Jorge Brito y Gabriela Vaca Guzman: "Nos gusta compartir con nuestras hijas la pasión por los caballos"

Todas las tardes, los Brito salen a dar una vuelta a caballo con sus hijas, Alina y Emma
Todas las tardes, los Brito salen a dar una vuelta a caballo con sus hijas, Alina y Emma Crédito: Matías Salgado
Por primera vez, abren la tranquera de su refugio esteño y presentan a Emma, su segunda hija, de cinco meses
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18 de enero de 2015  • 00:18

Las horas transcurren "al tranco" en Tierra de Criollos, la chacra de Jorge Brito hijo (35) y Gabriela Vaca Guzmán (35). El aire que se respira aquí, sereno y familiar, nada tiene que ver con la efervescencia de La Barra. Hace tres años terminaron la consconstrucción de su refugio esteño en Narbona y, antes de inaugurar la casa, trajeron desde Argentina parte de su tropilla de caballos criollos. Porque el director ejecutivo de Banco Macro y vicepresidente de River Plate y su mujer rinden culto a las tradiciones. Y en esa misma sintonía están criando a sus dos "princesas": Alina, de un año y nueve meses, y Emma, de cinco meses.

Llegaron a Uruguay durante los últimos días de diciembre para descansar después de un 2014 intenso y maravilloso. Porque el año pasado no sólo le dieron la bienvenida a Emma, su segunda hija, que nació el 5 de agosto, sino que también fue el año en que River dio vuelta su suerte al lograr el campeonato local, primero, y alzarse con la Copa Sudamericana, después.

–Tuvieron mucho para agradecer en Año Nuevo, con la llegada de una hermanita para Alina y la performance de su equipo de fútbol, ¿verdad?

Jorge: fue muy lindo que las dos cosas se dieran juntas. Obviamente, hice un esfuerzo grande para poder repartirme entre el trabajo en el banco, River y mi familia: fue un año exigido en ese sentido, pero con muy buenos resultados, impensados cuando llegamos al club, porque sabíamos que recibimos una institución en una situación complicadísima.

–Imagino que para vos, Gabriela, también fue un año intenso, con dos bebas tan chiquitas.

Gabriela: el nacimiento de Emma fue la felicidad total. Darle una hermanita a Alina fue el mejor regalo que le pudimos dar. Al principio resultó difícil, por los celos y por el poco tiempo que se llevan: un año y tres meses. Pero bueno, de a poco todo se va acomodando y ahora es lindísimo ver cómo mueren de amor la una por la otra, aun siendo minis.

–¿El embarazo los tomó por sorpresa?

–Sí, quedé embarazada cuando Alina todavía era muy chiquita, tenía apenas seis meses. Al principio, me asusté: era madre primeriza, estaba muy estresada per se y a eso le sumé un nuevo embarazo. ¡No sabía cómo iba a hacer con dos bebés! Me daba mucha culpa pensar que no iba a poder atender bien a Alina, no poder disfrutarla, pero, por suerte, todo se fue dando de manera natural.

–¿Cómo vivieron el nacimiento de Emma?

Jorge: fue un parto normal, la beba pesó tres kilos ochocientos. A diferencia del nacimiento de Alina, en el que los dos estuvimos muy pendientes de ella, cuando llegó Emma yo tomé la posta con Alina, con quien estoy más conectado, por su propio crecimiento, y porque Gaby necesitó despegarse un poco para estar con Emma.

Gabriela: con la segunda todo es distinto, porque es verdad que ya no es novedad. Por otro lado, Emma todavía es muy chiquita, entonces sigue siendo muy "mía". Como Alina es más grande, Jorge y ella interactúan más: la lleva a la playa, a andar a caballo, se meten a la pileta juntos. Nos repartimos y estoy tranquila porque sé que, en algún momento, todo se va a equiparar.

–¿Qué aprendiste con la llegada de tu segunda hija?

–Que si bien es mucho trabajo y dedicación, se puede perfectamente con las dos. Cuando paro, en medio del trajín, y me doy cuenta de que tengo dos hijas que son mías a upa, me creo mil [se ríe]. ¡Son la felicidad de la casa! Con ellas volví a disfrutar de las cosas simples de la vida.

El empresario posa con sus mujeres. En brazos de Gaby, uno de los cachorritos que viven en la chacra
El empresario posa con sus mujeres. En brazos de Gaby, uno de los cachorritos que viven en la chacra Crédito: Matías Salgado

–Y ahora que te diste cuenta de que podés con las dos, ¿qué tipo de madre te propusiste ser?

