El jefe de Gobierno porteño y su mujer abrieron las puertas de su casa a ¡Hola! para presentar a su bebé
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Es cierto que había razones contundentes para creer que sería imposible agrandar la familia. Al menos, así lo habían dicho los médicos. Sin embargo, el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta (50) y su mujer, la conocida event planner Bárbara Diez (46), jamás perdieron la ilusión. Cosas de la vida, o un milagro, según quien así lo crea, el pasado viernes 8 de enero aquel deseo se hizo realidad: nació Serena Vida, la segunda hija del matrimonio (y tercera de Bárbara). A sus 46 años y con su corazón rebosante de alegría, la flamante mamá se presta a una charla con ¡Hola! Pero eso sí: será telefónica, ya que todavía quiere mantener ese disfrute de manera muy íntima y prácticamente no recibe visitas. "Me siento realmente plena. Estoy activa dentro de la casa, todo el día dando el pecho. A mi edad, volver a tener una hija lo tomo como un regalo de Dios".
–¿La buscaban o fue una linda sorpresa?
–Siempre quise tener otro hijo. Nueve años atrás perdí un bebe, fue un embarazo ectópico. Cuando me operaron, me sacaron el bebé y una trompa, y el médico me avisó, además, que la otra trompa estaba enferma, que no me la sacaba porque si algún día quería tener un bebe, por ahí, con un tratamiento y pasado un tiempo, quizás podría. Me dieron seis meses de antibióticos y nunca más quedé embarazada.

–¿Intentaste algún tratamiento?
–No, porque yo ya tengo dos hijas (Manuela, de 19 y Paloma, que acaba de estrenar sus 14). Hace dos años, cuando le pregunté al médico qué posibilidades tenía, me respondió que a mi edad, quedar embarazada de manera natural era una posibilidad de 0,5%, con una trompa bajaba al 0,2% y con una trompa enferma, que era mi caso, tenía que olvidarme. Poco tiempo después, en noviembre de 2014, Horacio me pidió que lo acompañara a Roma, que tenía una actividad con unos chicos recuperados del paco que habían hecho una obra de arte con productos reciclados, una Virgen de Luján, y la iban a entronizar en los jardines de Castel Gandolfo, el palacio de verano del Papa.
–¿Tuviste oportunidad de encontrarte con Francisco?
–Sí. Y en el momento en que nos bendijo, donde no había fotógrafos, porque era algo privado, le dije que, si era la voluntad de Dios, yo estaba lista para dar más amor y tener otro hijo, pero que los médicos me decían que ya era grande? Entonces le pedí que rezara por mi intención y me respondió que íbamos a rezar los tres juntos, en ese instante. Tomando nuestras cabezas con sus manos, las unió a la suya y rezamos. Fue muy fuerte. Cuando salimos, le dije a Horacio que no quería volver a Buenos Aires, que quería ir a Bosnia, a ver a la Virgen de Medjugorje.
–¿Te pudo acompañar?
–No, él tenía que volver a trabajar. Así que me fui sola, dos días. [Se emociona y llora]. La beba es un regalo de la Virgen, yo lo sé.
–¿De qué manera sentiste la presencia de la Virgen?
–Medjugorje es un pedacito de cielo en la tierra, eso fue lo que sentí estando allá. Y creo que ella me llevó de la mano, porque salvo el pasaje, no tenía ni dónde dormir: encontré gente que me compartió su tránsfer, conseguí donde parar… Siete meses después, en junio del año pasado, supe que estaba embarazada.
–¿Te diste cuenta enseguida?
–Sí. Me empecé a sentir mal, no quería tomar más café ni gaseosa. Se lo comenté a Horacio y me decía: "¿Te parece?". Me compré un test y cuando vi el resultado me puse a rezar. Después llamé al médico y me pidió que no me ilusionara, que había que esperar a ver la ecografía. Me la hice al día siguiente y estaba perfectamente implantado. Nunca dudé en que toda iba a salir bien. ¡Estamos embobados con esta bebita!
–¿Mantuvieron cierta prudencia para contarlo?
–Fuimos prudentes. Todo fue con gran alegría y muy íntimo. Yo quería preservar eso porque fue en medio de la campaña electoral, entre las PASO y la primera vuelta. Fue un año atípico. ¡Imaginate la movilización familiar! Además, cuando lo anunciamos hubo muchos periodistas que preguntaban si lo hacíamos por la campaña. ¡Pero cómo vamos a jorobar con una cosa así!
–Tus hijas ya son grandes, ¿cómo lo tomaron?
–Para contárselo, yo la senté a Manuela en su cama y le pregunté: "¿Qué es lo que más desearías en el mundo?". Me respondió que tener un hermanito. Fue muy movilizador. A Palomita le costó un poco más al principio y ahora está feliz. Las dos lloraban como locas cuando nació Serena. Estoy en absoluta paz, soy muy feliz.
–¿Cuánto cambió la rutina de la casa?
–Nos vamos acomodando todos a los tiempos de la beba. Uno se olvida de la predisposición que implica, sobre todo el tiempo que lleva amamantar. Yo le di el pecho a Manuela tres años y dos meses y a Paloma un año y tres meses. Ahora deseo poder hacer lo mejor para Serena. Por estos días, como todos los bebés, la beba bajó un poquito de peso, entonces el pediatra me pidió que le diera cada dos horas.

–¿Horacio también se levanta?
–Sí, me siento muy contenida con su ayuda. Que me acompañe hace toda la diferencia porque, por más que soy yo la que la tiene que amamantar, él le cambia los pañales, la acuna...
–Tu embarazo coincidió con el de tu cuñada, Julieta Spina, que pronto será mamá primeriza...
–Sí. En abril del año pasado fuimos los Rodríguez Larreta a pasar un fin de semana largo a una estancia. Recuerdo una caminata inolvidable con Julieta en la que hablamos muchísimo de su deseo de ser madre y del mío de volver a quedar embarazada. Compartimos mucho. Dos años y cinco meses después, nos esteramos cada una de que estábamos embarazadas. Estos bebés son una bendición para la familia. Esto es la plenitud.
–Imagino que le habrán contado a Su Santidad sobre la beba.
–Sí, apenas quedé embarazada le escribimos. Y él nos mandó una bendición especial.
–¿En qué cambia la maternidad a tu edad?
–La felicidad es idéntica. Lo que siento es una gran plenitud, que tiene que ver con la madurez, soy más consciente de lo que significa ser madre.
–Y a Horacio, ¿cómo lo ves?
–Lo veo pleno, feliz en su rol.
–¿Ya volviste a trabajar?
–Tengo un equipo increíble, el equipo que siempre soñé, y mis socias me cuidan y nos apoyamos unas a otras. Esta beba es una fiesta para todos. Pero ahora me quiero dedicar a la familia. En el sanatorio no hemos recibido visitas y en casa tampoco, más allá de mamá, mis suegros y los hermanos. Esto también tiene que ver con la madurez. Lo quiero vivir así, tranquila. Son momentos.
–¿Ya eligieron los padrinos?
–Sí. Van a ser Mario Quintana, un íntimo amigo nuestro, y Marina Galván, que trabaja en casa desde hace muchos años y ha sido incondicional con mis hijas. Fue muy lindo cuando le di la noticia, lloramos abrazadas. Es una persona de oro.
Del otro lado de la línea se escucha una puerta que se abre. "Hola, Vida", dice Bárbara, y retoma la charla contando que acaba de llegar su marido que, como todos los miércoles, hace una pausa al mediodía para poder almorzar juntos. Será el momento de cortar, entonces. Tienen mucho para disfrutar.
Texto: Lucila Olivera
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