A diez años de haber alcanzado el número 3 del ranking ATP, asegura: "Cuando veo la familia que formé, siento que gané el Grand Slam de mi vida"
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Todo pasó tan rápido!", exclama Guillermo Coria (32). Lo dice mientras sostiene en brazos a su beba Delfina. Su hijo Thiago, de 1 año y nueve meses, corre sin parar a su alrededor. "A veces me parece que jugué al tenis en otra vida", asegura. No hay ni una gota de nostalgia en su comentario. Tampoco remordimiento. Dice que cuando se alejó del deporte, en abril de 2009, lo hizo para crecer. "Porque quería ganar el Grand Slam de mi vida", corrige. Su ilusión era formar una familia con Carla Francovigh (30), la mujer que lo acompaña desde hace trece años. De pronto, cuando nadie lo esperaba, con una edad en que los tenistas alcanzan su plenitud, decidió bajarse del circuito y abandonar definitivamente la vida nómade. Desde entonces, dedica todo el tiempo a su familia. Y, por sobre todas las cosas, a su rol de padre. Ahora, durante sus vacaciones en Punta del Este, en el Mantra Resort & Casino, Guillermo infla el pecho y presenta con orgullo a su beba Delfina, su segunda hija.
–¿Sienten que Delfina llegó para coronar la felicidad de la familia?
Guillermo: Totalmente. Estoy feliz porque ya tenemos a la parejita. Me encanta tener dos hijos siendo tan joven. Siempre supe que iba a ser así: disfruté intensamente del tenis, di lo mejor de mí y alcancé objetivos enormes, pero me retiré temprano porque quería ser padre joven. Hoy vivo por mis chicos: desde que nacieron, fueron muy pocos los días que no estuvimos juntos. Me gusta verlos crecer y nunca imaginé un amor tan inmenso como este.
–¿Tenían ganas de volver a ser padres?
Carla: Queríamos tener otro hijo cuando Thiago cumpliera 1 año, ahí íbamos a empezar a buscar. ¡Pero quedé embarazada cuando el "peque" tenía ocho meses! La verdad es que es un poco difícil porque los dos son muy chiquitos. Tenemos dos mamaderas, doble tanda de pañales, doble chupete…
–¿Cómo fue el momento en que recibieron la feliz noticia?
Carla: Fue muy loco, porque me enteré cuando estaba de nada... [Se ríe]. Fue el verano pasado, mientras estábamos acá, en Punta del Este. Tuve un síntoma que en mí no falla: olvidarme de todo. Pero esperamos un mes, me hice el test de embarazo y sí, efectivamente estaba embarazada.
–¿Les gustaría tener más hijos?
Carla: Guille no quiere más chicos, pero a mí me gustaría uno más. Vivo los embarazos de una manera espectacular. Este último, en particular, fue bárbaro. Mi médico dice que solo lo llamo cuando es el momento de parir.
Guillermo: En un principio, quería tener más de dos hijos, pero ahora siento que hasta acá llegamos. Es un gran trabajo ser papá, aunque es lo que me hace más feliz en esta vida.
–Carla, ¿cómo es Guillermo en su rol de papá?
–Guille es un gran papá, superatento, me ayuda mucho y está muy pendiente de los chicos. Tratamos de estar un poco con cada uno porque no queremos que ninguno se sienta excluido ni reemplazado por el otro.

–¿Thiago está más revolucionado desde la llegada de su hermanita?
Guillermo: Siempre tuvo mucha pila. Obviamente, hizo un cambio desde que nació Delfi. Le encanta llamar la atención y que le festejen todo. Fue el primer nieto de las dos familias y en mi club, en Rosario, también están todos pendientes de él.
–¿Ya juega al tenis?
–A todos los deportes: tenis, fútbol, básquet… Le encantan. También le gusta mucho dibujar. Creo que los chicos de hoy son mucho más avivados, manejan toda la tecnología… Yo no le enseñé a jugar al tenis. En mi casa solo hay una raqueta y está quebrada, y además vemos poco tenis. Son más mis papás los que lo incentivan. Igual, a mí me sorprende lo que hace con tan corta edad. Le decís "posición de espera" o "pasito de ajuste" y hace el movimiento exacto. A él le gusta copiar mucho a la gente, incluso cuando hablan ¡Y tiene 1 año y nueve meses! Soy el padre, tampoco lo quiero halagar tanto. En cuanto al tenis, no quiero que sienta que lo estoy presionando para que siga mis pasos, quiero que sea lo que él quiera. Pero él se desespera cuando ve una raqueta o una pelota de fútbol. Desde que nació tiene la camiseta de River. ¿La verdad? Si es futbolista, mejor.

–Estás enamorado de tus hijos…
–Trato de ser el mejor padre, pero tengo mis cositas. Por ejemplo, a Delfi nunca le cambié los pañales todavía, la veo muy delicada. Pero a Thiago lo cambio, le preparo la mamadera, vamos junto al club…
–¿No te dan ganas de volver a jugar al tenis profesionalmente?
–Cuando veo a exjugadores que vuelven a competir o participan de algún torneo, los admiro y, por ahí me dan ganas. Pero yo ya estoy viviendo otra vida. Y lo que hice, ya está hecho. Cero ganas de ponerme a entrenar y preparar un partido. El tenis, a nivel profesional, para mí quedó en segundo plano. Estoy tratando de poner la mente en otras cosas, como mi club Coria Tenis, y me gustaría inaugurar una sede en Buenos Aires y en Estados Unidos. También tengo ganas de abrirme a otros ámbitos, porque no quiero que mi vida sea ciento por ciento tenis.
Texto: Paula Galloni
Fotos: Marcelo Bartolomé
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