–Hago lo que me sale. Sé que soy una madre culposa, porque lo tengo adentro mío, en mi modo de ser. Me pasa mucho que, cuando estoy con una, inmediatamente pienso que debería estar prestándole atención a la otra. Por ahora trato de estar atenta a eso para relajarme y, por suerte, cada vez me cuesta menos.

–Y a vos, Jorge, ¿te importa ser un padre presente?

–Sí. Durante el año, trato de estar con mis hijas todas las mañanas. Tengo una franja horaria reservada para ellas, de 8 a 9. Y a la noche, me gusta llegar temprano a casa para poder bañar a Alina, algo que nos gusta a los dos. Ahora, con River, no es tan fácil lograrlo, ¡pero trato!

–Gabriela, ¿qué es lo que más te gusta de Jorge como padre?

–Es mucho más relajado que yo, que vivo pendiente de lo que comieron o dejaron de comer, del frío, del calor. Si bien me siento algo más tranquila que antes, siempre estoy detrás de ellas… Por suerte, él es todo lo contrario. Me gusta cómo compensamos las cosas, siento que el balance les hace bien a nuestras hijas. Me encanta ver cómo se divierte con ellas, cómo juegan y se entretienen con él, porque el enganche entre ellos es más físico.

–¿Cómo es vivir junto a Jorge?

–Absolutamente inspirador. Me hace bien estar junto a alguien con tanta energía para hacer cosas, que siempre está proponiéndose metas nuevas y que va para adelante. Lo admiro, me encanta acompañarlo en sus objetivos, que también son los míos.

–Jorge, cuando la conociste, ¿qué te cautivó de Gaby?

–Nos conocimos en el cumpleaños de un amigo en septiembre de 2009, acá, en Punta del Este. Más allá de lo físico, que me atrajo al instante, me gustó mucho su forma de ser: me sorprendió su amabilidad y su educación. Ese mismo verano, de hecho, nos vinimos de vacaciones juntos.

–¿En qué momento te diste cuenta de que ella iba a ser la madre de tus hijos?

–Ese febrero, cuando terminó el verano y tomé consciencia de que Gaby me había soportado durante todas las vacaciones [se ríe], le dije algo así como "creo que vamos a estar toda la vida juntos".

–¿Y ella qué te respondió?

–Fue un chiste, no fue algo romántico, pero, sin lugar a dudas, me enamoró que fuera tan compañera. Le decía: "Vamos a andar en moto", y se subía… Fue muy compinche desde el principio y sentí que iba a acompañarme con buena onda en todos mis trotes. Y no me equivoqué.

Orgullosa por la familia que construyó con Jorge, con quién se casó en diciembre de 2011 en Carmelo, Gabriela posa en la lit de repos de su habitación
Orgullosa por la familia que construyó con Jorge, con quién se casó en diciembre de 2011 en Carmelo, Gabriela posa en la lit de repos de su habitación Crédito: Matías Salgado

–Gaby, ¿seguís acompañándolo en todos sus hobbies?

–Las motos no me gustan mucho, porque me da miedo la velocidad. Por suerte, "Jorgito" está mucho más prudente, la paternidad lo cambió en ese sentido. Un programa que nos encanta hacer en familia es andar a caballo y, como él es fanático, se ocupa de que todas las tardes Habano [un bayo de seis años] y Federal Zucará [una picasa de cuatro] estén ensillados, así damos una vuelta los cuatro juntos. Eso sí, al paso, ¡nada de galopar!

–Cuando lo conociste, ¿intuías que iba a ser el hombre de tu vida?

–No me preguntés por qué, pero lo sentí en cuanto empezamos a salir. Fue rarísimo, como una seguridad de que íbamos a pasar el resto de nuestras vidas juntos.

–A los dos años se casaron y muy pronto llegaron las chicas. ¿Están con ganas de seguir agrandando la familia?

Jorge: Muero por tener un hijo, ya. Y si es posible, ¡varón! Pero Gaby me dijo que este año prefiere no buscar. Hace dos meses corrió el maratón de River y ahora, en marzo o abril, se propuso correr otro de 22 kilómetros. Está enfocada en eso, así que vamos a darle tiempo [se ríen].

Texto: María Güiraldes

Fotos: Matías Salgado

Maquillaje y peinado: Luli de la Vega, para De la Vega Make Up

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