil. En un momento me llamó para hacer un personaje que solo se reía. No me salía. Un día se calentó y me echó. Estuve tres semanas mal porque yo me había ido de VideoMatch para estar con él. Después Estelita, su productora, habló con Gerardo y me reincorporó.
—¿Tinelli y Sofovich fueron maestros para vos?
—Marcelo fue la escuela, Gerardo, el posgrado. Con Marcelo aprendí autonomía y responsabilidad. Con Gerardo aprendí la escucha y el límite. Hoy me siento muy capaz porque conozco mis límites.
—¿Alguna anécdota que recuerdes que te marcó?
—Una señora venía todos los días a la puerta del canal. Un día me trajo una docena de facturas y me dijo: “No hagas reír tanto a mi mamá porque le saltan los puntos de la operación”. Fui a verla al hospital y era verdad. Eso no lo olvidás nunca más. Todavía me emociono.
Reinventarse
—Durante la pandemia atravesaste un momento económico complejo y te dedicaste a la gastronomía, otra de tus grandes pasiones. ¿Cómo fue ese giro?
—Se paró todo y tenía que sostener mi casa y a mi vieja. Hice una minicampaña en mi barrio, Mataderos: “Solo guisos”. Lunes lentejas, martes mondongo, miércoles campero, jueves arroz con pollo y viernes locro. Explotó. Me levantaba a las tres de la mañana para ir al Mercado Central. Me sostuvo toda la pandemia.
—¿Tenés pensado concretar algún proyecto gastronómico?
—Sí, con la nutricionista Andrea Purita queremos hacer un bodegón. Capaz se llama Pacotillo. Cocino todo el tiempo y soy muy bodegonero.
—¿Qué aprendiste de esa etapa?
—Aprendí, parafraseando a Favaloro, que sin esfuerzo no se consigue nada. Por el trabajo puedo comer, pero gracias al teatro puedo vivir.
Mirada sobre el humor y el presente
—¿Cómo ves el humor de la televisión hoy?
–Cambió mucho. Hoy uno ve cosas de antes y se escandaliza. Ya no nos reímos del otro y me parece bien. Maduramos como sociedad. Hay que encontrar nuevas formas. Antes éramos graciosos sin pensar; hoy el humor es intelectual.
—¿Pacotillo podría existir en esta época?
—Sí, pero transicionado con el nuevo paradigma. No volvería igual.
—En un contexto de recortes a la cultura, ¿cómo lo vivís?
—El hecho cultural siempre va a existir, pero muchas veces se necesita ayuda del Estado. No todos los artistas tuvieron la posibilidad de construir una imagen o de tener inversores privados. Por eso siempre digo: hay que insistir, golpear puertas, seguir.
—¿Qué te gustaría que el público descubra hoy de vos, más allá de Pacotillo?
—Un Gabriel más comprometido con temas sociales, a través de la escritura. Sigo siendo comediante, pero con una mirada más profunda.
—¿Un sueño pendiente?
—Hacer Otelo. Ya hice Rey Lear. Shakespeare te deja exhausto, pero le tomé el gustito. Mi sueño es Otelo para 2027.

Nuevos proyectos
– Estás haciendo teatro actualmente.
—Sí, estoy escribiendo mucho y preparando varios proyectos. Elegí quedarme esta temporada en Buenos Aires, aunque me llamaron para Carlos Paz, Mar del Plata y Mendoza. Estoy comprometido con estas obras: escribir necesita tiempo y ganas. No es algo que se pueda hacer a las apuradas.
—¿Cómo es tu proceso creativo?
—Estoy todo el día pensando. Una obra la puedo escribir en tres meses, pero después viene el peinado, el pulido, el acabado. Me absorbo tanto que a veces pierdo noción de lo que pasa alrededor. Creo que a todos los que tenemos inquietudes artísticas nos pasa: es como jugar. Y cuando jugás, tenés que jugar en serio.
En los próximos meses, Almirón estrenará Los Quijotes o Don Quijote y el doctor, aún no lo definió. La obra es de su autoría y la protagonizará junto a Alejandro Packer, bajo la dirección de Eduardo Gondell, en el Teatro Num. Abordará temáticas como la locura y la enfermedad desde la comedia dramática.
En paralelo, prepara René, un unipersonal sobre la vida del reconocido médico argentino René Favaloro, escrita y protagonizada por él mismo. “Favaloro es un personaje que conozco desde muy temprano por mis viejos, que estaban fascinados con su historia. Después, ya de adulto, accedí a sus libros, a sus relatos de la vida en La Pampa, en Jacinto Arauz. Es una historia fascinante. La quería hacer y me quedó dormida hasta que un día te despertás y decís: ´Quiero hacer Favaloro´. Y así ocurrió“.
Además, trabaja en otras dos obras: una centrada en un grupo de exalumnos que deciden denunciar a un profesor por abusos y otra inspirada en la experiencia de una paciente con ELA, proyecto que cuenta con el acompañamiento de la Asociación Argentina de ELA y que se estrenará este año.
—Si tuvieras que definirte, ¿quién es Gabriel Almirón hoy?
—Alguien que no se olvida de dónde viene. Vengo de un origen muy humilde, todavía recuerdo el piso de tierra de mi primer hogar. Sigo viendo mis logros como escalones, no como metas. No tengo claro adónde quiero llegar, pero sí lo que quiero hacer: expresarme, comunicar, hacer reír, hacer pensar y seguir dando batalla todos los días, en la vida y en el escenario.
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